- El principal cuello de botella es la transición de la secundaria a la educación superior, marcada por barreras económicas, académicas e informativas.
- Las familias asumen gran parte del costo, lo que hace que incluso en universidades públicas estudiar sea casi inaccesible para muchos.
- Países de la región están aplicando estrategias de apoyo temprano, financiamiento accesible y políticas inclusivas para ampliar el acceso y la equidad.
Andrea acaba de terminar la secundaria en una ciudad intermedia de Colombia. Sus calificaciones son buenas, sueña con estudiar ingeniería y ser la primera de su familia en ir a la universidad. Pero entre la matrícula, el transporte y los materiales, el costo supera lo que su familia puede pagar. La historia de Andrea no es única: en América Latina y el Caribe, 7 de cada 10 jóvenes logran terminar la secundaria, pero apenas 3 de ellos dan el salto inmediato a la educación superior.
El pasado mes de junio de 2025, Bogotá fue el escenario del evento regional “Horizontes de la Educación Superior: Innovación, equidad y calidad”, organizado por el BID junto con el Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana. Allí, representantes de gobiernos, universidades y centros de investigación de toda la región se reunieron para debatir cómo derribar los obstáculos que enfrentan jóvenes como Andrea y garantizar que nadie se quede atrás.
Cuando hablamos de educación superior, no nos referimos solo a la universidad. También incluimos las carreras técnicas y tecnológicas que, en dos o tres años, pueden abrir la puerta a un empleo formal de calidad. Es, en términos sencillos, todo lo que viene después de terminar la secundaria, desde programas cortos hasta maestrías y doctorados. Importa porque la educación superior no solo se traduce en mejores salarios y más oportunidades laborales, sino que también es un motor de inclusión, movilidad social y crecimiento económico para toda la región.
El problema es que la puerta de entrada sigue siendo demasiado estrecha. Aunque la secundaria debería ser el trampolín hacia nuevos aprendizajes, en realidad se ha convertido en una barrera. Muchos jóvenes no logran terminarla, y de quienes lo hacen, solo una parte consigue avanzar hacia la educación superior. En el evento, los panelistas insistieron en que la protección de las trayectorias educativas debe empezar incluso desde antes del último ciclo de la secundaria, considerando que en América Latina un 33% de los estudiantes en la edad teórica de estudiar ni siquiera logran terminarla.
Las razones son múltiples:
- Económicas, porque el costo de matrícula, transporte, materiales o vivienda suele ser inalcanzable.
- Académicas, ya que no todos llegan con la preparación necesaria.
- Sociales y conductuales, vinculadas al origen de los estudiantes y a desigualdades profundas.
- De información, porque muchos jóvenes ni siquiera conocen las opciones disponibles ni los apoyos financieros que podrían ayudarlos.
En efecto, en la educación superior, los beneficios privados son evidentes: mejores salarios, empleos de calidad y movilidad social. Eso hace que el financiamiento recaiga en mayor medida en las familias, muchas veces a través de esquemas mixtos. El resultado: para muchos hogares, el costo de enviar a un hijo a la universidad se convierte en una carga casi imposible de sostener.
El estudio que el BID publicó recientemente, “El gasto real de estudiar educación superior en América Latina: ¿cuánto invierten las familias y qué apoyo financiero reciben los estudiantes?”, lo muestra de forma clara. En universidades privadas, el costo anual puede representar hasta el 78% del ingreso promedio de una persona en Chile y Perú, o más del 60% en Colombia. Incluso en universidades públicas de la capital, los costos no son menores: entre un 30% y un 50% del ingreso anual de las familias.
Pero el dinero no es la única barrera. Investigaciones del Laboratorio de Economía de la Educación de la Pontificia Universidad Javeriana muestran que muchos jóvenes tienden a sobrestimar la dificultad económica y subestimar la falta de información. Como lo dijo Gloria Bernal, su directora, durante su presentación: “Los estudiantes no saben que no saben, y esa información es muy importante en la toma de decisiones”.
Ese fue el caso de una joven peruana que fue entrevistada para el evento: “Lo más difícil fue cómo empezar, con qué recursos empezar y qué carrera estudiar. Los miembros de mi familia todavía no habían ingresado a una universidad o a un instituto, entonces todo el proceso todavía no lo teníamos muy claro”.
En resumen: los obstáculos para acceder a la educación superior no son solo económicos; también tienen que ver con navegar un sistema lleno de dudas, falta de información y decisiones complejas para familias que, muchas veces, son pioneras en este camino.
Lo que dicen los estudiantes sobre sus obstáculos para acceder a la educación superior.
Aunque el panorama es complejo, en América Latina y el Caribe están surgiendo respuestas innovadoras que muestran que es posible ampliar las oportunidades de acceso a la educación superior. Durante el evento en Bogotá se compartieron varias iniciativas que, desde distintos ángulos, buscan derribar las barreras que impiden a miles de jóvenes dar el salto después de la secundaria.
Para superar las barreras académicas y de información, en Colombia, el Programa de Tránsito Inmediato a la Educación Superior, financiado por medio de un préstamo con el BID, trabaja directamente con estudiantes de los dos últimos grados de secundaria en zonas con bajas tasas de tránsito inmediato a la educación superior. ¿La clave? Los jóvenes viven la experiencia universitaria antes de graduarse del colegio, con acompañamiento en orientación vocacional, fortalecimiento académico, inducción a la vida universitaria y actividades que refuerzan sus habilidades.
Para aliviar las barreras financieras, en República Dominicana se ha expandido la oferta universitaria hacia las provincias creando becas por desempeño y programas de idiomas, y se promueve la participación de mujeres en STEM. En Perú, PRONABEC se consolidó como una política exitosa al financiar matrícula y sostenimiento, reduciendo la deserción.
En Colombia, el nuevo Fondo Futuro articula universidades, sector público y privado para ofrecer créditos educativos a quienes necesiten financiar sus estudios en el nivel superior.
Para promover la equidad y la inclusión, el debate también destacó la necesidad de contar con políticas de admisión inclusivas que favorezcan a grupos subrepresentados sin sacrificar la calidad. En este contexto, el BID presentó su reciente publicación: “Políticas de acción afirmativa para mejorar la equidad y la inclusión de la educación superior en América Latina”, que analiza cómo distintas universidades de la región han ajustado sus procesos de admisión para garantizar que la diversidad también tenga un espacio en las aulas.
¿Estamos listos para que nadie se quede atrás?
La transición de la escuela a la universidad sigue siendo un gran desafío en América Latina y el Caribe. Pero las experiencias regionales muestran que sí es posible abrir caminos: con apoyo desde la secundaria, financiamiento accesible y políticas inclusivas. El reto es escalar estas iniciativas y trabajar juntos para que la educación superior sea una verdadera palanca de movilidad social y desarrollo sostenible para toda la región.
Nota: participaron en la escritura de este blog Olga Dulce, Nicolás Castro y Camila Molinos, como consultores del BID en educación.
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