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Del financiamiento al impacto: tres reformas que están transformando el BID

Efectividad del desarrollo Del financiamiento al impacto: tres reformas que están transformando el BID El Grupo BID transforma su forma de operar para ampliar el financiamiento, movilizar inversión privada y aumentar el impacto. Jul 17, 2026
From Financing to Impact: Three Reforms Reshaping the IDB
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Ideas clave
  • Tres grandes reformas están transformando la forma en que opera el Grupo BID, permitiéndole ofrecer más financiamiento, brindar soluciones más rápidas y flexibles, y generar un mayor impacto en el desarrollo.
  • Primero, el BID ahora está utilizando su capital existente de manera más eficiente, ampliando su capacidad de financiamiento sin requerir contribuciones adicionales de sus accionistas.
  • Segundo, el Grupo ha fortalecido su capacidad de movilizar inversión para el desarrollo, mediante la modernización de los instrumentos de financiamiento para proyectos del sector público y la adopción del modelo originate-to-share en BID Invest para escalar el financiamiento al sector privado.
  • Tercero, el Grupo BID está mejorando la forma en que diseña, monitorea y mide sus resultados, desplazando el foco de los productos de los proyectos hacia los resultados que más importan para las personas y las comunidades en América Latina y el Caribe.

América Latina y el Caribe se encuentra en una encrucijada. Gran parte de la región sigue atascada en la dinámica de la trampa de ingresos medios, con una productividad baja que limita el crecimiento, desafíos agravados por el aumento de la deuda que está desplazando el gasto social y la inversión. 

Al mismo tiempo, se le presenta una oportunidad histórica para integrar las cadenas de valor a nivel regional, que podría redefinir la trayectoria de desarrollo de la región; sin embargo, aprovecharla requerirá importantes inversiones en infraestructura, capacidades e instituciones que los gobiernos no pueden financiar por sí solos.

Por lo tanto, el mandato que el G20 ha dado a los bancos multilaterales de desarrollo —prestar más, movilizar más capital privado y generar mayor impacto por cada dólar— llegó al Grupo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en un momento especialmente crítico.

Esa premisa dio forma a la nueva estrategia institucional del Grupo BID en 2024 y a la subsiguiente agenda de reformas. El objetivo era claro, aunque ambicioso: transformar la manera en que opera el Grupo BID para ofrecer más financiamiento, soluciones más rápidas y flexibles, y mejores resultados verificables. 

A continuación, me enfoco en tres reformas que, a mi juicio, están redefiniendo con mayor fuerza la institución y el valor que genera para sus accionistas y países miembros prestatarios.

Más financiamiento con optimización del balance

Para aumentar el financiamiento de los proyectos del sector público, el BID ha implementado reformas que permiten al Banco utilizar de manera más eficiente su capital existente y ampliar los préstamos sin requerir nuevas contribuciones de los accionistas.

En la práctica, esto implicó tres cambios. Primero, el Banco modernizó su marco de adecuación de capital en línea con las recomendaciones del G20. Segundo, amplió el uso de mecanismos de riesgo compartido y transferencia de exposición para reducir el riesgo de concentración y liberar capital. Y tercero, de manera fundamental, integró los recursos concesionales dentro del capital del Banco, un cambio estructural que fortalece su base financiera al tiempo que preserva su propósito de desarrollo de dichos recursos.

Junto con una planificación financiera bien estructurada a largo plazo y una estrecha coordinación con las agencias calificadoras de riesgo y otros bancos multilaterales de desarrollo, estas reformas han elevado la capacidad de financiamiento bienal del BID para proyectos del sector público de US$25.000 millones en 2021-22 a US$38.000 millones para 2025-26, lo que representa un incremento cercano al 52% sin necesidad de un aumento de capital. 

Este resultado implicó gestionar disyuntivas (trade-offs) reales en materia de margen de capital y concentración por prestatario. El enfoque para enfrentar estos desafíos fue deliberado, diseñado para maximizar el impacto del Banco, y se apoyó en una estrecha coordinación tanto con la comunidad de bancos multilaterales de desarrollo como con los accionistas.

Mejores soluciones financieras y mayor movilización de la inversión privada

Más allá de aumentar el volumen de financiamiento, el Banco, además, ha modernizado sus instrumentos de préstamo para responder mejor a las necesidades de los países miembros prestatarios.

En la práctica, esto significa hacer el financiamiento de los proyectos del sector público más flexible y ágil, con un enfoque más programático. Hoy, nuestras operaciones combinan préstamos de apoyo a políticas públicas más sólidos, financiamiento de inversión, garantías e instrumentos contingentes para impulsar reformas, proteger frente a choques como desastres naturales y emergencias sanitarias, y generar resultados a escala. 

Estos cambios —reflejados en nuestra nueva Política Unificada de Financiamiento para la Inversión y en la Política de Financiamiento en Apoyo de Reformas de Política— están diseñados para ayudar a los países a responder con mayor rapidez ante una crisis y a planificar e implementar secuencias de operaciones a mediano plazo, alineando el financiamiento más estrechamente con prioridades como la resiliencia, la productividad y el crecimiento inclusivo de largo plazo.

Por el lado del sector privado, BID Invest fue la primera institución financiera de desarrollo en adoptar el modelo originate-to-share como eje central de su negocio. Bajo este enfoque, BID Invest origina y estructura proyectos del sector privado con la intención explícita de compartir una parte significativa del riesgo y del financiamiento con otros inversionistas, en lugar de mantener toda la exposición en su propio balance. 

Al mismo tiempo, conserva una participación relevante en cada operación para asegurar altos estándares de desarrollo, apoyándose en instrumentos de mitigación de riesgos que permiten hacer estos proyectos atractivos para capital institucional que históricamente no ha fluido hacia la región a gran escala.

La lógica es simple, pero poderosa: al distribuir partes de su portafolio entre inversionistas institucionales y privados, BID Invest recicla capital, financia nuevos proyectos y moviliza inversión adicional para el desarrollo. Sumado a la optimización del balance del BID, la integración de las operaciones públicas y privadas entre el BID, BID Invest y BID Lab le da al Grupo una capacidad de impacto mucho mayor que la suma de sus partes. 

Hoy, otras instituciones financieras de desarrollo están explorando variantes de este modelo, una señal positiva de que el originate-to-share se está consolidando como parte de la nueva arquitectura del financiamiento para el desarrollo.

Profundizando nuestro impacto

Más financiamiento y mayor movilización son necesarios, pero no suficientes. El verdadero desafío —y en muchos sentidos el más importante— es lograr más impacto en el desarrollo por cada dólar invertido. Y es precisamente aquí donde veo el mayor avance dentro de la institución.

Estamos transformando la forma en que diseñamos, damos seguimiento y medimos nuestros proyectos, pasando de enfocarnos en productos a resultados. Desde el diseño, estamos adoptando un enfoque más programático y orientado a resultados, concentrando los recursos donde pueden generar el mayor impacto, con diagnósticos más sólidos y una teoría del cambio clara que conecta cada intervención con resultados medibles desde el inicio.

Sin embargo, el cambio más trascendente ocurre durante la ejecución. Ya no nos enfocamos solo en el desempeño financiero y de adquisiciones: ahora evaluamos activamente, de manera periódica, la probabilidad de que cada proyecto logre los resultados de desarrollo que se propuso. 

Este tipo de evaluación tiene implicaciones reales en la forma en que gestionamos y adaptamos nuestras operaciones, y establece una disciplina operativa que va más allá de lo que nosotros y otros bancos multilaterales de desarrollo hemos solido hacer en el pasado. También cambia la conversación con nuestras contrapartes en los países, con los equipos de proyecto y con nuestro Directorio, y nos permite demostrar con mayor credibilidad que aumentar el financiamiento también se traduce en mayor impacto, no solo en más desembolsos.

Este cambio se inscribe en la agenda más amplia que el Grupo de Expertos Independientes convocado por el G20, junto con otros actores, ha impulsado en el sistema de bancos multilaterales de desarrollo: escala, impacto e innovación financiera trabajando de manera conjunta y no secuencial. El BID ha optado por avanzar en los tres frentes simultáneamente, con la reforma de efectividad en el desarrollo como el ancla que los mantiene unidos.

Mirando hacia adelante

El año 2026 ha sido y seguirá siendo un año de desafíos para el BID. Implementar estas reformas en toda la institución implica mejorar los sistemas internos de monitoreo, alinear nuestra forma de trabajar con las nuevas políticas y fortalecer la capacidad institucional en todos los niveles.

Este será el primer año en que el nuevo marco de efectividad en el desarrollo comience a generar resultados que puedan evaluarse de manera rigurosa. También marcará el primer ciclo completo en el que el modelo originate-to-share pase de ser una innovación y se consolide como práctica estándar dentro de la cartera de BID Invest.

Estas reformas están sentando las bases de una cultura centrada en la transparencia, la rendición de cuentas y la toma de decisiones basada en evidencia, una visión que el presidente del Grupo BID, Ilan Goldfajn, ha impulsado desde que asumió el cargo a finales de 2022. 

Es este tipo de cultura la que permite a un banco de desarrollo responder más rápido, actuar con mayor inteligencia y generar un mayor impacto en América Latina y el Caribe. El trabajo está lejos de terminar, pero el rumbo es claro, y el Grupo BID quiere ser evaluado en función de sus resultados.

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