- La violencia contra las mujeres genera costos económicos que van más allá de las sobrevivientes y afectan a la sociedad en su conjunto.
- Los sistemas de información son una inversión clave para la prevención y atención a la violencia contra las mujeres.
- La interoperabilidad permite una respuesta más rápida y efectiva ante los casos de violencia.
Los sistemas de información son uno de los cimientos de un Estado capaz de prevenir y atender los casos de violencia contra las mujeres. Sin embargo, ante la presión que con frecuencia enfrenta el liderazgo político por ofrecer respuestas a un fenómeno que tiene consecuencias trágicas y alta visibilidad mediática, muchas veces este cimiento queda relegado.
¿Por qué ocurre esto si es tan importante? Porque los beneficios de invertir en sistemas de información pueden no ser tan visibles de manera inmediata como los de otras inversiones públicas. En esta entrada de blog quiero argumentar lo contrario: fortalecer estos sistemas representa una oportunidad todavía subutilizada, como muestra esta publicación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).
Para ello, empiezo resumiendo los resultados de un estudio fascinante “Las dinámicas de las relaciones abusivas” publicado en la prestigiosa revista académica Oxford Academic.
En Finlandia, la interoperabilidad de los sistemas de información permite vincular, de forma anonimizada, las denuncias de abuso doméstico con datos demográficos y laborales de las sobrevivientes y los perpetradores. A partir de estos registros, el estudio encontró que, un año después de iniciar la convivencia con un hombre abusivo, disminuyen tanto la participación laboral como los ingresos de las mujeres, con efectos más pronunciados entre quienes tienen menores ingresos.
La investigación demuestra que las relaciones abusivas generan un costo económico que va más allá de quienes las sufren: también producen pérdidas de empleo y productividad para la sociedad. Además, la separación de una pareja abusiva es más probable cuando mejoran las oportunidades económicas de las mujeres o aumenta la disponibilidad de servicios de atención, como refugios y trabajadores sociales.
Es importante subrayar que este hallazgo — los costos económicos de la convivencia con un hombre abusivo — es distinto de la literatura más amplia sobre los costos de la violencia contra las mujeres. Estos hallazgos ponen de relieve los altos costos personales y sociales de la violencia contra las mujeres. También subrayan la importancia de contar con sistemas eficaces que permitan identificar los riesgos de manera temprana, coordinar la respuesta entre distintas instituciones y conectar a las mujeres con los servicios que necesitan.
No podemos comparar fácilmente estos impactos porque los sistemas de información en América Latina y el Caribe aún no han alcanzado el mismo nivel de interoperabilidad que los de Finlandia. Ahora bien, la principal consecuencia de no tener unos sistemas de información sólidos no es la limitación que esto supone para la investigación aplicada, sino cómo afecta directamente las vidas de las personas en situación de abuso o de violencia.
Una publicación reciente del BID, enfocada en 18 países de la región, documenta que solo en cuatro de ellos existen plataformas que permiten el intercambio seguro de información entre las instituciones encargadas de prevenir y atender a las mujeres que sufren violencia doméstica. Esta falta de interoperabilidad puede dificultar la adopción oportuna de medidas de prevención y ralentizar los procesos judiciales. Además, cada vez que una mujer es derivada de un servicio a otro, puede verse obligada a relatar toda la información correspondiente a su caso, lo que puede generar revictimización. Poco a poco, se pinta la imagen de un sistema lento e ineficiente.
El desarrollo tecnológico hace que sea cada vez menos complejo fortalecer los sistemas de información interoperables y diseñar servicios de prevención y atención de las mujeres en situación de violencia centrados en las usuarias y sus necesidades.
La publicación del BID identifica acciones concretas que pueden tomarse en cinco dimensiones para avanzar hacia la transformación digital de estos servicios: gestión, gobernanza, infraestructura, infoestructura y cultura organizacional. La región ha logrado avances en la transición hacia expedientes electrónicos y la interoperabilidad en el sector de la salud. Urge aprovechar esa experiencia y esas capacidades de los servicios que previenen y atienden la violencia contra las mujeres.
Las encuestas de opinión señalan con frecuencia la inseguridad como uno de los principales problemas identificados por la ciudadanía en nuestra región. Sin embargo, la forma de violencia con mayor prevalencia en América Latina y el Caribe es la que ocurre dentro de los hogares. Si, en efecto, los sistemas de información son un cimiento esencial para prevenir y atender la violencia contra las mujeres, invertir en ellos no es simplemente una actualización tecnológica. Es una inversión en servicios públicos más eficaces, mejores resultados para las mujeres y menores costos sociales y económicos para la sociedad en su conjunto.
Lee la publicación para conocer más sobre las cinco dimensiones para avanzar hacia la transformación digital de los servicios para la prevención y atención de la violencia contra las mujeres.