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Sin ciencia de excelencia, no hay innovación de impacto

Ciencia, Tecnología e Innovación Sin ciencia de excelencia, no hay innovación de impacto El Premio Nobel de Economía 2025 a Joel Mokyr destaca una lección clave para América Latina y el Caribe: sin inversión sostenida en ciencia e investigación, el crecimiento económico eventualmente se agota. La región invierte poco en I+D y tiene pocos investigadores, lo que explica en parte su baja innovación y productividad. Feb 10, 2026
Sin ciencia de excelencia, no hay innovación de impacto
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Ideas principales
  • La ciencia de excelencia es la base del crecimiento económico sostenido, ya que permite innovaciones acumulativas que impulsan la productividad en el largo plazo.
  • La baja inversión en I+D y el reducido número de investigadores limitan la innovación en América Latina y el Caribe, contribuyendo a la trampa del ingreso medio.
  • La capacidad científica es un complemento indispensable de los mercados y el emprendimiento, para transformar conocimiento en innovaciones con impacto económico y social.

Joel Mokyr es uno de los más prolíficos y agudos historiadores económicos. El Premio Nobel de Economía 2025 es sin duda un gran reconocimiento a su obra, pero es sobre todo una gran oportunidad para que el debate sobre desarrollo económico se nutra de las enseñanzas que ofrece la historia sobre los factores que impulsan un crecimiento económico sostenido.

El título de este artículo declara una de las principales enseñanzas de los trabajos de Mokyr: el cultivo de la ciencia es esencial para progresar sostenidamenteEl autor utiliza el término “conocimiento útil” para aludir al conocimiento sistemático de los fenómenos de la naturaleza, es decir, de los principios y regularidades que explican cómo y por qué funcionan los procesos físicos y biológicos que sustentan la tecnología.

¿Por qué la ciencia tranformó el crecimiento económico?

La revolución industrial marcó un punto de inflexión en el proceso de desarrollo. Si bien previamente se observan momentos de auge económico, estos periodos eran intermitentes y sujetos a rápidas reversiones. Solo después de la revolución industrial se generó un ritmo de crecimiento no solo más sustancial, sino también sostenido en el tiempo. ¿Por qué se produjo este cambio?

De acuerdo con Mokyr, en la era previa a la revolución industrial, el crecimiento tenía una naturaleza “smithoniana”: se basaba en los beneficios del comercio y la movilidad de factores, mercados más integrados con mejor funcionamiento y una más eficiente asignación de recursos gracias a instituciones más robustas. Sin embargo, el dinamismo de las economías enfrentaba dos problemas que atentaban contra su sostenibilidad. En primer lugar, una alta vulnerabilidad a cambios políticos e institucionales (incluyendo conflictos bélicos) que alteraban los fundamentos sobre los que se basaba la actividad económica. En segundo lugar, y más importante aún, las bases del crecimiento smithsoniano no garantizan el crecimiento de largo plazo. 

Sin progreso tecnológico continuo, a medida que la asignación de recursos se vuelve más eficiente y se agotan las ganancias derivadas del comercio, cada nuevo aumento del producto resulta cada vez más difícil de lograr.

No es que en el período anterior no se generaran inventos o no existiera progreso tecnológico, sino que eran episodios aislados, muchas veces asociados a intuiciones geniales, sin una base sistemática de conocimiento científico que los sostuviera y los volviera acumulativos. En ese sentido, Mokyr habla de un mundo de técnicas sin ciencia: ingeniería sin mecánica, producción de hierro sin metalurgia, agricultura sin ciencia de suelos, minería sin geología, uso de la potencia del agua sin hidráulica, teñido sin química orgánica y práctica médica sin microbiología e inmunología.

La dinámica de bajo crecimiento se rompió cuando el conocimiento empezó a generarse y usarse de forma sistemática y acumulativa, sosteniendo el avance tecnológico, la innovación y la productividad. 

Lecciones para América Latina y el Caribe

Aunque varios países de la región todavía pueden crecer por mejoras de eficiencia asignativa, ese impulso eventualmente se agota y suele derivar en largos períodos de bajo crecimiento. Por eso muchos casos sobre países que han caído en la “trampa del ingreso medio” provengan de nuestra región, en buena medida por la falta de innovación.

Los países de la región invierten muy poco en Investigación y Desarrollo (I+D) en comparación con países más avanzados, según la OECD (ver cuadro 1), y también respecto de otras zonas con niveles de desarrollo similares, como el Sudeste Asiático (Tanto Malasia como Tailandia invierten más del 1% de su PIB en I+D, año 2022. Vietnam está más rezagado, con un 0,42%, pero planea elevarlo a 2% para el 2030). Como consecuencia, hay bajos niveles de innovación y bajo crecimiento de la productividad. 

Gráfico 1 OECD Blog

El equipamiento y los materiales necesarios para la investigación son bienes transables, con precios que se fijan a nivel global. Los investigadores de excelencia son altamente móviles a nivel internacional, por lo que sus sueldos también tienden a nivelarse. Por ello, las comparaciones en términos de porcentaje del PIB invertido no reflejan adecuadamente la magnitud de la brecha efectiva de inversión entre países, pues el valor absoluto depende no sólo del porcentaje del PIB invertido, sino de la magnitud del PIB sobre el que se calcula.

La innovación se apoya tanto en mercados abiertos, menor regulación y emprendimiento como en capacidad de investigación. Sin esta última es difícil sostener innovaciones de impacto, como muestra Mokyr, y en la región esto se expresa en el bajo número de investigadores (ver Gráfico 2).

Graf 2 Blog Ciencia

Ciertamente, no sólo el bajo esfuerzo en materia de investigación explica la escasa innovación que se genera en nuestros países. También es insuficiente la cantidad de personal de nivel técnico, así como de ingenieros, quienes juegan un rol clave en transformar los resultados de la investigación en innovaciones con impacto real en la economía y la sociedad. Sin embargo, mientras que existe un amplio acuerdo respecto a la relevancia de formar técnicos, no ocurre lo mismo con la inversión en la ciencia. 

Una oportunidad para la región

El Premio Nobel de Economía a Joel Mokyr puede contribuir a una mayor difusión de su obra y a que la historia tenga un lugar más relevante en la reflexión sobre el desarrollo. 

El BID trabaja con los países de la región para fortalecer sus sistemas nacionales de innovación y apoyar la formación de capital humano científico. ¿Quieres conocer más sobre cómo la innovación puede impulsar el crecimiento en tu país? Explora nuestras publicaciones sobre ciencia, tecnología e innovación y la Estrategia BID+ para el Crecimiento Regional Sostenible.

Fuentes consultadas
  • Lee, Keun (2013): Schumpeterian Analysis of Economic Catch-up: Knowledge, Path-creation and Middle Income Trap, Cambridge University Press.
  • Mokyr, Joel (2021): Incentives, institutions and industrialization: a prelude to modern economic growth. Versión publicada en la página web de Joel Mokyr.
  • Mokyr, Joel (2018): The past and the future of innovation: Some Lessons from economic history. Explorations in Economic History 69.
  • Mokyr, Joel (1999): Knowledge, Technology and Economic Growth. During the industrial revolution. Versión publicada en página web de Joel Mokyr
  • World Bank (2024): World Development Report 2024: The Middle-Income Trap.
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