- Un experimento en 60 escuelas de Ayacucho, en Perú, mostró que las tutorías por teléfono mejoraron las habilidades en matemáticas de estudiantes de secundaria.
- Esta primera evaluación experimental de este tipo de tutoría muestra que los gobiernos pueden fortalecer las habilidades matemáticas y la confianza de los estudiantes utilizando únicamente un teléfono móvil básico y contenidos alineados con el currículo nacional.
- Desde 2021, el BID ha apoyado programas de tutorías en 17 países de América Latina y el Caribe, hoy en modalidades remotas y presenciales.
¿Nos enseñarán matemáticas los robots? Hoy existen más de 1.600 herramientas de inteligencia artificial dirigidas a la educación, y las tutorías son una de las categorías que más crecen. Pero todavía sabemos poco sobre su efectividad en América Latina, una región donde el acceso a internet alcanza solo a seis de cada 10 escuelas.
Las matemáticas son el área donde América Latina muestra su mayor rezago: en PISA 2025, la región obtuvo en promedio 370 puntos, frente a 463 en los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), una distancia equivalente a unos cinco años de escolaridad. Detrás de esas cifras hay estudiantes que arrastran vacíos desde la primaria y que, con el tiempo, empiezan a creer que las matemáticas no son para ellos. Esa creencia también frena el aprendizaje.
En ese escenario conviene no perder de vista lo que ya funciona con una tecnología mucho más simple. En Ayacucho, una región andina de Perú, nueve de cada 10 estudiantes de secundaria tienen celular, pero más de cuatro de cada 10 no tienen internet en su casa. Para ellos, la tutoría llegó por teléfono: una persona al otro lado de la línea, una vez por semana, repasando operaciones matemáticas con paciencia.
Desafía-T a Aprender, un programa que lideró el Ministerio de Educación del Perú con el apoyo técnico y financiero del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de GRADE, muestra que las tutorías telefónicas pueden trabajar ambas cosas a la vez. Su evaluación, publicada en el International Journal of Educational Development, encontró que el programa mejoró las matemáticas de estudiantes de primero y segundo de secundaria y fortaleció su mentalidad de crecimiento, es decir, la convicción de que uno puede mejorar con práctica y esfuerzo.
Es la primera vez que se evalúa con un experimento el efecto de las tutorías telefónicas sobre esta habilidad. Para los gobiernos, el hallazgo tiene una consecuencia práctica: con un teléfono básico y contenidos alineados con el currículo nacional, un mismo programa puede reforzar las matemáticas básicas y la confianza de los estudiantes.
Atención personalizada, aunque sea a distancia
Una tutoría es enseñanza uno a uno o en grupos muy pequeños, a cargo de alguien preparado para acompañar al estudiante. El tutor parte de lo que cada estudiante sabe y no de lo que indica su grado: si un adolescente de secundaria todavía no domina el valor de cada cifra en un número, empieza por ahí. Como las sesiones son frecuentes, cada una retoma lo que quedó pendiente en la anterior.
Sesión a sesión se construye una relación, y cuando el estudiante siente que alguien sigue su avance, se atreve a equivocarse y a intentarlo de nuevo. Una de las tutoras del programa lo vio en sus estudiantes: “Las niñas comentan que están recordando lo que han trabajado antes y que eso les está permitiendo poder participar con más seguridad en sus clases”.
Desafía-T a Aprender: un experimento en 60 escuelas de Ayacucho
Para medir el efecto del programa, la evaluación seleccionó al azar 60 escuelas de Huamanga, Huanta y La Mar: 30 recibieron las tutorías y 30 no. Se evaluó a más de 2.000 estudiantes antes y después del programa.
Durante ocho semanas, un equipo de 54 tutores llamó una vez por semana a cada estudiante para trabajar el valor de las cifras, las operaciones básicas y la resolución de problemas. El Ministerio de Educación diseñó el programa junto con GRADE y el BID, alineado con su currículo y con sus materiales sobre habilidades blandas.
Los estudiantes que participaron en las tutorías avanzaron más en matemáticas que sus compañeros de las escuelas que no recibieron el programa. Es un avance modesto, pero alentador para una intervención de solo ocho llamadas.
El hallazgo más novedoso se refiere a la mentalidad de crecimiento. El programa tuvo dos grupos: uno recibió solo tutorías de matemáticas y otro, formado únicamente por niñas, sumó tres sesiones adicionales dedicadas a esta habilidad.
En total, el cambio en la mentalidad de crecimiento fue casi el doble que el avance en matemáticas, y se concentró en el grupo de niñas que recibió esas sesiones. Esto no siempre ocurre: un programa similar de tutorías en España mejoró las matemáticas, pero no cambió la mentalidad de crecimiento de los estudiantes.
Matemáticas y confianza, en la misma llamada
En matemáticas, creer que uno puede mejorar pesa mucho. Un error puede leerse como prueba de que uno "no sirve para esto", y quien cree que puede aprender insiste más frente a un ejercicio difícil.
Una estudiante de 12 años, de primero de secundaria, se lo contó así a su tutora: “Siento que estoy logrando comprender, no tenía ni idea de algunas cosas cuando se multiplica. Estoy teniendo más confianza en mí”. Los programas de tutoría que ya existen podrían sumar este componente a un costo bajo.
De la respuesta a la pandemia a una agenda regional de tutorías
Las tutorías forman parte de una agenda que el BID impulsa desde 2021. Comenzó durante el cierre de escuelas por el COVID-19, con pilotos de tutorías telefónicas en lectura y matemáticas, evaluados con experimentos. Esos pilotos mostraron mejoras en los aprendizajes, con beneficios similares para niñas y niños y para estudiantes de distinto nivel socioeconómico.
Desde entonces, los programas han llegado a más de 17 países de la región, con más de 2.500 tutores formados y más de 50.000 estudiantes. Hoy también se implementan de forma presencial, forman parte de los préstamos del BID a los países y empiezan a usar inteligencia artificial para dar retroalimentación a los tutores.
En Ayacucho, la tecnología fue un celular sin internet. Los resultados vinieron de una persona que llamó cada semana, siguió el avance de cada estudiante y le mostró que podía aprender más de lo que creía.
Hoy, junto con los ministerios de educación, estamos diseñando e implementando experimentos similares que usan inteligencia artificial en Honduras, Uruguay, Costa Rica, Ecuador y Bolivia. Al sumar inteligencia artificial a las tutorías, ese vínculo sigue siendo el punto de partida.