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La brecha salarial

En 1999 una mujer jefa de familia con 11 años de educación formal en Brasil ganaba 3.05 reales por hora, mientras que un hombre con las mismas calificaciones recibía una remuneración de 4.52 reales. El caso brasileño no es una excepción en América Latina. Aunque en algunos países, como Bolivia, la diferencia no es tan evidente, los hombres reciben mejores salarios que las mujeres por el mismo trabajo. No obstante, hay señales alentadoras que indican que esta brecha se está cerrando lentamente, aunque con una velocidad menor a la de los países desarrollados.

Según los cálculos realizados para la década de los noventa, la diferencia entre el salario masculino y femenino era de 10% a 25%, dependiendo del país y del momento de la estimación. Sin embargo, un nuevo estudio efectuado por el BID señala que no se ha apreciado la magnitud completa de la brecha salarial entre los sexos debido a que la información referente al número de mujeres que trabajan es incompleta.

Este estudio parte de la premisa de que tradicionalmente la diferencia entre los salarios de ambos géneros se ha establecido comparando los ingresos de hombres y mujeres con la misma educación que desempeñan funciones similares, sin considerar que las mujeres que trabajan fuera del hogar no conforman el promedio de la población femenina.

Lisa y llanamente, las mujeres que ingresan en la fuerza laboral no representan una muestra al azar de todas las mujeres: sus características difieren de las de aquellas que trabajan en sus casas, y se estima que varias de estas mismas características inciden en la productividad del mercado laboral y en los salarios. Estas particularidades implican que la comparación entre los sueldos de ambos sexos –al basarse solamente en los ingresos de aquellas mujeres que trabajan– no refleja la verdadera magnitud de la discriminación que existe en el mercado laboral.

Basado en información proveniente de encuestas de hogares realizadas en Bolivia, Brasil y Nicaragua, el estudio presenta pruebas preliminares de que la porción de la brecha entre los géneros que no se ha podido explicar hasta el momento es significativamente mayor de lo que se había estimado, al menos en el caso de las mujeres casadas.

Los resultados del estudio se obtuvieron por medio de una nueva metodología que toma en cuenta la participación de la mujer en la fuerza laboral. Es decir, debido a que las adolescentes generalmente substituyen a sus madres en las tareas domésticas, este estudio considera el género de los niños para poder predecir la participación femenina en la fuerza laboral. “Las diferencias entre los salarios de hombres y mujeres basadas en estas predicciones indican que la porción inexplicada de la brecha entre los salarios aumenta en un 50% en el caso de Brasil, y en más de un 100% para Bolivia y Nicaragua” afirma Yuri Soares de la oficina de evaluación del BID y autor del estudio.