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Financiamiento inclusivo e innovador al servicio del desarrollo local en la Amazonía

Análisis Económico Financiamiento inclusivo e innovador al servicio del desarrollo local en la Amazonía Con las herramientas financieras adecuadas, las pequeñas empresas y los productores rurales pueden convertir el potencial local de la Amazonía en empleo, crecimiento sostenible y más oportunidades económicas. Jun 12, 2026
Woman and girl on the threshold of their house.
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Ideas clave
  • Las empresas locales de la Amazonía suelen operar lejos de los sistemas financieros formales, con escaso acceso a servicios bancarios, una infraestructura digital débil y productos de crédito poco adaptados a sus necesidades. 
  • Estas carencias también determinan en buena medida qué actividades reciben financiamiento: mientras la soja y la ganadería reciben más de US$30.000 millones al año, los productos basados en la biodiversidad, como el açaí, la nuez de Brasil y el cacao, reciben apenas US$300 millones. 
  • La inclusión financiera, la innovación y las soluciones locales deben avanzar de la mano: la inclusión amplía el acceso a servicios financieros formales, la innovación puede reducir las barreras digitales y burocráticas, y el diseño local permite ajustar las herramientas financieras a las realidades locales.

En el corazón de la Amazonía, numerosas pequeñas empresas querrían ampliar sus operaciones e invertir en prácticas sostenibles, generando actividad económica y empleo para las comunidades de su entorno. Sin embargo, con demasiada frecuencia, el crédito les resulta caro, les cuesta acceder a él o simplemente queda fuera de su alcance. Como consecuencia de ello, empresas prometedoras experimentan dificultades para crecer, las inversiones productivas se demoran y las oportunidades de desarrollo local se van estancando.

Un acceso limitado al financiamiento: una realidad regional

El acceso al financiamiento es insuficiente en toda la Amazonía, especialmente para las micro, pequeñas y medianas empresas (mipymes), que son la espina dorsal de muchas economías locales. Las cifras así lo demuestran: en la Amazonía brasileña, por ejemplo, la región concentra el 13% de los productores rurales del país, pero en las dos últimas décadas ha recibido solo el 6,3% del crédito rural total, la mayor parte destinado a personas físicas y no a empresas. El desequilibrio también es evidente entre sectores: mientras la soja y la ganadería reciben más de US$30.000 millones al año en financiamiento, los productos basados en la biodiversidad, como el açaí, la nuez de Brasil y el cacao, reciben apenas US$300 millones, 100 veces menos.

Como se destaca en nuestra publicación más reciente, Amazonía: un camino hacia la prosperidad y la resiliencia, las barreras al financiamiento en la Amazonía no son solo una cuestión de dinero. Muchas empresas y emprendedores carecen de acceso a servicios bancarios, herramientas digitales e incluso documentación básica, lo que dificulta su incorporación al sistema financiero formal. Ciertamente, los servicios financieros digitales están conociendo una fase expansiva: en Brasil, las fintech otorgaron US$3.800 millones en crédito en 2023, un 52% más que el año anterior. Sin embargo, ese crecimiento todavía no llega por igual a todas las empresas y comunidades, ya que persistentes problemas de infraestructura digital y educación financiera siguen limitando el acceso, especialmente en zonas rurales y remotas.

Incluso cuando existen herramientas de financiamiento público, los obstáculos burocráticos, los altos costos de transacción y la falta de asistencia técnica local pueden mantenerlas fuera del alcance de quienes las necesitan. Además, las mipymes enfrentan otro desafío: las instituciones financieras tradicionales rara vez ofrecen productos compatibles con los modelos de negocio y las necesidades particulares de la región, que a menudo incluyen la propiedad colectiva de tierras y activos, estructuras de gobernanza informal y formas alternativas de creación de valor.

Las consecuencias son profundas. Los datos muestran que las líneas de crédito bien diseñadas pueden contribuir a reducir la deforestación hasta en un 60% en regiones rurales remotas de la Amazonía. Sin embargo, dada la falta de recursos financieros adecuados, muchas comunidades tienen dificultades para invertir en prácticas destinadas a fortalecer su resiliencia, promover el crecimiento, adaptarse a los riesgos ambientales y salir de la pobreza.

El acceso al financiamiento también es una herramienta clave para cerrar brechas de género. Por ejemplo, en Bolivia, el 63% de las mujeres tiene una cuenta bancaria, frente al 74% de los hombres; en Perú, las cifras son del 53% y el 62%, respectivamente. En Brasil, solo el 33% de las mujeres obtuvo un préstamo de una institución financiera en el último año, frente al 48% de los hombres.

¿Qué puede hacerse al respecto?

A pesar de estas dificultades, se están desarrollando soluciones prometedoras en toda la región. Los programas de financiamiento focalizados ya están marcando una diferencia al combinar crédito, apoyo técnico e incentivos diseñados para empresas y comunidades locales.

En Perú, por ejemplo, el Programa para Impulsar el Financiamiento Sostenible en la Amazonía Peruana combina financiamiento concesional con un fondo fiduciario para apoyar a mipymes dedicadas a los bionegocios. En Brasil, por su parte, el Programa BID-BNDES ProAmazonía moviliza US$900 millones para ampliar el financiamiento a mipymes, y destina un 30% a empresas lideradas por mujeres y un 20% a agricultura baja en carbono. El Programa de Financiamiento de Bionegocios para un Amazonas Sostenible en el Ecuador (Programa BASE), a su vez, combina líneas de crédito de largo plazo para pequeños bionegocios con una innovadora reserva de primera pérdida que cubre hasta el 80% de las pérdidas individuales en préstamos a pueblos indígenas y mujeres.

Bio-Economic activities in Surinam

El problema de la inclusión financiera no se limita a la cuestión del crédito. Requiere habilitar el acceso de los hogares, las empresas y las comunidades a un abanico más amplio de servicios financieros formales, como el ahorro, los seguros y los pagos digitales, a costos asequibles, especialmente cuando se trata de poblaciones de bajos ingresos.

Servicios financieros adaptados a las necesidades locales

El microcrédito ha demostrado ser un instrumento eficaz para impulsar la inclusión financiera en la región, pero para tener éxito es preciso adaptarlo a las realidades locales. A diferencia de los productos de crédito convencionales, que suelen exigir garantías formales o una documentación extensa, las iniciativas de microcrédito pueden responder a las necesidades de emprendedores informales y empresas comunitarias. Combinados con asistencia técnica, educación financiera y protección del consumidor, incluso los préstamos pequeños pueden impulsar de manera significativa la resiliencia financiera y la autonomía de las poblaciones rurales. En cambio, a falta de salvaguardias adecuadas, los microcréditos pueden generar sobreendeudamiento y, en última instancia, resultar ineficaces frente a la pobreza.

También la banca móvil y los grupos de ahorro están contribuyendo a subsanar carencias financieras. En Perú, la incorporación a grupos de ahorro ha aumentado la participación laboral femenina, ha mejorado el acceso al crédito y ha fortalecido la capacidad de los hogares para hacer frente a los choques financieros. También se están desarrollando soluciones digitales en lenguas locales para reducir barreras y aumentar la participación de los pueblos indígenas en los servicios financieros formales.

Por qué el financiamiento es tan importante para la inclusión y el desarrollo

Los programas de financiamiento específicamente destinados a mipymes, cooperativas y empresas lideradas por mujeres pueden crear oportunidades de empleo local, mejorar los medios de vida y empoderar a poblaciones históricamente marginadas. Pero para que estos programas funcionen a escala, el acceso al financiamiento debe diseñarse en función de las realidades de las personas y empresas a las que busca servir. Como se señala en la publicación, cabe destacar cuatro prioridades principales:

  1. Las políticas deben priorizar servicios financieros con pertinencia cultural, educación financiera e iniciativas de fortalecimiento de capacidades, para que los grupos desatendidos puedan participar más en la economía formal.
  2. Es necesario fortalecer la infraestructura de finanzas digitales. Promover soluciones fintech y simplificar los procedimientos burocráticos también puede ampliar el alcance y reducir las barreras para las pequeñas empresas y los emprendimientos informales.
  3. Ampliar los servicios financieros inclusivos también ayudará a cumplir objetivos ambientales. Los mecanismos financieros inclusivos son clave para avanzar en la sostenibilidad ambiental de la Amazonía, ya que redirigen flujos de capital hacia empresas compatibles con la conservación de los bosques y basadas en la biodiversidad.
  4. Los instrumentos de mitigación de riesgos y los vehículos de inversión público-privada, como el financiamiento combinado y las líneas de crédito verde, pueden ayudar a incentivar proyectos de bioeconomía, desalentar actividades extractivas y de altas emisiones, y movilizar financiamiento de largo plazo para la protección de la biodiversidad.

En definitiva, la inclusión financiera es una piedra angular del futuro sostenible de la Amazonía. Puede contribuir a liberar el potencial económico de la región, empoderar a su población y preservar sus bosques. Solo si la inclusión, la innovación y las soluciones locales avanzan juntas podrá la Amazonía alcanzar una prosperidad y una resiliencia compartidas.

Esta entrada contó con valiosas contribuciones de Nadia Rocha.

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