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Europa, principal fuente de inversiones y cooperación externa, segundo socio comercial de América Latina, según estudio del BID

La Unión Europea aún es la principal fuente de inversión extranjera directa y de asistencia oficial para el desarrollo para América Latina y el Caribe, así como su segundo socio comercial, según un informe difundido hoy por el Banco Interamericano de Desarrollo.

El trabajo, un detallado análisis de las relaciones económicas entre la UE y LAC durante los últimos 10 años, fue divulgado en anticipación de la cumbre de jefes de estado y de gobierno de 33 países latinoamericanos y caribeños y 25 países europeos que tendrá lugar en la ciudad mexicana de Guadalajara el viernes 28 de mayo.

El intercambio comercial entre ambas regiones aún se está recuperando de la abrupta caída que sufrió en 1999, año que marcó el fin de una década de expansión del comercio. El año pasado el comercio entre la UE y LAC llegó a unos 91.300 millones de dólares, por debajo de los 93.100 millones registrados en 1998, indica el estudio.

Algunos de los factores que afectan al comercio escapan al control de ambas regiones. Otros están ligados a cambios económicos o de políticas mientras que otros están íntimamente vinculados a la relación entre la UE y LAC. Las fases de desaceleración y recuperación de la economía mundial han influido en estos flujos, así como la aparición de China como potencia comercial, la devaluación de monedas latinoamericanas y la apreciación del euro.

Otros factores influyentes son el ingreso de países de Europa Oriental a la UE, las políticas europeas de apoyo agropecuario, la creciente integración subregional en América Latina y el aumento del comercio entre LAC y América del Norte.

“No obstante, los obstáculos al comercio entre la UE y LAC no son insuperables”, asegura el informe, una edición especial de la Nota Periódica sobre Integración y Comercio en las Américas producida por el Departamento de Integración y Programas Regionales del BID.

“Más allá de las tendencias regionales y globales que difícilmente cambiarán en corto plazo, varios mecanismos podrían ser utilizados para sobreponerse a los desequilibrios actuales en el comercio entre ambas regiones”, agrega el trabajo.

Un mejor acceso a mercados mediante una mayor liberalización del comercio multilateral o inter-regional sería fundamenta, aunque la complejidad de la relación comercial entre la UE y LAC demandaría una amplia gama de políticas para tratar problemas específicos entre la Unión y cada país o subregión de LAC, en materia de promoción de exportaciones y comercialización, adaptación a normas de cada región y cooperación empresarial inter-regional.

“Al mejorar la capacidad de producción y el desarrollo tecnológico, al mismo tiempo que genera nuevas oportunidades de exportación a través del comercio intra-empresas, la IED europea en América Latina y el Caribe desempeñará un papel clave en el futuro del comercio entre ambas regiones”, agrega el informe.

El estudio del BID examina las principales tendencias del comercio entre la UE y LAC en los niveles regional, subregional y nacional; las principales determinantes del comercio inter-regional; la evolución de la IED europea en LAC; los principales instrumentos de política usados para promover los lazos comerciales y las inversiones; y las tendencias en la cooperación europea para América Latina y el Caribe. El anexo estadístico incluye datos sobre los flujos de comercio, inversiones y cooperación de los últimos 10 años.

Tendencias en el comercio entre la UE y LAC

El fuerte crecimiento del comercio inter-regional durante la década pasada concluyó en 1999, cuando el intercambio se contrajo 5 por ciento en términos de valor. Si bien se ha registrado una leve recuperación desde entonces, el comercio entre la UE y LAC aún no alcanza los niveles de 1998. En el 2003 LAC exportó bienes por unos 44.400 millones de dólares a la UE mientras que importó unos 46.900 millones de dólares de productos europeos.

El principal socio de la UE en América Latina es Brasil, que el año pasado representó 34 por ciento del comercio inter-regional. Le siguieron México (25,3 por ciento), Argentina (9,3 por ciento) y Chile (8,9 por ciento). Estos cuatro países abarcan casi cuatro quintas partes de todo el comercio entre la UE y LAC.

El estudio del BID señala que, en parte, el relativo estancamiento del comercio inter-regional refleja tendencias económicas globales como la inestabilidad financiera o la debilidad en el crecimiento global. Pero también identifica otros factores específicos a la relación entre la UE y LAC como la composición de productos en el comercio inter-regional y los instrumentos que lo regulan.

El comercio entre la UE y LAC no registró crecimiento entre 1998 y el 2003, un período en que el intercambio de LAC con el mundo en general (y con América del Norte en particular) creció 3 por ciento al año. La importancia relativa de LAC como mercado para las exportaciones europeas ha menguado desde fines de la década pasada, mientras que la importancia de la UE como mercado de destino para los productos de LAC ha declinado desde hace más de una década.

El vigoroso comercio de México con los Estados Unidos y Canadá a partir de la entrada en vigencia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994 ha tenido un efecto algo distorsivo en los datos de intercambio entre la UE y LAC. Sin embargo, aún descontando a México, las exportaciones de LAC a la UE han crecido a dos tercios de la tasa de aumento de las exportaciones globales de la región durante el último lustro, mientras que las importaciones de bienes europeos se contrajeron más rápidamente que las importaciones globales de LAC.

El comercio de MERCOSUR con la UE ha crecido sólo un promedio de 2 por ciento anual en la última década, una tasa mucho menor a la tasa del comercio global de MERCOSUR. Durante el mismo período virtualmente no hubo crecimiento en el comercio entre la UE y la Comunidad Andina, mientras que el comercio entre la UE y América Central registró un modesto aumento.

En contraste, el comercio entre la UE y Chile tuvo un considerable incremento de un promedio superior al 5 por ciento anual durante la década pasada. México también registró crecimiento en su comercio con Europa. Curiosamente, casi todo el incremento se produjo antes de que entrara en vigor el tratado de libre comercio UE-México en el 2000. Las exportaciones mexicanas a Europa han declinado desde entonces, mientras que las importaciones de bienes europeos aumentaron notablemente en los últimos tres años. El deslucido desempeño de las exportaciones puede deberse en parte al aprendizaje que demanda la competencia en el mercado europeo.

Inversiones y cooperación

Los flujos de inversiones europeas a América Latina y el Caribe tuvieron un auge durante la década pasada, en la cual la UE pasó a ser la principal fuente de inversión extranjera directa en LAC. La IED europea alcanzó un récord de casi 41.000 millones de dólares en el 2000 pero luego cayó a unos 11.400 millones en el 2002 (según cifras preliminares, estos flujos siguieron menguando en el 2003).

Hay señales de que en el 2004, luego de cuatro años de contracción, los flujos de inversión en LAC volverán a crecer. Un repunte en la economía global y varias encuestas empresariales sugieren que la confianza en la región se está fortaleciendo.

No obstante, el informe señala: “LAC aún enfrentará serios desafíos en sus esfuerzos por atraer inversiones frescas de Europa y otras fuentes. La región deberá competir fuertemente contra países europeos orientales y asiáticos para captar la atención de los inversionistas”, agrega el informe.

La mayor parte de las inversiones europeas en América Latina se concentra en países del Cono Sur. A fines del 2001, Brasil reunía 38 por ciento del total de inversiones de la UE en la región, seguido por Argentina con 26 por ciento. Apenas 13 por ciento de todas las inversiones europeas en LAC están en México.

En cuando a cooperación externa, los países miembros de la UE y la Comisión Europea contribuyeron unos 16.600 millones de dólares a países de LAC entre 1994 y el 2002, una suma que representa 40 por ciento de toda la asistencia externa que llegó a la región en ese período. Nicaragua y Bolivia fueron los principales receptores de cooperación europea, absorbiendo casi 30 por ciento del total desembolsado entre 1994 y el 2002.

 

 

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