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Mujeres del Amazonas colombiano combaten la deforestación a través de la bioeconomía

Agricultura y seguridad alimentaria Mujeres del Amazonas colombiano combaten la deforestación a través de la bioeconomía Conoce cómo la bioeconomía, liderada por mujeres afro e indígenas en el Amazonas colombiano, impulsa la conservación de los bosques, genera ingresos sostenibles y promueve la equidad en los territorios rurales. Feb 17, 2026
Mujer artesana de la amazonia colombiana mostrando sus productos
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Ideas clave
  • Las iniciativas de bioeconomía lideradas por mujeres en la Amazonía colombiana están contribuyendo a frenar la deforestación mientras generan ingresos sostenibles.
  • El Fondo Colombia Sostenible apoya el financiamiento innovador, el acceso a mercados y la asistencia técnica para escalar negocios basados en la biodiversidad.
  • Shuska es un ejemplo de cómo el liderazgo comunitario y las alianzas institucionales pueden transformar la conservación de los bosques en oportunidades económicas dignas.

En la Amazonía colombiana, el proyecto “Promoción de la Inversión Verde y la Bioeconomía para la Lucha Contra la Deforestación” impulsa alternativas productivas sostenibles que valorizan la biodiversidad y fortalecen los medios de vida locales en Putumayo, Caquetá y Guaviare.

Esta iniciativa, parte del Fondo Colombia Sostenible (FCS) y ejecutado por Fondo Acción, cuenta con el respaldo de los gobiernos de Noruega, Suecia, y Suiza, bajo la administración del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). El fondo promueve inversiones verdes y modelos de bioeconomía en regiones clave del país, al mismo tiempo que fortalece los medios de vida locales. 

El proyecto ha impulsado instrumentos financieros innovadores, garantías sobre propiedad intelectual de productos bio, y fondos para emprendimientos rurales bio, además de guías que acercan a la banca privada a la bioeconomía.   

Gracias a estos esfuerzos, iniciativas como Shuska (Ver Figura 1.), que transforma semillas amazónicas en biojoyas sostenibles, reciben apoyo directo. También se fortalecen emprendimientos en territorios históricamente marginados: Agroindustrias OMKRIM convierte frutos nativos en helados y aceites esenciales; AMAVIT preserva los rodales de asaí; Sacha Muiu, del pueblo Inga, lidera la producción comunitaria de aceite de “canangucha”; y las asociaciones de mujeres ASMUECH y ASMUPROPAZ elaboran tisanas y esencias amazónicas. 

Estas experiencias no solo dinamizan las economías locales, sino que regeneran territorios y demuestran cómo la biodiversidad puede ser la base de un desarrollo rural sostenible y resiliente.
 

Bioeconomia-Amazonia-Colombia-blog
Qué es la bioeconomía y por qué importa

La bioeconomía propone una forma diferente de producir y generar ingresos, aprovechando de manera sostenible los recursos biológicos renovables, como plantas, semillas o fibras naturales, sin agotar lo que la tierra ofrece. No se trata solo de usar opciones “verdes”, sino de crear modelos económicos regenerativos que promuevan bienestar, inclusión y cuidado del medio ambiente. 

En regiones biodiversas, como la Amazonía colombiana, la bioeconomía abre nuevas oportunidades productivas donde antes eran escasas.  Abarca desde alimentos funcionales y bioinsumos agrícolas, hasta biotextiles, bioplásticos y bioenergías. Proyectos como Shuska, muestran como esto puede convertirse en una moda con propósito, que combina innovación, identidad y respeto por la naturaleza.

 

Entre la riqueza natural y las bio-promesas

Colombia es el cuarto país más biodiverso del mundo, según el Global Biodiversity Ranking de Worldostats 2025.  Su riqueza natural y capital humano la posicionan como un actor clave en la bioeconomía. Hoy, este sector, basado en el aprovechamiento sostenible de los recursos naturales, aporta cerca del 14% del valor agregado nacional y genera cerca del 21% del empleo.

Según el Ministerio de Ciencias, se estima que para 2030 podría generar 2,5 millones de nuevos empleos y contribuir con hasta el 10% del PIB. Pero el camino aún tiene desafíos.

Entre 2010 y 2015, de acuerdo a datos de la CEPAL, solo el 16% de las exportaciones provenían de la bioeconomía, lejos del promedio regional del 24,2%, mientras que el 60% sigue concentrado en minerales y productos fósiles. Superar estas barreras requiere cerrar brechas tecnológicas, fortalecer capacidades y abrir mercados donde la biodiversidad se transforme en identidad y prosperidad sostenible.
 

La apuesta transformadora de Shuska

Gracias al origen comunitario y liderazgo femenino, Shuska se ha consolidado como un modelo ejemplar de promoción de la bioeconomía en la Amazonía colombiana. 

Este emprendimiento, liderado por Neila Preciado, del Consejo Comunitario Afroprimavera en Putumayo, organización representativa de las comunidades afrocolombianas, raizales y palenqueras encargadas de administrar los territorios colectivos, articula una red de mujeres recolectoras que trabajan con semillas y fibras naturales respetando el bosque. Cada biojoya se elabora a partir de semillas antes subutilizadas, seleccionadas con conocimiento ancestral y sin afectar la regeneración del ecosistema. La naturaleza no se degrada: se honra y transforma en piezas que llevan identidad.

El acompañamiento técnico del FCS, administrado por el BID, permitió a Shuska fortalecer su marca, ampliar su presencia comercial y participar en Colombiamoda, la principal pasarela y feria de moda e innovación de América Latina. También mejoró su infraestructura con energías limpias y centros comunitarios de acopio. 

Shuska es una lección viva de cómo la bioeconomía, cuando se apoya con alianzas institucionales sólidas, puede abrir caminos reales para comunidades históricamente marginadas.  Conservar el bosque puede ser también sinónimo de prosperar con dignidad.
 

Aprendizajes de cara al futuro

El recorrido por los bioemprendimientos apoyados por el FCS deja  lecciones valiosas para quienes creen en  una bioeconomía transformadora. No basta con ofrecer insumos naturales: se necesitan diseño, innovación y cadenas de valor integradas, junto con un acompañamiento constante en gestión, comercialización y acceso a mercados. 

Las alianzas estratégicas entre comunidades, entidades públicas, privadas y cooperación internacional son clave para escalar modelos sostenibles. Y en un sector donde tradicionalmente se han invisibilizado las voces locales y el liderazgo, experiencias como Shuska, muestran que la sostenibilidad va de la mano la equidad y la identidad cultural. 

Colombia, con su riqueza biológica, diversidad cultural y creatividad, tiene todo el potencial para liderar la bioeconomía en la región. Para lograrlo, se necesita una visión compartida, políticas públicas que fortalezcan las capacidades locales y reconocimiento de las iniciativas que nacen desde los territorios. 

Protegiendo el bosque y apoyando a quienes lo habitan, florece una economía enraizada en el territorio, conectada con los mercados y orientada a un futuro sostenible.
 

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