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Desordenes alimenticios cruzan líneas sociales

La gente suele asociar desordenes alimenticios con las clases medias y altas, pero el problema también es corriente entre mujeres de bajos ingresos, dijo la profesora de sociología de la London School of Economics and Political Science, Susie Orbach, en una reunión sobre problemas alimenticios y de salud mental que se realizó en la sede del BID. “Solo un dos por ciento de las mujeres en el mundo se sienten bellas”, agregó Orbach, declarando que la epidemia de desórdenes alimenticios y problemas con la imagen del propio cuerpo se ha convertido en un problema de salud pública.

Entre las causas del problema están la cultura visual de la sociedad contemporánea, la tendencia de algunas madres de transmitir inconscientemente a sus hijas las ansiedades sobre sus propios cuerpos, la industria de la dietética y los productos de belleza, y la idea de que la hermosura es inseparable de la autoestima, y los ideales limitados de la belleza.    

La anorexia es un desorden alimenticio cuando la persona no come, a veces hasta el punto de contraer una enfermedad o la muerte. Las que sufren de bulimia suelen tener episodios de “atracones” seguidos por medidas extremas de controlar el peso, incluyendo vomitando, estar de ayuno, los enemas, el uso excesivo de laxantes o ejercicio compulsivo. 

A pesar de que las consecuencias económicas y sociales sean más difíciles de medir, son significativas también. La investigación de Orbach muestra que un 72 por ciento de chicas y un 68 por ciento de mujeres evitan actividades normales pese a que tengan auto-percepciones negativas de sus apariencias: un 13 por ciento no va al médico; un 13 por ciento evita ir a la escuela; un 8 por ciento se escapa del trabajo; y un 16 por ciento decide no irse a una entrevista laboral.

“El BID reconoce la importancia de este asunto y está tratando de promover sensibilización acera del problema, el cual es muy importante para mujeres y jóvenes latinoamericanas y caribeñas”, dice Gabriela Vega, jefa de la Unidad de Igualdad de Género en el Desarrollo del BID.

El cetro de Medellín

La ciudad colombiana de Medellín se enorgullece de ser la capital de la moda de América Latina, pero también tiene otro título mundial: es la ciudad del mundo con mayores tasas de anorexia, bulimia y otros desordenes alimenticios, contando con un 17.7 por ciento de la población de chicas jóvenes en 2003, según Dra. Lucrecia Ramírez-Restrepo, profesora associadora de psiquiatría en la Universidad Antioquia de Colombia y directora de la Red de Prevención de Anorexia y Bulimia de la Ciudad de Medellín. Dicho número se compara con un 5.0 por ciento en España y un 10.2 por ciento en los Estados Unidos. 

Después de haber hecho investigación significativa acerca del problema, la Dra. Ramírez-Restrepo formó la Red de Prevención de Anorexia y Bulimia y lanzó “Proyecto Delgadez”, con el lema, “¿Flaca, Bonita, Feliz?”, para combatir el pensamiento común entre tanto los adolescentes como sus madres, padres y profesores, de que ser delgada significa ser bonita y feliz.

La campaña pone anuncios creativos en carteleras, revisitas y periódicos a través de la ciudad para enfatizar su punto gráficamente, usando imágenes de animales que parecen raros, como elefantes, cebras y rinocerontes “delgados” , seguidos por la línea “¿Se ve raro, no?... ¿y tú, como te ves?

“Nuestro proyecto es único porque además de trabajar con los jóvenes, también se involucra a los adultos de todos los sectores sociales”, dijo la Dra. Ramírez-Restrepo. “Estamos desarrollando cuatro componentes del proyecto, con un presupuesto de $3.8 millones en contribuciones de efectivo y en especie, incluyendo una campaña grande de los medios, un componente educativo para capacitar profesores y profesionales de salud, un parte de responsabilidad social con el sector privado que busca a evitar la propagación del “discurso delgado” en áreas como la ropa y la moda, y un componente de monitoreo y evaluación”.

La Dra. Ramírez-Restrepo y su equipo están trabajando con 570 representativas de una gama amplia de sectores, desde la municipalidad y la academia hasta los medios de comunicación y anuncios, las industrias de salud, ejercicio, moda, comida y entretenimiento, así como familias jóvenes y padres. “Sabemos que las intervenciones que se enfocan a fortalecer a jóvenes solos no funcionan; necesitamos concentrarnos en aliviar las presiones sociales que se enfrentan a ellos. Es por eso que la inclusión de adultos de todos los sectores relevantes es tan importante; tiene que incluir la auto-estima femenina en la agenda pública”, ella dijo. 

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