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Diseñar escuelas resilientes al calor: una apuesta para garantizar los aprendizajes

Educación Diseñar escuelas resilientes al calor: una apuesta para garantizar los aprendizajes La infraestructura escolar capaz de garantizar el confort térmico en el aula es la primera línea de protección contra el calor extremo. Ene 8, 2026
Escuelas a prueba de calor
Ideas clave
  • El calor extremo ya reduce los aprendizajes en la región, y cada día por encima de 26,7 °C puede disminuir en 1% el aprendizaje anual.
  • La infraestructura escolar resiliente funciona y es rentable: las estrategias pasivas y activas reducen temperaturas en el aula y generan beneficios que superan ampliamente su costo.  
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El calor extremo se ha convertido en una amenaza creciente para la educación en América Latina y el Caribe. En los últimos años, más del 36% de las escuelas de la región enfrentaron entre 70 y 80 días escolares con temperaturas extremas que afectan el aprendizaje. Y las proyecciones climáticas indican que esta situación solo empeorará en las próximas décadas. 

Pero ¿por qué importa el calor para el aprendizaje? El calor extremo afecta la educación de dos maneras claras.

  1. Reduce el acceso: obliga a cerrar escuelas y aumenta el ausentismo, lo que disminuye el tiempo efectivo de clases.
  2. Incluso cuando las escuelas permanecen abiertas, las altas temperaturas dentro del aula reducen la concentración, aumentan la fatiga y disminuyen la capacidad de aprender. La evidencia muestra que cada día por encima de 26,7 °C reduce en promedio un 1 % el aprendizaje anual. Esto significa que escuelas más frescas no solo mejoran el bienestar de estudiantes y docentes, sino que protegen directamente los aprendizajes.

La nueva publicación Educación a Prueba de Calor en América Latina y el Caribe  del Banco Interamericano de Desarrollo presenta nueva evidencia y muestra cómo una infraestructura escolar más resiliente al calor extremo, capaz de garantizar el confort térmico en el aula, es la primera línea de defensa para mantener las escuelas abiertas y seguras frente a las altas temperaturas.

 

¿Cómo puede la infraestructura escolar hacer frente al aumento de las temperaturas?

Hay dos tipos de estrategias de infraestructura escolar que permiten reducir las temperaturas en el aula:  

  1. Las estrategias pasivas: buscan mejorar el confort térmico en el aula a través de un diseño que considera las características del entorno y minimiza el uso de energía durante la operación del edificio; además, no generan impactos al entorno natural. Entre ellas se encuentran la orientación adecuada del edificio, la ventilación natural, los techos altos, el uso de materiales reguladores de temperatura, la protección solar en fachadas, pinturas reflectantes, aislamiento térmico, vegetación y techos verdes.
  2. Las estrategias activas: se basan en la incorporación de equipamiento y tecnologías con diversos niveles de consumo de energía, necesarias para generar confort térmico en zonas climáticas de mayor calor. Entre ellas se encuentran ventiladores, extractores, bombas de calor, chimeneas solares, sistemas radiantes y aire acondicionado eficiente, preferentemente complementados con energía fotovoltaica. Son necesarias en zonas de calor extremo, pero implican una mayor inversión y costos de operación e impacto ambiental, debidos al consumo energético, requerimientos de mantenimiento y efectos ambientales adversos.  
Escuelas Resilientes Cuadro
¿Qué tan efectivas son estas medidas para reducir las temperaturas?

Ambos tipos de estrategias son capaces de mantener temperaturas interiores por debajo de la temperatura exterior, aunque tienen alcances diferentes. Las estrategias pasivas pueden reducir la temperatura interior entre aproximadamente 2°C y 9°C, dependiendo de la medida especifica y/o la combinación, mientras que las activas, especialmente los aires acondicionados o bombas de calor, logran descensos de hasta 15°C -20°C.  

Ahora, si utilizáramos solamente medidas activas para lograr temperaturas adecuadas, se incurriría en gastos de inversión y operación muy altos y se reduciría la vida útil de los sistemas mecánicos por la sobrecarga de uso, además de generar un mayor impacto ambiental.  

Es por esto que, para garantizar el confort durante toda la jornada escolar, siempre deben integrarse primero las medidas pasivas más adecuadas según el contexto climático y las condiciones de cada escuela, para luego complementar, si se considera necesario, con las medidas activas. En una región con recursos limitados y alta vulnerabilidad climática, priorizar soluciones pasivas puede ser un factor clave para lograr escuelas más sostenibles en el tiempo.  

Experiencias en América Latina y el Caribe

Muchas escuelas en la región ya utilizan este tipo de estrategias para asegurar el confort térmico en las aulas. En Belice, el STEAM Lab School en cuenta con un sistema de jardín vertical en su fachada, que actúa como aislante natural y regula la temperatura interior. Esta estrategia reduce la exposición directa al sol en un entorno en el que las temperaturas superan los 30 °C, y contribuye así al confort térmico y a la sostenibilidad del edificio.

HeatReadySchool

Mientras que, en Colombia, el Jardín Infantil Timayui y La Paz cuenta con un diseño bioclimático que permite reducir entre 6°C y 10 °C la temperatura interior en las horas más cálidas gracias a sistemas de ventilación cruzada y lucernarios que funcionan como chimeneas solares. Esta estrategia permitió prescindir del aire acondicionado en un contexto de altas temperaturas y recursos limitados.   

ImagenColegioAPruebadeCalor

Estas experiencias muestran que es posible diseñar escuelas más frescas, sostenibles y resilientes. Para conocer más ejemplos de escuelas resilientes, puedes explorar las publicaciones  Mentes en verde: Fomentando la Ciudadanía Verde desde la Educación y Escuelas del Siglo XXI en América Latina y el Caribe 

¿Cuán rentables son estas estrategias?

Invertir en infraestructura escolar resiliente al calor extremo no solo es necesario, sino también rentable. Mediante un análisis beneficio-costo, la publicación muestra que los beneficios económicos de implementar estrategias de adaptación térmica en la infraestructura escolar pueden superan ampliamente los costos.  

Considerando que la evidencia muestra que cada día con temperaturas por sobre los 26,7 °C reduce en 1 % los aprendizajes de un año escolar (Park et al. 2021), la publicación compara los costos estimados de intervenciones pasivas y activas con los beneficios de evitar estas pérdidas, gracias a contar con aulas más frescas. Por ejemplo, en El Salvador, la pintura reflectante en techos escolares puede multiplicar hasta 8,7 veces el valor invertido en beneficios futuros, gracias a los mayores ingresos que obtendrán los estudiantes por aprender en mejores condiciones. En Brasil, la misma pintura reflectante puede multiplicar hasta más de 40 veces el valor invertido. Las estimaciones muestran que todas las intervenciones analizadas resultan rentables, incluso en escenarios conservadores que combinan los costos más altos con los beneficios más bajos. 

Escuelas preparadas para el calor extremo

El calor extremo ya está afectando la educación de nuestra región. Garantizar los aprendizajes de las próximas generaciones depende de cada decisión que se tome hoy sobre cómo se construye, amplía o mantienen las escuelas. Educación a Prueba de Calor en América Latina y el Caribe muestra que la adaptación es urgente, posible y rentable. El momento de actuar es ahora.

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