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Cómo un enfoque estratégico de la infraestructura aumentó la productividad y la resiliencia agrícolas en Argentina

Efectividad del Desarrollo Cómo un enfoque estratégico de la infraestructura aumentó la productividad y la resiliencia agrícolas en Argentina Una inversión sostenida en infraestructura rural unida al fortalecimiento institucional aumenta la productividad y la resiliencia en la agricultura. Jun 25, 2026
How a Strategic Approach to Infrastructure Boosted Agricultural Productivity and Resilience in Argentina
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Highlights
  • Los proyectos respaldados por el BID en Argentina muestran que una mejora de la infraestructura rural combinada con instituciones más sólidas puede impulsar la productividad y la resiliencia.
  • Por ejemplo, Las inversiones en la rehabilitación de los canales en la provincia semiárida de San Juan, junto con una gestión más eficaz del uso del agua, han impulsado mejoras sostenidas de la producción agrícola.
  • La experiencia en Argentina muestra que, si bien es importante construir nueva infraestructura rural, es su diseño, gestión y mantenimiento lo que determina el impacto en el desarrollo a largo plazo.

La vasta geografía argentina abarca una amplia gama de paisajes agrícolas, desde valles semiáridos y provincias montañosas hasta regiones remotas en el noreste, el noroeste, Cuyo y la Patagonia. Los agricultores en estas zonas pueden enfrentarse a múltiples limitaciones interrelacionadas que afectan al crecimiento y a la resiliencia. En numerosos casos, no existe un único obstáculo responsable de frenar el desarrollo.

En cambio, los sistemas de riego inadecuados, los malos caminos rurales, el acceso limitado a la energía y una logística débil se agravan mutuamente y frenan el desarrollo agrícola regional, particularmente en el caso de los pequeños y medianos productores.

Estas dificultades disminuyen la capacidad de los agricultores para adoptar nuevas tecnologías o acceder a mercados de mayor valor, sobre todo en las zonas semiáridas, donde la variabilidad del clima agrava los déficits de infraestructura.

Cómo abordar los cuellos de botella estructurales en la agricultura regional con un enfoque programático

Durante más de tres décadas, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) se ha asociado con Argentina para abordar estos desafíos mediante el Programa de Servicios Agrícolas Provinciales (PROSAP).

Las fases más recientes de este programa —PROSAP III and IV— ofrecen un caso convincente de cómo la inversión sostenida en infraestructura rural, junto con el fortalecimiento institucional, pueden impulsar la productividad agrícola y construir la resiliencia del sector ante la variabilidad climática.

Las inversiones en riego con aumentos cuantificables de la producción y disminución del riesgo

Las inversiones de los sistemas de riego, particularmente la rehabilitación de canales en regiones semiáridas, como en la provincia de San Juan en la región de Cuyo, ofrecen uno de los ejemplos más claros del impacto de PROSAP.

Al mejorar la canalización y fiabilidad del agua, estas inversiones fortalecen a la vez las condiciones de producción en el campo y los arreglos de gestión entre las organizaciones usuarias del agua, lo cual ilustra cómo las mejoras de infraestructura y coordinación institucional se refuerzan mutuamente en el enfoque del programa.

Una evaluación de impacto rigurosa basada en tecnologías de teledetección y un estudio de 299 productores de uva observó que la rehabilitación de canales generaba aumentos sostenidos de la productividad y resiliencia de las viñas.

En promedio, los aumentos de la cubierta vegetal sano, monitoreados por imágenes satelitales, se tradujeron en un incremento en la producción de, aproximadamente, 144 kg por hectárea al año. Es importante señalar que los impactos no menguaron a lo largo del tiempo: cinco años después de la intervención se observó que eran incluso mayores y que la cosecha aumentó en, aproximadamente, 386 kg de producto adicional por hectárea.

Las inversiones en riego con aumentos cuantificables de la producción y disminución del riesgo

Estas conclusiones muestran que los aumentos de productividad a partir de la infraestructura de riego no tienen necesariamente una corta vida, sino que pueden aumentar a lo largo del tiempo, a medida que los productores adaptan sus prácticas y optimizan el uso del agua, destacando así los efectos dinámicos de un apoyo programático sostenido (Schling et al. 2025).

La evaluación también encuentra impactos más amplios en la producción. Los agricultores que se beneficiaron del programa aumentaron su producto entre un 31% y un 53%, dependiendo de cómo se calculaba el aumento. Al mismo tiempo, la superficie de tierra irrigada se amplió entre el 16% y el 40%, lo que indica que una mejora de la infraestructura permitió a los agricultores hacer un uso más productivo de sus activos existentes. Estos efectos complementarios subrayan que abordar las limitaciones restrictivas de manera coordinada amplifica el impacto general.

Fundamentalmente, la mejora de los sistemas de riego redujo la vulnerabilidad de las explotaciones agrícolas frente a las perturbaciones relacionadas con el clima. Los productores beneficiarios tenían entre un 20% y un 28% menos de probabilidades de señalar el riego como la principal causa de las pérdidas de producción, lo que pone de relieve la importancia de sistemas de agua fiables para fortalecer la resiliencia en las regiones más expuestas al clima.

Mejora de la conectividad, la energía y la capacidad institucional mediante intervenciones integrales

Los impactos de PROSAP’s se han ampliado más allá del riego. Las inversiones en caminos rurales redujeron las disrupciones del transporte y mejoraron el acceso a los mercados y servicios en varias provincias, mientras que la electrificación rural amplió el acceso a la energía en zonas agrícolas.

Estas inversiones en infraestructura se complementaron con asistencia técnica y construcción de capacidad, lo cual ayudó a los productores a mejorar su comercialización y permitió que las instituciones provinciales planificaran, monitorearan y coordinaran las inversiones en infraestructura rural de una forma más efectiva, asegurando que las inversiones físicas se traducían en mejoras sostenidas y a un nivel más sistémico.

En su conjunto, estos resultados contribuyeron a que las cadenas de valor agrícola de la región fueran más productivas, resilientes al clima y competitivas, objetivos clave para los países que pretenden un desarrollo más inclusivo y equilibrado entre las regiones.

Lecciones para diseñar otras políticas y programas

En PROSAP III y IV, la coordinación de inversiones multisectoriales en diversos contextos provinciales fue una tarea compleja, lo que pone de relieve la necesidad de alinear el diseño de la infraestructura con la capacidad institucional local. Quedó claro que los arreglos sólidos de operación y mantenimiento son cruciales para sostener los beneficios a lo largo del tiempo, particularmente en intervenciones programáticas de múltiples fases.

Esta experiencia muestra el valor de la participación programática a largo plazo. Los aumentos de productividad a menudo se materializan gradualmente, a medida que las inversiones en infraestructura interactúan con el fortalecimiento institucional y los cambios en las prácticas de los productores. Es posible que los ciclos de proyecto cortos no logren esta dinámica, mientras que un apoyo sostenido puede generar impactos mayores y más duraderos, sobre todo cuando las intervenciones son secuenciadas y se refuerzan mutuamente.

PROSAP III y IV muestran que las inversiones en infraestructura rural bien diseñadas, basadas en instituciones sólidas y con apoyo sostenido pueden aumentar la productividad, reducir la vulnerabilidad climática y contribuir a transformar las economías agrícolas regionales. El mensaje es claro: la infraestructura importa, pero es igualmente importante la manera en que esta se planea, gestiona y se mantiene en el tiempo.

Leer el informe de fin de proyecto
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