- Un proyecto del BID en Bolivia fortaleció los servicios de colocación laboral, la capacitación en el lugar de trabajo y los subsidios temporales, focalizando apoyo a las mujeres y las personas con discapacidad.
- Las evaluaciones muestran un mayor acceso al empleo formal, sobre todo entre quienes se han enfrentado anteriormente a los más grandes obstáculos y han dependido de redes informales.
En Bolivia, encontrar un trabajo estable ha dependido a menudo de la familia y los amigos. En 2017, ocho de cada diez trabajadores bolivianos estaban empleados informalmente, una modalidad de empleo donde los trabajadores suelen depender de sus redes personales para informarse sobre oportunidades laborales. Pero quienes no tienen esas conexiones, mayoritariamente mujeres, jóvenes y personas con discapacidad, tienen muchas más dificultades para acceder a un empleo estable.
No es fácil romper este ciclo. Sin embargo, a través del Programa de apoyo al empleo (PAE II), Bolivia se asoció con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para demostrar que las políticas públicas bien diseñadas y una capacitación que ofrezca oportunidades al talento puede marcar una diferencia real para ayudar a las personas a encontrar buenos empleos.
Cómo conectar a las personas con los empleos
Muchas personas que buscan trabajo en Bolivia se enfrentan a una doble barrera. En primer lugar, carecen de la experiencia laboral formal que normalmente requieren los empleadores. En segundo lugar, a menudo carecen de acceso a redes de empleos más formales que puedan abrirles puertas en el mercado laboral. Estos desafíos han mantenido a millones de personas excluidas de la posibilidad de encontrar empleos estables que proporcionen seguridad social y protecciones legales.
Las mujeres también se enfrentan a otros obstáculos, particularmente en los sectores tradicionalmente dominados por hombres, mientras que los jóvenes tienen problemas para completar la transición de la escuela al trabajo. Las personas con discapacidad, por su parte, encuentran barreras estructurales quedificultan todavía más el encontrar un empleo estable.
Para abordar estos desafíos, el PAE II se propuso fortalecer y modernizar los servicios públicos de empleo. La idea era sencilla pero poderosa: ayudar a quienes buscan empleo a conectarse directamente con empleadores formales y darles una oportunidad para adquirir una experiencia laboral real. El programa ofrecía:
- Servicios de intermediación laboral para insertar a los que buscan trabajo en vacantes en empleos formales.
- Capacitación en el lugar de trabajo, que permitía a los participantes aprender en su entorno laboral.
- Subsidios temporales equivalentes a uno o dos salarios mínimos para apoyar a los participantes durante la capacitación.
Poniendo la inclusión en el centro y reconociendo que las soluciones únicas no funcionan, el PAE II abordó deliberadamente las barreras específicas a las que se enfrentan las personas que a menudo quedan relegadas:
- Las mujeres que entraban a trabajar en sectores dominados por hombres y las personas con discapacidad recibieron una capacitación de hasta seis meses, además de un seguimiento personalizado.
- Los subsidios de guardería contribuyeron a que más mujeres participaran en la capacitación y la inserción laboral.
- Los planes piloto para los jóvenes les ayudaron a adquirir su primera experiencia laboral formal, lo que facilitaba la transición de la escuela al trabajo.
El PAE II también se basó en lecciones de una etapa más temprana del programa mejorando la prestación de servicios, introduciendo mejores herramientas de perfilado, orientación profesional, sistemas de información actualizados y una comunicación más activa con los empleadores.
Resultados que perduran
Estas opciones de diseño tenían importancia y los resultados lo prueban. Por ejemplo:
- A lo largo de la vida del programa, más de 72.000 personas se beneficiaron de los servicios de intermediación laboral.
- Más de 27.000 participantes terminaron la capacitación en su lugar de trabajo.
Es importante destacar que estas mejoras no tuvieron una corta vida. Los efectos positivos duraron hasta dos años después de la capacitación, lo que demuestra que el programa ayudó a las personas a ingresar -y permanecer- en el mercado laboral formal.
Los principales beneficios se dieron entre grupos que ya se habían enfrentado a los mayores obstáculos, como se documenta en una evaluación de impacto:
- Las tasas de colocación de mujeres en empleos formales aumentaron del 42% al 51%, mostrando importantes aumentos en los niveles de ingreso (11,7%)
- Quienes participaron en la capacitación en el lugar de trabajo tenían un 7,7% más de probabilidades de asegurar un empleo formal y ganaban un 9,5% más que las personas que buscaban empleos similares pero que no habían participado en la capacitación.
Asimismo, el programa mostró avances significativos en la inclusión de otras personas que suelen tener dificultades para acceder al mercado laboral, según otro estudio:
- Un programa piloto para jóvenes facilitó las transiciones de la escuela al trabajo y la mayoría de los participantes tuvo cinco meses adicionales de experiencia en la empresa tras la finalización del financiamiento.
- Las tasas de abandono y los períodos de desempleo se redujeron entre los participantes con discapacidad y el 37,2% de esos participantes obtuvo empleos formales.
Lecciones aprendidas
El PAE II se implementó durante la pandemia de la COVID-19, que entre otros efectos disruptivos perturbó la contratación y limitó la movilidad. Sin embargo, el programa se adaptó rápidamente y mostró que la reestructuración de algunos componentes piloto y el fortalecimiento de la coordinación entre las instituciones podía mantener los servicios en funcionamiento. Destacan otras dos lecciones clave de este programa:
- Las políticas activas de mercado laboral son herramientas poderosas para compensar el impacto de los choques económicos al reconectar a las personas con empleos formales. Las personas beneficiarias del PAE II tenían un 15% más de probabilidades de ser contratadas que las no participantes.
- La inclusión debe ser diseñada intencionalmente en los programas de empleo, elaborando acciones de apoyo específicas para mujeres, jóvenes y personas con discapacidad que se enfrentan a barreras estructurales.
Por qué esto importa
Al fortalecer su servicio público de empleo y poner a prueba las soluciones inclusivas, Bolivia amplió el acceso a los empleos formales para las personas que anteriormente dependían de redes personales o no tenían ningún acceso a ese tipo de empleos. El programa hizo algo más que proporcionar empleo a las personas: les ayudó a construir procedimientos duraderos en la economía formal.
En una región donde la informalidad sigue siendo uno de los mayores desafíos para el desarrollo, la experiencia de Bolivia muestra que, con las herramientas adecuadas, con los socios adecuados y centrándose en la inclusión, los buenos empleos se pueden volver más accesibles -y perdurables- para todos.