- Las decisiones de carrera de mujeres y hombres explican cerca del 50% de la brecha salarial de género.
- Las carreras vinculadas a la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) contribuyen aproximadamente al 30% de esta diferencia.
- Las aspiraciones STEM son significativamente más bajas entre las mujeres que entre los hombres, con brechas que superan los 15 puntos porcentuales en varios países.
Mi abuela paterna, la Nonna, se graduó de doctora en medicina y cirugía en 1940; mi mamá obtuvo un doctorado en bioquímica, y mi suegra tiene un posgrado en enseñanza de matemáticas. Dados estos antecedentes, el próximo Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia es, para mí, un día de celebración familiar. Esta experiencia personal, sin embargo, contrasta con una realidad aún presente en América Latina y el Caribe: muchas niñas y jóvenes aún no se ven a sí mismas en la ciencia y la tecnología.
Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), realizado junto con la Universidad Federal de Pernambuco, muestra que las decisiones de carrera de mujeres y hombres explican cerca del 50% de la brecha salarial de género. En particular, las carreras vinculadas a la ciencia, la tecnología, la ingeniería y las matemáticas (STEM) contribuyen aproximadamente al 30% de esta diferencia.
Ampliar la participación de las mujeres en áreas STEM puede contribuir a cerrar estas brechas y, al mismo tiempo, genera beneficios más amplios para la sociedad. Una fuerza laboral más diversa puede impulsar la innovación, diversificar las agendas de investigación, acelerar la adopción tecnológica y contribuir a mayores tasas de crecimiento económico.
La encuesta PISA 2022 recoge las expectativas laborales de estudiantes de 15 años, una edad crítica en la que comienzan a definirse las trayectorias educativas futuras. Los resultados muestran que en la mayoría de los países de la región, menos del 20% de los estudiantes aspira a trabajar en ocupaciones relacionadas con la ciencia y la tecnología cuando sean adultos. Estas elecciones tempranas no son neutrales pues tienen efectos en los ingresos futuros, las oportunidades laborales y el crecimiento económico de los países.
Más allá de los promedios nacionales, se observa un patrón consistente en toda la región: las aspiraciones STEM son significativamente más bajas entre las mujeres que entre los hombres, con brechas que superan los 15 puntos porcentuales en varios países. Incluso entre las estudiantes con mejor rendimiento escolar, muy pocas aspiran a carreras de informática e ingeniería, y tienden a preferir ocupaciones tradicionalmente feminizadas, como las vinculadas a la salud, la educación y los servicios sociales.
Estos resultados sugieren que existe un amplio margen para fortalecer las aspiraciones STEM entre niñas y jóvenes antes de la elección de las carreras universitarias. Abordar brechas de información, expectativas y referentes puede contribuir a ampliar el acceso de mujeres a estas carreras y a aprovechar mejor el talento disponible en la región.
La decisión de los jóvenes sobre qué carreras seguir están influenciadas por factores que van más allá de sus habilidades individuales, como los estereotipos de género y creencias sobre para qué son “buenos” los chicos y las chicas, así como sobre qué tipo de trayectorias profesionales son socialmente aceptables para cada uno.
Estos estereotipos comienzan a operar a edades tempranas y se reflejan en las aspiraciones educativas y ocupacionales de las mujeres jóvenes, orientándolas hacia sectores y ocupaciones que, en promedio, ofrecen menores salarios y menos oportunidades de progresión profesional. Un estudio del BID muestra que, en América Latina y el Caribe las mujeres representan el 35% del empleo en los cinco sectores mejor pagados y que, en términos de ocupaciones, los hombres tienen el doble de probabilidad que las mujeres de ocupar puestos directivos.
Esta segmentación del mercado laboral refleja una interacción compleja de factores económicos, sociales, culturales e informativos, más que diferencias reales en habilidades o desempeño.
¿Es posible influir en las aspiraciones con intervenciones simples y de bajo costo? La evidencia disponible sugiere que sí. La campaña Decidiendo mi Futuro fue una intervención implementada en Costa Rica por el Ministerio de Educación Pública, en asociación con el BID e Innovations for Poverty Action (IPA), con el objetivo de fomentar que las estudiantes de noveno grado eligieran cursos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas al pasar a la educación secundaria.
Durante las doce semanas previas a la elección de cursos, se enviaron mensajes de texto dirigidos a las estudiantes y a sus familias con cuatro tipos de contenidos: historias de mujeres referentes en STEM; información sobre las ventajas y beneficios —incluidos los económicos— de estas áreas; mensajes orientados a promover una mentalidad de crecimiento; e información concreta sobre las opciones educativas en STEM disponibles en el sistema educativo.
La evaluación experimental de esta iniciativa encontró impactos positivos, particularmente entre las estudiantes de hogares de bajos ingresos, con un incremento de 5,9 puntos porcentuales en la inscripción en cursos STEM dentro de este grupo. También se observó un aumento de 5,4 puntos porcentuales entre quienes inicialmente tenían concepciones erróneas sobre los beneficios financieros de estas carreras.
Ampliar la participación la participación de niñas y mujeres en STEM requiere un enfoque integral que involucre a familias, educadores, responsables de políticas públicas y empleadores. Las acciones pueden ser diversas e incluyen, entre otras:
- Reducir estereotipos de género en los medios y entornos educativos
- Fortalecer el aprendizaje STEM desde edades tempranas
- Promover referentes y mentorías
- Eliminar barreras en la progresión profesional
- Facilitar la conciliación entre la vida laboral y familiar
Si bien esta agenda es amplia, experiencias como Decidiendo mi Futuro muestran que intervenciones focalizadas, bien diseñadas y aplicadas en momentos clave de la trayectoria educativa pueden marcar una diferencia significativa.
Desafiar los estereotipos asociados a las matemáticas, la ciencia y la tecnología —en el hogar, en la escuela y en la sociedad— es una tarea colectiva que requiere crear entornos que amplíen las aspiraciones de niñas y jóvenes, y que les permitan desarrollar plenamente su potencial en áreas STEM.
Yo tuve la fortuna de contar con ejemplos muy cercanos de lo que las mujeres son capaces de lograr en cualquier campo que se propongan. Mi deseo es que, al igual que mi Nonna en 1940, todas las niñas y mujeres de la región puedan desarrollar su vocación profesional con información, con confianza y con paso seguro. Lograrlo no es solo una cuestión de equidad, es una inversión estratégica para el desarrollo de América Latina y el Caribe.