- La lectura en la primera infancia fortalece el lenguaje, el desarrollo cerebral y los vínculos afectivos.
- El acceso desigual a libros amplía las brechas de aprendizaje desde edades tempranas en la región.
- La lectura interactiva en el hogar puede impulsar significativamente el desarrollo infantil.
La lectura es una herramienta clave para potenciar el desarrollo infantil desde los primeros meses de vida. Compartir palabras e historias con los bebés despierta su curiosidad, fortalece las bases del lenguaje, estimula su cerebro y contribuye al aprendizaje futuro.
En este artículo de blog, exploramos la importancia de exponer a los niños a los libros desde la primera infancia, cuál es la situación en América Latina y el Caribe, y cómo incorporar la lectura en el día a día familiar a partir de la evidencia y de experiencias impulsadas en la región.
Leerles desde temprano es una forma de compartir el tiempo, expresar afecto y generar conexión, pero también es esencial para su desarrollo integral. Desde el balbuceo hasta las primeras frases claras, cada etapa del lenguaje está interconectada con la estimulación que los niños y las niñas reciben en el hogar y otros entornos de cuidado.
Es importante tener en cuenta que el cerebro humano no nace preparado para leer. Esta habilidad se adquiere progresivamente, traduciendo formas y sonidos en lenguaje con sentido. Y, en ese camino, la lectura compartida no solo enriquece el vocabulario, sino que también refuerza habilidades de comprensión, la identificación de imágenes, la construcción de significado y el pensamiento analítico. Además, al observar a sus padres o cuidadores leer, los niños absorben cómo se usa el lenguaje y cómo los libros pueden formar parte de la vida cotidiana.
En nuestra región, la estimulación lingüística, es decir, las interacciones con palabras, historias y conversaciones a partir de actividades de lectura o de disponibilidad de libros infantiles en el hogar, varía según el contexto socioeconómico y educativo de los hogares.
Datos de diez países, recolectados entre 2018 y 2022, muestran que 35% de los niños en hogares rurales o cuyas madres no completaron la educación secundaria lee con un adulto. Esta proporción aumenta al 42% cuando la madre tiene mayor nivel educativo y al 40% en las zonas urbanas.
La disponibilidad de libros infantiles en el hogar también refleja diferencias: entre 2 y 3 de cada 10 hogares rurales o con madres que no completaron la secundaria cuentan con al menos tres libros para niños. En cambio, en hogares urbanos o con madres con mayor nivel educativo la proporción asciende a 4 de cada 10.
En los hogares más vulnerables también se observa que los niños reconocen y usan menos palabras que aquellos con mayores recursos. Los rezagos en desarrollo se acumulan de forma tal que, a los 5 años, los hijos de madres con educación primaria alcanzan un nivel de lenguaje similar al de los hijos de 3 años y medio de madres con educación superior. Estas cifras muestran que ampliar el acceso a libros y promover interacciones de calidad en el hogar representa una oportunidad concreta para fortalecer el desarrollo del lenguaje y aprendizaje desde edades muy tempranas.
Por eso, desde el BID seguimos apoyando a países de la región a implementar programas de acompañamiento familiar que promueven la lectura en el hogar, la narración de historias y el juego con lenguaje estructurado como parte de las rutinas cotidianas entre cuidadores y niños. En distintos países, adaptaciones del programa Reach Up and Learn contribuyen a fortalecer habilidades clave asociadas a la lectura futura.
Fomentar la lectura no requiere grandes inversiones: basta con pequeñas acciones cotidianas que integren los libros en la vida familiar:
- Leer juntos de forma interactiva. Hacer preguntas, comentar ilustraciones y animar al niño a responder fortalece la comprensión y el vocabulario.
- Dedicar atención exclusiva. Leer en un momento íntimo y sin distracciones refuerza el vínculo emocional y hace que el niño relacione la lectura con el disfrute.
- Tener materiales accesibles. Contar con libros, revistas u otros materiales escritos en la casa, y permitir que los niños los vean, fomenta el hábito lector.
- Elegir libros adecuados. Selecciona títulos según la edad, gustos e intereses del niño para fomentar el interés y la conexión.
- Aprovechar las imágenes. En los primeros años, las ilustraciones claras ayudan al niño a seguir la historia y construir sentido.
- Convertir los libros en momentos felices. La interacción afectuosa durante la lectura, como responder a balbuceos, hablar del libro o sonreír, es clave para que el niño asocie la lectura con la alegría y el vínculo emocional.
Promover la lectura desde los primeros años amplía oportunidades de aprendizaje y fortalece habilidades fundamentales para la trayectoria educativa futura. Integrar libros en la rutina diaria es una acción sencilla con efectos acumulativos en el tiempo.
Desde el BID, apoyamos a los países de América Latina y el Caribe en el diseño e implementación de políticas y programas que fortalecen las interacciones tempranas de calidad y promueven el desarrollo del lenguaje desde el hogar. Invertir en lectura en la primera infancia es invertir en capital humano, en productividad futura y en igualdad de oportunidades desde los primeros años de vida.
Conoce más sobre nuestros proyectos: Desafianfo desigualdades.