- La Amazonía tiene alto potencial productivo, pero entre 2005 y 2019 creció a un tercio del ritmo del resto de la región debido a barreras logísticas, de escala y de acceso a mercados.
- La coordinación productiva entre agricultores y piscicultores en Leticia (Colombia) y Tabatinga (Brasil) permite reducir costos, mejorar la calidad y acceder a mejores mercados — sin depender de soluciones externas.
- Este modelo piloto del BID está diseñado para replicarse en otras fronteras amazónicas, convirtiéndose en una solución compartida para desafíos comunes en toda la región.
Jaime es el líder de la Comunidad San Pedro de Los Lagos de Leticia, ciudad ubicada al sur de Colombia, junto al río Amazonas. Allí, más de 40 familias combinan distintas actividades productivas y de subsistencia, entre las que destacan la producción de fariña de mandioca y la piscicultura artesanal, desarrolladas a partir de prácticas y saberes ancestrales que han permitido el manejo sostenible del territorio.
Su sueño es asegurar la producción, reducir los costos de acceso a los mercados y mejorar las condiciones de comercialización, de modo que la comunidad pueda capturar una mayor parte del valor de su producción. Una de las claves para avanzar en esa dirección puede ser la coordinación productiva, que permite a los productores unir esfuerzos para mejorar su capacidad de producción y de acceso a mercados.
La experiencia de San Pedro de los Lagos refleja la realidad de numerosas comunidades amazónicas: existen actividades productivas y conocimientos locales, y una relación cuidadosa con el bosque, pero también barreras estructurales que limitan su potencial. Los costos logísticos elevados, la producción a pequeña escala y las brechas de productividad y calidad en los procesos productivos reducen la competitividad y dificultan que estas economías locales se traduzcan en ingresos estables y mejores condiciones de vida.
La Amazonía es un territorio con un alto potencial para el desarrollo productivo sostenible. De acuerdo con la reciente publicación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Regiones de frontera de la Amazonía: hacia un desarrollo productivo sostenible, sectores como la agricultura, la piscicultura y el turismo pueden impulsar el crecimiento si se superan desafíos históricos asociados a la conectvidad, la escala productiva y la articulación con los mercados.
Crecimiento por debajo del promedio nacional
El reporte destaca que entre 2010 y 2019 el PIB de muchas ciudades amazónicas creció por debajo del promedio nacional. De hecho, entre 2005 y 2019 las economías nacionales crecieron cerca de 60%, mientras que la Amazonía apenas alcanzó alrededor de un tercio de ese crecimiento, reflejando trayectorias de bajo dinamismo económico y dependencia de actividades primarias de escaso valor agregado. En la ciudad binacional Leticia–Tabatinga, por ejemplo, los traslados fluviales entre centros de acopio pueden superar las 20 horas, lo que encarece el transporte de insumos y productos, dificulta la coordinación de la producción y limita el acceso oportuno a los mercados.
Frente a este contexto, el desafío central es cerrar la brecha entre el potencial productivo amazónico -hoy desarrollado en gran medida a pequeña escala- y mejoras concretas en productividad e ingresos, fortaleciendo las capacidades locales y reduciendo los costos que hoy limitan la competitividad. La evidencia regional muestra que avanzar en eficiencia técnica, agregación de valor y articulación comercial es fundamental para que las economías rurales generen oportunidades sostenibles compatibles con la conservación del bosque.
Tal como plantea Amazonia: un viaje hacia la prosperidad y la excelencia, el desarrollo productivo sostenible es un pilar central para fortalecer la resiliencia económica y social de la Amazonía. El informe subraya que mejorar la productividad y fortalecer las capacidades institucionales locales son clave para diversificar fuentes de ingreso, reducir vulnerabilidades y evitar trayectorias de bajo crecimiento que aumentan la presión sobre los ecosistemas.
Asimismo, la ventana de oportunidad para revertir estas trayectorias es limitada. Invertir en capacidades productivas locales es hoy una de las estrategias más efectivas para combinar prosperidad económica, calidad de vida y sostenibilidad ambiental.
En este contexto, la coordinación entre productores puede contribuir a fortalecer la resiliencia territorial al actuar en dos dimensiones complementarias: la organización interna del clúster y su articulación con los mercados.
En el plano interno del clúster, el trabajo coordinado entre productores puede:
- Facilitar el acceso a servicios técnicos y asistencia especializada, optimizando costos y ampliando la cobertura de apoyo productivo.
- Reducir riesgos individuales mediante estrategias compartidas, como compras conjuntas, planificación productiva coordinada y diversificación de mercados.
- Fortalecer el capital social y la capacidad de adaptación de los productores, promoviendo la confianza, la cooperación y la resiliencia frente a cambios económicos, ambientales y de mercado.
Al mismo tiempo, hacia el exterior, la coordinación entre productores puede mejorar la articulación logística y comercial, facilitando una gestión más eficiente de la oferta y una mayor capacidad de respuesta a las exigencias del mercado.
Sin embargo, este tipo de coordinación no surge automáticamente. Su efectividad depende de condiciones habilitantes como la confianza entre los productores, el acceso continuo a asistencia técnica y la existencia de condiciones logísticas mínimas. Por ello, este piloto busca generar aprendizajes prácticos sobre cómo fortalecer estas capacidades en contextos amazónicos y adaptar este tipo de organización productiva a distintos territorios de la región.
En línea con esta visión y, como parte del proyecto Desarrollo Sostenible e Integración de Regiones de Frontera en el bioma Amazónico, el BID está brindando asistencia técnica a la Alcaldía de Leticia y la Prefeitura de Tabatinga para que, junto con los productores locales, exploren distintas formas de mejorar la productividad y los ingresos rurales.
Entre los modelos explorados se encuentra la asociatividad productiva, entendida como un mecanismo de coordinación entre productores para fortalecer capacidades colectivas, elevar la eficiencia y la calidad, y facilitar una mejor articulación con los mercados, dentro de una lógica de trabajo complementaria y binacional.
A diferencia de otros esfuerzos que han puesto el foco en sectores específicos, este piloto se concentra directamente en la base productiva, con el objetivo de generar mejoras concretas en la organización, la eficiencia productiva y la capacidad de inserción en cadenas de valor de mayor valor agregado.
¿Por qué yuca y piscicultura? El análisis del BID sobre el potencial productivo de la región identificó a la agricultura y la pesca como los sectores con el mayor potencial de impacto económico y factibilidad de desarrollo en el clúster Brasil–Colombia–Perú. En este contexto, el piloto se enfoca específicamente en la transformación de yuca y en la piscicultura, dos actividades que ya forman parte de la base productiva local y que concentran un número importante de productores en la región. Además de su relevancia para la seguridad alimentaria y los ingresos rurales, ambos sectores presentan oportunidades claras para mejorar la productividad, agregar valor a la producción y fortalecer la articulación con los mercados, como se ilustra en las figuras abajo.
Las figuras también muestran el análisis de oportunidades productivas realizado para el clúster Brasil–Colombia–Perú. Cada punto representa una actividad específica evaluada según dos dimensiones: su potencial de impacto económico y social y su factibilidad de desarrollo en el territorio.
Las actividades ubicadas en el cuadrante superior derecho combinan alto impacto y alta viabilidad, lo que las convierte en oportunidades prioritarias para impulsar el desarrollo productivo sostenible en la región.
En el caso del sector pesquero y agrícola, este análisis destaca actividades como la piscicultura y la transformación de yuca, que presentan condiciones favorables para mejorar la productividad, generar ingresos y fortalecer la articulación con los mercados.
Un modelo que puede replicarse en otras fronteras amazónicas
Este piloto forma parte de una apuesta regional del BID, orientada a generar soluciones que funcionen en una frontera de la Amazonía y puedan adoptarse en otras con desafíos similares. Cuando los productores de Leticia y Tabatinga aprenden a organizarse mejor, a reducir costos de transacción y a acceder a mejores mercados, ese conocimiento no se queda en la frontera colombo-brasileña: puede replicarse en cualquier rincón de la Amazonia donde las mismas barreras frenan el potencial.
Este enfoque, adicionalmente, complementa otras iniciativas del BID dirigidas al turismo sostenible en Leticia y Tabatinga, ampliando la cooperación binacional hacia el núcleo del desarrollo productivo local.
Tal como plantean los estudios estratégicos del BID, el futuro de la Amazonía depende de la capacidad de generar prosperidad sin comprometer sus activos naturales, por esta razón, el piloto de coordinación productiva en Leticia y Tabatinga representa una apuesta concreta por avanzar en esa dirección, aprovechando los vínculos sociales, culturales y económicos cotidianos en la frontera y combinando la productividad, el fortalecimiento social e institucional y la cooperación regional.
Al invertir en liderazgo y articulación productiva, el BID busca algo más que resultados inmediatos: quiere dejar capacidades instaladas en las personas que habitan el territorio. Cuando eso ocurre, el modelo puede escalarse a otras fronteras amazónicas, convirtiéndose en lo que el BID llama un Bien Público Regional: una solución compartida para desafíos comunes, que contribuye a una Amazonía más productiva y resiliente.
Te invitamos a conocer más sobre este modelo en Regiones de Frontera de la Amazonia: hacia un desarrollo productivo sostenible y a explorar cómo puede replicarse en otros territorios fronterizos de la región.
Este artículo fue elaborado con el apoyo de Sebastián González Saldarriaga, jefe de la Unidad de Sector Privado, Sinergias y Comercio del BID, e Iván Rendon, consultor externo de Clúster Development, S.A.