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Terremotos, huracanes y otras crisis: ¿cómo proteger a los niños más pequeños frente a una emergencia?

Desarrollo infantil temprano, Protección social Terremotos, huracanes y otras crisis: ¿cómo proteger a los niños más pequeños frente a una emergencia? ¿Cómo pueden los servicios de primera infancia proteger a los niños ante emergencias? La preparación y la acción coordinada son esenciales. Sep 23, 2026
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Ideas centrales
  • Las emergencias pueden tener efectos duraderos en la salud, el desarrollo y el bienestar emocional de los niños más pequeños.
  • Los servicios de desarrollo infantil temprano deben adaptarse para mantener la atención y continuar apoyando a los niños y sus cuidadores durante las crisis.
  • Construir servicios resilientes requiere preparación, coordinación y apoyo psicosocial antes, durante y después de una emergencia.

Los recientes terremotos en América Latina nos recuerdan una realidad que no podemos ignorar: los desastres naturales, las emergencias sanitarias y otras crisis seguirán formando parte de la vida de nuestros países. En la región, 1 de cada 3 niños está expuesto a al menos tres amenazas asociadas a desastres naturales simultáneas y los más pequeños enfrentan riesgos particularmente altos para su salud y desarrollo. 

Durante los primeros cinco años de vida, el cerebro, los pulmones y el sistema inmunológico aún están en desarrollo y son especialmente sensibles al entorno. Cuando la adversidad es intensa, frecuente o prolongada, la respuesta al estrés puede volverse tóxica, especialmente si los niños no cuentan con un adulto que amortigüe sus efectos.  

Las emergencias también pueden afectar el cuidado que los niños necesitan para desarrollar su potencial. El cierre de centros infantiles, preescolares y programas parentales interrumpe servicios esenciales, mientras que el estrés y la ansiedad de los cuidadores en el hogar pueden dificultar las interacciones receptivas, reducir las oportunidades de juego y aprendizaje, y contribuir a un mayor uso de disciplina violenta. A ello se suman las dificultades para acceder a alimentos y la propagación de enfermedades. Como resultado, los desastres y otros choques durante la primera infancia pueden tener consecuencias duraderas, especialmente en los hogares más vulnerables.  

En este contexto, los servicios de desarrollo infantil temprano desempeñan un papel central. Los centros y programas parentales ofrecen a niños y cuidadores espacios de aprendizaje, interacciones sensibles y receptivas, apoyo y contención que ayudan a mitigar los efectos de la adversidad.  En el BID acompañamos este esfuerzo brindando asistencia técnica a los países para fortalecer estos servicios y hacerlos más resilientes ante las crisis. 

Adaptar los servicios de desarrollo infantil temprano durante las crisis

Durante la pandemia de COVID-19, varios países adaptaron sus servicios de desarrollo infantil temprano a modalidades híbridas de atención, algunos con base en el Manual para Padres de Reach Up. Este propone actividades sencillas de juego y lenguaje que pueden incorporarse a las rutinas diarias y compartirse con los cuidadores mediante llamadas telefónicas, mensajes de texto, WhatsApp u otros canales de comunicación.  

Ecuador dio un paso más allá: con apoyo del BID, desarrolló un Protocolo de Atención Virtual y Semipresencial (PAVS) con actividades, guiones y lineamientos detallados para mantener el acompañamiento a las familias cuando las actividades se suspendieron. Los padres asumieron un rol más activo en las actividades de aprendizaje en el hogar, mientras que los equipos de primera infancia brindaron acompañamiento a distancia y, cuando fue posible, visitas domiciliarias. Durante la pandemia, el PAVS llegó a 288 mil familias.  

En Ecuador, el valor del PAVS fue más allá de la pandemia y se consolidó como una herramienta para garantizar la continuidad de los servicios en diferentes contextos de crisis. Desde entonces, se activó durante la crisis carcelaria de 2021, las protestas sociales en 2022 y la declaratoria de conflicto armado en 2024. Además, ante la amenaza del Fenómeno de El Niño se fortaleció para ofrecer atención en albergues temporales. Como parte de este proceso y en colaboración con UNICEF, se incorporaron orientaciones para brindar apoyo emocional a las familias, estrategias de autocuidado para el personal de primera línea y mecanismos de capacitación remota en cascada.

Esta experiencia demuestra que las capacidades desarrolladas durante una emergencia pueden convertirse en la base para responder mejor y más rápidamente ante la siguiente. 

Proteger el bienestar emocional

Las emergencias pueden afectar la salud mental de niños, cuidadores y del propio personal que presta los servicios. El apoyo psicosocial oportuno puede ayudarles a afrontar mejor los efectos emocionales asociados a una crisis.  

En la primera infancia, este apoyo ocurre principalmente a través de los adultos que cuidan al niño. Mantener rutinas predecibles, promover el juego y utilizar libros o materiales adaptados que reflejen la realidad que está viviendo el niño puede ayudar al niño a comprender mejor lo que ocurre y a recuperar cierta sensación de seguridad.  

Los cuidadores, tanto en el hogar como en los servicios de desarrollo infantil temprano, también necesitan apoyo para manejar el estrés y fortalecer su bienestar emocional. En este contexto, el autocuidado es clave para cuidar a quienes cuidan.  

Hacia servicios más resilientes

Garantizar la continuidad de los servicios requiere acciones antes, durante y después de una emergencia. Antes, es fundamental identificar riesgos, fortalecer las capacidades de los equipos, las comunidades y las familias, así como desarrollar protocolos que permitan responder con rapidez ante una emergencia. Pero la preparación por sí sola no basta. Durante la emergencia, los servicios deben adaptarse para mantener su continuidad. Y en la recuperación, el desafío es fortalecer los servicios y reducir la vulnerabilidad frente a futuros eventos.  

A lo largo de todo este ciclo, dos elementos resultan indispensables: 

  • La coordinación entre los servicios de desarrollo infantil temprano y los sectores de salud, educación, protección social, así como los sistemas de gestión del riesgo para ofrecer una respuesta efectiva y eficiente.  
  • El apoyo psicosocial, que debe entenderse como un componente transversal de la preparación, la respuesta y la recuperación. 

Estos temas se discutieron recientemente en el Diálogo Regional sobre Protección Social Adaptativa y Respuesta a Desastres en el Caribe que tuvo lugar en Barbados. Durante el encuentro, también presentamos una guía desarrollada por el BID con medidas concretas para fortalecer la resiliencia de los servicios de desarrollo infantil temprano, que compartiremos en una próxima entrada. 

 

Como decíamos al comienzo, las crisis seguirán ocurriendo. Por eso, proteger a los niños y niñas no puede empezar cuando la emergencia ya está en marcha: debe ser parte de la preparación de nuestros sistemas desde hoy. 

Para conocer más sobre cómo el Banco Interamericano de Desarrollo acompaña a los países en el fortalecimiento de los servicios de desarrollo infantil temprano y las recomendaciones para construir sistemas más resilientes, lo invitamos a consultar nuestro Marco Conceptual de Desarrollo Infantil Temprano.

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