● La ansiedad matemática de los docentes se asocia con mayor ansiedad y menor rendimiento en sus estudiantes de 4to grado.
● Las niñas reportan más ansiedad matemática que los niños, sin diferencias en el rendimiento real.
● La evidencia señala que fortalecer la confianza de los docentes al enseñar matemáticas es clave para mejorar los aprendizajes.
Imaginemos un aula de primaria. Un docente escribe un problema de fracciones en la pizarra. Algo invisible ya está en juego: la relación emocional que ese docente tiene con las matemáticas. ¿Siente confianza al enseñarlas? ¿O preferiría estar enseñando cualquier otra materia
Una investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) pone en evidencia cómo el miedo a las matemáticas se contagia. Además, muestra lo que es necesario incorporar a la conversación a la hora de mejorar los resultados del aprendizaje de las matemáticas en los países de América Latina y el Caribe: la ansiedad matemática de los docentes puede predecir la ansiedad matemática de sus estudiantes.
Este 14 de marzo, Día Internacional de las Matemáticas, cuyo tema en 2026 es "Matemáticas y esperanza", vale la pena preguntarnos: si la ansiedad se transmite, ¿puede transmitirse también la confianza?
¿Qué es la ansiedad matemática?
La ansiedad matemática es un sentimiento de tensión y ansiedad que interfiere con las actividades de cálculo, manipulación numérica o resolución de problemas matemáticos en contextos cotidianos y académicos. No es simplemente que a alguien "no le gusten" las matemáticas: es una respuesta emocional que ocupa recursos cognitivos de la memoria de trabajo e impacta directamente el rendimiento.
Y no es un problema menor. Los datos del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA) muestran que, en los 64 países evaluados, los estudiantes de naciones con mayor ansiedad matemática tienden a tener menor rendimiento. Los países de América Latina y el Caribe se encuentran entre los de mayor ansiedad matemática y menor rendimiento general a nivel internacional, lo que sugiere que este factor emocional podría estar obstaculizando el aprendizaje de manera sistemática y subestimada en nuestra región.
Entendiendo el vínculo de docentes y estudiantes con las matemáticas
El estudio del BID, publicado en la revista Mind, Brain, and Education, analizó datos de casi 7.500 estudiantes y 421 docentes en 226 escuelas públicas de Belice. Lo que hace única a esta investigación es que emparejó a cada docente con sus propios estudiantes, permitiendo analizar si las actitudes de los primeros se relacionaban con las de los segundos.
Los resultados revelaron que la ansiedad matemática de los docentes opera como predictor de la ansiedad matemática de sus estudiantes. Y en cuarto grado, la ansiedad del docente también se asoció con un menor rendimiento matemático de los estudiantes.
¿Qué impulsa la ansiedad de los docentes? No es la falta de conocimiento matemático. Los docentes más ansiosos mostraron menor confianza en enseñar matemáticas y menor conocimiento pedagógico, es decir, la habilidad de entender cómo piensan sus estudiantes, reconocer errores conceptuales comunes y encontrar diferentes caminos para explicar un concepto. Pero sus puntajes en las pruebas de contenido matemático no se relacionaron significativamente con su ansiedad.
La distinción es clave: el problema no es que los docentes no sepan matemáticas, sino cómo se sienten al enseñarlas.
Las niñas llevan la peor parte
Los datos de Belice replican un patrón que se observa a nivel global: las niñas reportan mayor ansiedad matemática que los niños, sin que existan diferencias significativas en su rendimiento real. Esto significa que las niñas rinden igual que sus compañeros, pero se sienten peor con las matemáticas.
A largo plazo, esta brecha emocional tiene consecuencias concretas. La autoeficacia —la creencia de que las acciones de un individuo pueden conducir a los resultados deseados, y que él o ella tenga la capacidad de alcanzar el éxito en un área del conocimiento determinada— resultó ser un predictor del rendimiento académico más fuerte que la propia ansiedad.
Y el estudio muestra un patrón temporal que desafía: en cuarto grado, la autoeficacia de los estudiantes no se relaciona con su ansiedad; mientras que en séptimo grado, la relación es fuerte. Esto sugiere que la ansiedad temprana se incorpora progresivamente a la identidad matemática de los estudiantes, pasando de "me pongo nervioso con las matemáticas" a "no soy bueno en matemáticas".
Cuando las niñas internalizan esa narrativa, se alejan de trayectorias educativas y profesionales que incluyan habilidades matemáticas, perpetuando brechas de género en las áreas STEM.
¿Qué podemos hacer?: lecciones aprendidas para mejorar los resultados en matemáticas
Si la ansiedad matemática se transmite, también se puede interrumpir. La evidencia del estudio apunta a tres líneas de acción para los sistemas educativos de la región:
1. Formar docentes en la dimensión emocional de la enseñanza de matemáticas. No basta con mejorar el dominio del contenido. En Belice, el 80% de los docentes completó cursos de métodos matemáticos, pero eso no previno los niveles de ansiedad observados. Los programas de formación y desarrollo profesional docente deberían tener un enfoque dirigido a la confianza en la enseñanza de las matemáticas.
2. Intervenir temprano, antes de que la ansiedad se cristalice. Los datos sugieren que hay una ventana de oportunidad entre los 8 y los 12 años, durante la cual la ansiedad pasa de ser una respuesta emocional a convertirse en parte de la autoeficacia del estudiante. Detectar y abordar la ansiedad antes de esa transición puede evitar que se consolide una identidad negativa frente a las matemáticas.
3. Poner a las niñas en el centro de la estrategia. El estudio de Belice muestra que las niñas no necesitan intervenciones porque sean menos capaces, sino porque el entorno les transmite una ansiedad desproporcionada que no refleja sus capacidades reales.
De la ansiedad a la confianza
Las matemáticas no se aprenden solo con lápiz y papel. También se aprende con las emociones, creencias y experiencias que influyen en cómo docentes y estudiantes se enfrentan a los números.
En una región marcada por bajos aprendizajes, donde el 75% de los estudiantes tiene bajo rendimiento en matemáticas de acuerdo a PISA 2022, y altos niveles de ansiedad matemática, comprender esta dimensión emocional es clave para mejorar los resultados.
El estudio de Belice nos deja la certeza de que la ansiedad matemática no es solo un problema individual, sino que tiene una dimensión social que se transmite en el aula, de docente a estudiante. Y, también, la posibilidad de que si entendemos el mecanismo, podemos intervenir.
El miedo a las matemáticas se contagia, pero la confianza también. Cada docente que enseña matemáticas con seguridad y entusiasmo está rompiendo un ciclo y abriendo una puerta.