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Un nuevo modelo de aldea global

La generación de electricidad en una típica aldea latinoamericana alejada de todo viene inevitablemente acompañada del ruidoso ronroneo de un generador alimentado con gasolina. Pero en San Ramón, Honduras, los únicos sonidos que compiten con la cadencia de dedos recorriendo el teclado de una computadora son voces de niños o el ocasional rebuzno de un burro.

San Ramón no es una aldea típica, algo que es inmediatamente evidente cuando se notan los paneles solares en los techos de la escuela local y el centro comunitario. Los paneles alimentan un conjunto de recursos característicos de una comunidad mucho más grande y próspera.

Esta aldea de 840 habitantes, situada en las serranías vecinas a Choluteca, es pionera en un programa que usará tecnología para incentivar el desarrollo y crear nuevas oportunidades. En la fase inicial del programa, un centenar de comunidades recibirán paquetes tecnológicos y equipos para la generación de energía, como los que ya están en operaciones en San Ramón. Si los resultados satisfacen las expectativas, el programa podría reproducirse en muchas de las 25.000 remotas aldeas que existen en Honduras.

El concepto central del programa, financiado con un préstamo del BID de 8,5 millones de dólares con baja tasa de interés, es proporcionar paquetes tecnológicos que incluyen computadoras, máquinas para enviar y recibir fax, teléfonos celulares y software que serán alimentados con fuentes alternativas de energía. Los paquetes serán transferidos en forma coordinada e integrada para mejorar la educación, proporcionar capacitación, y fomentar la actividad de pequeñas empresas y microempresas.

Sólo empleando un enfoque integrado y dirigido podran las áreas rurales de un país modesto como Honduras zanjar la creciente brecha tecnológica, asegura Pedro Sáenz, que encabeza el equipo del BID encargado del proyecto. Con acceso a nueva tecnología, agrega, los residentes locales podrán incrementar la participación cívica, mejorar la salud y la educación, encontrar empleos, generar ingresos y, a largo plazo, fortalecer su autoestima.

San Ramón en la vanguardia. Honduras sentó las bases para el programa financiado por el BID proporcionando paquetes tecnológicos alimentados con energía solar a San Ramón y a otras dos comunidades igualmente remotas, San Francisco y La Hicaca. El proyecto piloto estuvo a cargo del Consejo Hondureño de Ciencia y Tecnología (COHCIT), con apoyo de la UNESCO y otras entidades.

La electricidad generada por los paneles solares instalados en San Ramón alimenta ahora una gama de nuevos servicios e instalaciones. Entre ellos, cinco faroles de alumbrado público, seis aulas con enchufes de electricidad para televisión, computadoras u otros equipos, la iluminación de la iglesia local, y un sistema de refrigeración y calentamiento para el agua corriente y el almacenamiento de medicinas y vacunas en una clínica local. Los paneles alimentan asimismo una innovadora aula de enseñanza dotada con 11 computadoras, grabadores de sonido y de vídeo, cámaras digitales, scanners, impresoras y otros equipos.

Aun antes de la llegada del paquete tecnológico, el proyecto contribuyó a movilizar a la aldea al pedir la creación de un consejo local como requisito para obtener los recursos. Cuando el paquete quedó instalado, la asistencia a la escuela aumentó de 250 a 350 alumnos en un solo año,y además se agregaron clases de séptimo, octavo y noveno grado al sistema escolar. En una encuesta tomada en San Ramón, —en una escala de uno a diez— los residentes dieron un cero de calificación a su calidad de vida previa a la llegada del paquete tecnológico y un ocho a la que actualmente disfrutan.

El nuevo proyecto abrirá a las aldeas rurales la posibilidad de tomar parte en dos programas de enseñanza a larga distancia. Uno de ellos, EDUCATODOS, es un programa radial interactivo orientado a jóvenes mayores de 13 años de edad y a adultos. El otro es Telebásica, dirigido a una audiencia similar pero transmitido por televisión. Se espera que esas remotas comunidades podrán eventualmente proporcionar educación secundaria a sus jóvenes, lo que hasta ahora no ha estado a su alcance.

El programa financiado por el BID incorporará lecciones aprendidas en el programa piloto ejecutado en las tres comunidades. Por ejemplo, se tendrá más cuidado en evitar superposiciones tecnológicas y costos excesivos y habrá más énfasis en la sustentabilidad de inversiones y asistencia técnica para asegurar que la innovación produzca los resultados deseados. Con ese objetivo, será importante una estrecha coordinación entre las instituciones participantes.

El programa incorporará experimentación con tecnologías apropiadas e investigación orientadas a áreas importantes de resolución de problemas. Esas actividades contribuirán a definir políticas nacionales de ciencia y tecnología para beneficio de las comunidades más necesitadas.

“La cosa interesante acerca del modelo de educación aplicado en las comunidades solares es que es una respuesta hondureña a problemas hondureños”, dice Aimee Verdisco, una especialista en educación del Departamento de Desarrollo Sostenible del BID que ha visitado San Ramón y San Francisco y ha estudiado la experiencia de Honduras con paquetes tecnológicos para la educación. “Tecnologías simples, efectivas en términos de costo, como por ejemplo la educación a larga distancia mediante radio o televisión, han demostrado que mejoran el acceso a la educación y su calidad”, explica.

Pero Verdisco agrega que los especialistas en educación aún debaten la mejor forma de incorporar tecnologías más refinadas tales como la Internet y las computadoras. Aunque esas tecnologías pueden estimular a estudiantes y docentes a procurar logros más avanzados, los especialistas de COHCIT determinaron que era necesario adaptar el software disponible a los programas nacionales de enseñanza y a las necesidades de los estudiantes con el fin de aumentar el valor agregado que implica incorporar esa tecnología al proceso de enseñanza y aprendizaje.

“Hay una cuestión de sobrecarga de tecnología”, añade. “Quizás se puede decir que algunas comunidades tienen una opción: una sobrecarga de ignorancia y de statu quo o una sobrecarga de tecnología. En última instancia, una sobrecarga de tecnología es preferible a una sobrecarga de statu quo”.

Para una lectura detallada de las experiencias de Honduras con paquetes tecnológicos en San Ramón, vea el artículo “Honduras Solar Energy Bridges the Digital Divide” por Aimee Verdisco y Analyda Melara de Franconi, ministra y titular del Consejo Hondureño de Ciencia y Tecnología, en el enlace a la derecha.

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