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Lactancia materna: más que nutrición, una inversión en salud y desarrollo

Desarrollo infantil temprano, Salud, nutrición y población Lactancia materna: más que nutrición, una inversión en salud y desarrollo La evidencia sobre la leche materna refuerza una prioridad de salud pública: crear las condiciones para que más madres puedan amamantar. Ago 6, 2026
woman hugging a newborn
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Ideas clave
  • La lactancia materna es una de las intervenciones de salud pública más costo-efectivas, con beneficios que comienzan en la primera hora de vida y mejoran la salud de madres y niños a lo largo de toda la vida.
  • La leche materna es mucho más que nutrición. Se adapta a las necesidades del bebé, fortalece el sistema inmunológico y se asocia con mejores resultados en salud, educación e ingresos a largo plazo.
  • Proteger la lactancia es una prioridad de política pública. Licencias adecuadas, apoyo durante el posparto, personal de salud capacitado y entornos favorables son fundamentales para que más madres puedan amamantar.

En la primera hora de vida tiene lugar una de las intervenciones de salud pública más efectivas y rentables que existen. Antes de cualquier examen médico o vacuna, un recién nacido puede recibir el alimento que mejor responde a sus necesidades: la leche materna. Sin embargo, millones de niños no se benefician plenamente de ese primer alimento.  

La falta de una lactancia adecuada tiene consecuencias para la salud de madres y bebés, y también para las economías: se estima que representa un costo para la economía mundial de cerca de US$339 mil millones al año, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Promover y proteger la lactancia materna es, por tanto, una prioridad de salud pública que requiere políticas sostenidas y acciones coordinadas.

En ese marco, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), a través de la Iniciativa Salud Mesoamérica (ISM), apoyó a los gobiernos de la región para fortalecer la salud materna e infantil y generó, además, evidencia sobre las prácticas de lactancia en Guatemala, Honduras, Nicaragua, Panamá, El Salvador y el estado mexicano de Chiapas. Los resultados mostraron diferencias importantes entre países. Mientras Guatemala alcanzó una prevalencia de lactancia materna exclusiva del 76,8 % en menores de seis meses, en Panamá fue del 44,5 %, lo que pone de manifiesto la necesidad de fortalecer las políticas de apoyo a las madres. 

Leche materna: mucho más que nutrición

La leche materna no es una fórmula fija, cambia de un día para otro y hasta dentro de una misma toma: empieza más ligera, para saciar la sed, y termina más rica en grasa, para saciar el hambre. La primera leche materna está calibrada para el tamaño diminuto del estómago de un recién nacido. Cuando la madre o el bebé están expuestos a una infección, la leche responde produciendo anticuerpos específicos, en tiempo real, que ningún laboratorio ha logrado replicar.

Para los niños, reduce el riesgo de diarrea y neumonía, favorece un crecimiento saludable y fortalece el sistema inmunológico. Para las madres, el contacto frecuente libera oxitocina, que fortalece el vínculo afectivo y reduce el riesgo de hemorragia posparto. Amamantar también favorece una recuperación más rápida y reduce el riesgo de cáncer de mama y de ovario.

La recomendación de la OMS es precisa y a menudo se malinterpreta: la lactancia exclusiva durante los primeros seis meses significa solo leche materna, sin ningún otro líquido o sólido, ni siquiera agua. Muchas familias creen que un bebé necesita agua adicional, especialmente en climas cálidos. No la necesita: la leche materna es un 88% agua y cubre por completo sus requerimientos de hidratación.  

Los efectos no se detienen en la infancia. Un estudio que siguió a miles de personas en Pelotas, Brasil, desde su nacimiento hasta los 30 años, encontró que quienes fueron amamantados durante más tiempo tenían un coeficiente intelectual más alto, más años de educación e ingresos mensuales mayores en la adultez, sin diferencias por clase social. 

De lo íntimo a lo público

La lactancia es también una de las intervenciones más costo-efectivas disponibles: las familias ahorran en fórmula y biberones, y los sistemas de salud reducen los costos de consultas y hospitalizaciones por enfermedades prevenibles. A nivel agregado, ampliar el apoyo básico de los sistemas de salud generaría beneficios económicos a largo plazo de aproximadamente US$59 por cada US$1 invertido. Pocas intervenciones de salud pública ofrecen retornos comparables.

Entonces, frente a una evidencia tan sólida, ¿por qué tantas veces la lactancia no se lleva a cabo o se abandona antes de lo recomendado? La respuesta pocas veces tiene que ver con la falta de voluntad. Con frecuencia intervienen otros factores: información incorrecta, ausencia de apoyo en los primeros días después del parto, dificultades para compatibilizar la lactancia con el trabajo o mitos que todavía circulan: que el tamaño del pecho determina la cantidad de leche, que una leche más líquida alimenta menos, que una gripe obliga a suspender la lactancia o que el dolor persistente es normal. Ninguna de estas ideas es cierta y muchas dificultades pueden resolverse con información y acompañamiento oportunos.

Quizás el mito más perjudicial sea pensar que, cuando la lactancia no funciona, la responsabilidad recae únicamente en la madre. En realidad, con frecuencia, lo que falla es el sistema de apoyo.  

Y aquí está el giro que más importa: si la lactancia depende tanto del apoyo que recibe una madre, protegerla deja de ser un asunto privado y se convierte en una decisión de política pública. Se necesitan licencias de maternidad suficientes, espacios para amamantar o extraerse leche en el trabajo –incluida la economía informal–, personal de salud capacitado en el posparto, bancos de leche humana fortalecidos –que son clave, por ejemplo, en caso de enfermedad–, y una regulación adecuada. Estas medidas crean las condiciones para que la lactancia materna sea posible, con información, tiempo y apoyo. 
 

En esta Semana Mundial de la Lactancia Materna, desde el BID reafirmamos nuestro compromiso de seguir apoyando a los países de América Latina y el Caribe para generar evidencia, fortalecer políticas públicas e impulsar intervenciones que permitan que cada vez más madres puedan amamantar, si así lo desean. 

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