- América Latina y el Caribe tiene mucho potencial para atraer inversión extranjera, que se traduce en oportunidades para impulsar el crecimiento, diversificar las exportaciones y potenciar el desarrollo en toda la región.
- Sin embargo, atraer más inversión es solo una parte de la ecuación: una labor eficaz de promoción y facilitación de la inversión también puede fortalecer a las empresas locales, crear empleos de calidad y mejorar la productividad.
- Se ha puesto en marcha una nueva red regional de promoción y facilitación de la inversión con vistas a acelerar las reformas y fomentar el intercambio de conocimientos y soluciones prácticas entre países, para que puedan aprender unos de otros.
Si algo no falta en América Latina y el Caribe es el potencial para atraer inversiones. La región atesora abundantes recursos naturales y una creciente capacidad de generación de energías renovables, además de su proximidad estratégica con importantes asociados comerciales y ecosistemas productivos cada vez más sofisticados.
Sin embargo, este potencial, por sí solo, no basta. Para mejorar la productividad, acelerar el crecimiento, diversificar las exportaciones y crear empleos de calidad, nuestra región necesita no solo atraer más inversión extranjera, sino también sacarle el máximo partido y lograr que se traduzca en un mayor desarrollo.
América Latina y el Caribe atrae más inversión extranjera directa (IED) en relación con el tamaño de su economía que las demás regiones analizadas en nuestro próximo Monitor de Comercio e Integración 2026. No obstante, las entradas anuales de IED de los últimos tres años han sido, en promedio, un 4,5% inferiores a las registradas hace una década. La participación de la región en el stock mundial de IED, por su parte, cayó del 7,1% al 6,0%. Lo más importante ahora no es tanto el lugar que ocupa la región en el mapa mundial de inversiones como la repercusión de estas inversiones sobre nuestras economías.
Se necesita más inversión, pero también más impacto en el desarrollo
Por supuesto, la llegada de más inversiones es positiva, pero su verdadero valor depende de lo que ocurre a continuación, es decir, de si generan capacidad productiva, fortalecen a las empresas locales, impulsan actividades de mayor valor agregado, facilitan la transferencia de conocimiento y tecnología, diversifican las economías y crean empleos de calidad.
Esto significa que los países deben centrarse no solo en cuánta inversión atraen, sino también en su calidad, alcance e impacto sobre el desarrollo. La promoción y la facilitación de la inversión han tendido a abordarse, históricamente, como agendas separadas, pero en la práctica, son dos partes de una misma ecuación.
La promoción de la inversión ayuda a los países a dar a conocer sus oportunidades y atraer inversores, pero está evolucionando. Ya no basta con mostrar las ventajas de un país: las agencias necesitan ofrecer soluciones, generar confianza y demostrar capacidad para obtener resultados. La facilitación, por su parte, garantiza que, una vez que han mostrado su interés, los inversores encuentren información clara, reglas predecibles, procedimientos eficientes e instituciones capaces de coordinarse y responder a sus necesidades.
No se trata solo de simplificar los trámites o de lanzar un nuevo portal digital. La digitalización y la simplificación regulatoria son importantes, pero para obtener resultados duraderos también es imprescindible establecer responsabilidades claras, asumir un compromiso político sostenido y fomentar una interacción efectiva con el sector privado.
Por otro lado, hay que tener presente que la labor no termina en el momento en el que se concreta una inversión. Los gobiernos deben tener en cuenta todo el recorrido del inversor: desde la atracción y el establecimiento de la inversión hasta el acompañamiento posterior, su retención, expansión e integración en la economía local.
Esto es especialmente importante porque una facilitación eficaz de las inversiones depende de contar con instituciones sólidas, una distribución clara de responsabilidades, una coordinación efectiva entre las distintas instancias gubernamentales y un diálogo sostenido con los inversores a lo largo de sus operaciones. El impacto de la inversión se multiplica cuando las empresas crecen, se integran en las economías locales, estrechan sus vínculos con las empresas nacionales y generan nuevas oportunidades para los trabajadores locales.
La experiencia de los últimos años demuestra la importancia de esta agenda de implementación. Junto con la Organización Mundial del Comercio y el Centro de Comercio Internacional, el BID ha apoyado a ocho países (Ecuador, Guatemala, Honduras, Barbados, Jamaica, Guyana, Belice y Surinam) en la realización de evaluaciones de necesidades relacionadas con el Acuerdo sobre Facilitación de las Inversiones para el Desarrollo. Estos ejercicios han permitido identificar prioridades y ofrecer a los gobiernos una base práctica para secuenciar reformas y determinar dónde la asistencia técnica, el fortalecimiento institucional, las soluciones digitales o el financiamiento pueden generar mayor impacto.
Entre los países han surgido varias prioridades comunes: mayor transparencia y acceso a la información, procedimientos de inversión más sencillos y modernos, mejores servicios digitales, mayor coordinación y capacidad institucional, y vínculos más sólidos entre los inversores extranjeros y los proveedores locales. El próximo desafío es la implementación.
Los países pueden acelerar sus agendas de inversión intercambiando conocimientos
Nuestro trabajo con los gobiernos viene dejándonos una enseñanza cada vez más clara: a ningún país le conviene enfrentar estos desafíos por su cuenta. Muchos se enfrentan a problemáticas parecidas: ¿Cómo simplificar los procedimientos de inversión sin comprometer los objetivos regulatorios? ¿Cómo pueden las instituciones públicas coordinarse de manera más eficaz en relación con los inversores? ¿Cómo mejorar la experiencia de los inversores mediante las herramientas digitales? ¿Cómo lograr que la inversión extranjera genere vínculos más sólidos con las empresas nacionales? ¿Y cómo integrar la promoción y la facilitación en una misma estrategia?
Los países de la región han expresado un marcado interés por intercambiar experiencias, aprender unos de otros y acceder a los apoyos de manera más coordinada. Este interés compartido llevó a la creación de la Red de Promoción y Facilitación de Inversiones de América Latina y el Caribe, lanzada en Panamá el 20 de octubre durante el Diálogo Regional de Política de Comercio e Inversión del BID.
La idea es sencilla: crear una plataforma regional de cooperación sostenida que permita a los países avanzar más rápido aprendiendo unos de otros.
La Red reúne a ministerios nacionales responsables de inversión, agencias de promoción de inversiones y otras autoridades que inciden en el clima de inversión.
Es una iniciativa impulsada por los países, pragmática y orientada a la acción. Sus miembros intercambiarán buenas prácticas, aprenderán unos de otros y podrán conectarse con conocimiento especializado y recursos técnicos y financieros relevantes.
Su eje central son las políticas públicas, pero la participación del sector privado será esencial: las reformas diseñadas sin escuchar a quienes invierten, producen y generan empleo son menos efectivas.
La Red complementará las iniciativas nacionales, regionales y multilaterales existentes, en lugar de duplicarlas. Según sus prioridades, también colaborará con socios relevantes de fuera de la región, como la OMC, la OCDE, la Asociación Mundial de Agencias de Promoción de Inversiones y ONU Comercio y Desarrollo.
Una red destinada a llevar las reformas a la práctica
Nuestra ambición es ayudar a los países a convertir las reformas en resultados. Esperamos que la Red permita a los gobiernos comparar enfoques prácticos, aprender más rápidamente qué funciona y qué no, y desarrollar soluciones adaptadas a sus instituciones y prioridades de desarrollo. Al intercambiar experiencias sobre la implementación, los países también podrán fortalecer la agenda de facilitación de inversiones a nivel multilateral.
El BID convocará la Red y la apoyará mediante trabajo analítico y cooperación técnica. El financiamiento para gobiernos y empresas privadas también contribuirá a llevar a la práctica las políticas y los programas identificados a través de la Red.
Ahora bien, en última instancia, el valor de la Red se medirá por las reformas que ayude a impulsar, los problemas que contribuya a resolver y las oportunidades de inversión que esas mejoras permitan generar. América Latina y el Caribe cuenta con los activos necesarios para competir con éxito por la inversión global. Necesitamos convertir esas ventajas en nuevos proyectos, desarrollarlos en más países y lograr que generen mayores beneficios para las empresas locales, los trabajadores y las comunidades.
La brecha entre el potencial de inversión y su impacto es real, pero podemos cerrarla. Al reunir a los países en torno a soluciones prácticas, la nueva Red puede ayudar a América Latina y el Caribe a atraer más y mejores inversiones y a transformarlas en productividad, exportaciones y empleos de calidad. Invitamos a los ministerios y agencias de promoción de inversiones de toda la región a sumarse a este esfuerzo.