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La universidad en mi casa

Son las 9:30 de la noche en Lima y los cuatro hijos de Carolina Barriga al fin duermen. La televisión está apagada, el teléfono dejó de sonar y la casa recobra al fin un orden aceptable. Aprovechando el momento, la señora Barriga decide trabajar un ratito en su posgrado en administración de empresas (MBA).

Barriga se conecta a Internet por medio de su computadora y ve la respuesta detallada que su profesor de marketing ha enviado a una pregunta que ella le hiciera sobre su presentación del día anterior. Como parte de su respuesta, el profesor ha incluido parte de un video digital con la ponencia de un colega. Barriga ve el segmento en su computadora, imprime un capítulo de un texto electrónico, y envía un mensaje a un grupo de compañeros de clase con los que está preparando un plan de negocios simulado. Poco antes de la medianoche, desconecta la computadora y se va a dormir.

El profesor de Barriga vive en Monterrey, México, sus compañeros de curso se encuentran dispersos por media docena de países de América Latina, y su clase existe exclusivamente en espacio cibernético. Ella es una de 80.000 estudiantes en México y en toda América Latina que se han anotado en los cursos "virtuales" ofrecidos por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM). La mayoría de estos cursos utiliza una combinación de clases televisadas (transmitidas por satélite) y materiales interactivos basados en Internet. Pero para el año 2005, según Carlos Cruz, rector de la Universidad Virtual del ITESM, el grueso de los cursos virtuales se impartirá vía Internet exclusivamente .

La educación superior virtual, que en algunos círculos todavía se desprecia como un sueño futurístico, es ya una realidad en América Latina.

Distante pero excelente. Cuando Barriga decidió sacar su posgrado, después de haber trabajado durante años como ingeniera industrial en el sector telecomunicaciones, su principal preocupación fue la calidad de la enseñanza. Examinó el informe anual de la revista AméricaEconomía sobre los programas de MBA en América Latina y observó que el ITESM estaba clasificado en primer lugar, debido en parte al mayor porcentaje de estudiantes que recibía ofertas de trabajo tras su graduación. En principio pensó en trasladarse con la familia a Monterrey, pero le pareció una opción que alteraba demasiado sus vidas. Cuando un colega le informó que el ITESM había empezado a ofrecer la posibilidad de graduarse desde Perú, vía educación a distancia, su primera reacción fue de gran escepticismo. Sin embargo, después de asistir a una presentación sobre el programa en las oficinas del ITESM en Lima, su opinión cambio por completo.

"Me interesó la independencia y flexibilidad que ofrecía el programa virtual", recuerda. "Me gustaba la idea de poder leer los materiales y realizar los trabajos a mi conveniencia". Barriga había dejado su trabajo en telecomunicaciones en parte para dedicar más tiempo a su familia, tener la posibilidad de involucrarse más intensamente en las campañas políticas de su partido y ayudar a un pariente que estaba montando una fábrica de plásticos. "El programa virtual me ha permitido atender todos estos temas y, al mismo tiempo, tomar dos clases por semestre ", comenta.

Pero, ¿cómo era posible que la calidad de un curso virtual compitiera con la de las aulas tradicionales? Tras efectuar una evaluación minuciosa de los planes de estudio de los dos mejores programas de MBA en Perú, Barriga concluyó que el del ITESM era superior. En la práctica, incluso ha descubierto que las clases virtuales exceden a menudo sus expectativas, en términos de la atención personal que recibe de los profesores y de la calidad general de la enseñanza y materiales.

El toque personal.Una vez por semana, Barriga acude a las oficinas del ITESM en Lima para asistir a una clase de dos horas televisada en directo desde Monterrey. Durante esta clase, tanto ella como los aproximadamente 300 compañeros repartidos por media docena de países envían preguntas por correo electrónico que son atendidas por el profesor en orden de llegada. "Algunas veces, las preguntas que envío no reciben contestación durante la sesión de clase", comenta Barriga. "Pero, en casos así, la respuesta me llega antes de que finalice el día y, francamente, creo que esto es mucho más fácil que tratar de conseguir una cita con un profesor en una universidad convencional". Cada clase tiene un profesor principal y dos asociados, más un adjunto y dos especialistas para apoyo técnico.

Cuando se inscribió en los primeros cursos del ITESM en abril del 2000, Barriga confiesa, se sintió algo distanciada de sus profesores virtuales. Sin embargo, en pocas semanas logró establecer un nivel de conexión personal con ellos que considera inusual dentro de las grandes universidades. "Cuando mis profesores me envían un correo electrónico, a veces comienzan con una observación personal o demostrando preocupación sobre acontecimientos políticos en Perú", dice. También asegura que la naturaleza tan diversa y la variedad de nacionalidades de sus compañeros, y las discusiones de su clase que tienen lugar vía "chat rooms" de Internet, han hecho que su experiencia de aprendizaje sea mucho más enriquecedora de lo que hubiese sido en una aula de Lima.

La Universidad Virtual del ITESM no es barata. El MBA de Barriga costará alrededor de 18.000 dólares. Pero, según comenta, esta cantidad es igual o menor a la que hubiera pagado en cualquiera de las dos instituciones peruanas de mayor prestigio en programas de MBA.

Harvard vs. universidad local . ¿Es la experiencia de Barriga signo de una revolución en la educación superior? ¿Permitirá esto que estudiantes, que anteriormente tenían opciones de educación superior muy limitadas y a menudo mediocres, puedan pronto graduarse con títulos de las instituciones más prestigiosas del mundo, sin moverse de casa?

Esta es la perspectiva que promueve un número creciente de educadores y de compañías con fines de lucro. Para algunos, la educación virtual se presenta como un gran negocio, un medio para que las grandes universidades exploten su capital intelectual entre un mercado de alumnos mucho más grande. En Estados Unidos, donde este fenómeno ya está muy avanzado, se calcula que tres cuartas partes de las universidades del país ofrecen cursos virtuales de algún tipo. Según el International Data Research Corp., el número de alumnos en EE UU cursando estudios en línea para ciclos de cuatro años de graduación se triplicará entre 1998 y 2002 hasta alcanzar los 2,2 millones. Estas cifras han atraído a empresarios que han creado compañías con el propósito explícito de obtener licencias para que determinados cursos puedan ser modificados para explotar la oportunidad de Internet.

Quizás la más conocida de estas empresas es UNext, una compañía de capital privado basada en Deerfield, Illinois (EE UU). UNext, que cuenta con 400 empleados, ha invertido ya unos 100 millones de dólares preparando una serie de cursos por Internet en el área de negocios. UNext recibe el apoyo de Gary Becker, el ganador del premio Nobel de Economía que acuñó el término "capital humano", y un equipo de profesores-estrella e inversores de capital. Al igual que el ITESM, UNext se expande con agresividad fuera de los Estados Unidos y recientemente abrió delegaciones en Brasil. Según John Buerkle, presidente de UNext International, la compañía cree que la mayor parte de su crecimiento futuro se dará en los países en desarrollo. (Ver enlace a la derecha para leer una entrevista con Buerkle sobre la estrategia de UNext en América Latina).

No es para todos. Sin embargo, Barriga no es en absoluto una estudiante típica. Para empezar, contaba ya con una buena educación, importante experiencia laboral, recursos financieros considerables, y —lo que es más importante— la disciplina y motivación necesarias para completar sin supervisión un nivel muy exigente de trabajos. Según Claudio de Moura Castro, hasta hace poco uno de los principales expertos en educación del BID, estas circunstancias convierten a Barriga en candidata ideal para la educación superior virtual. Esto también pone de relieve el porqué el ITESM, UNext y empresas similares no representan, por el momento, una amenaza para las universidades tradicionales. (Ver enlace a la derecha para una entrevista con Castro sobre las promesas y limitaciones de las universidades virtuales).

De hecho, la mayoría de las compañías e instituciones que están apostando por la educación virtual no tienen ninguna intención de competir con las universidades tradicionales. Su objetivo es el sector especializado en ampliación de estudios en el área de los negocios: cursos cortos, enfocados en problemas concretos, necesarios para mantener a los ejecutivos al día en materia de gestión y tecnología. A pesar de que el ITESM, UNext y otras compañías tienen la intención de ofrecer más adelante una mayor variedad de cursos en línea, todos aseguran que la mayor parte de sus alumnos —y el fuerte de sus ingresos— les llegarán por medio de contratos con grandes compañías que, accediendo a un catálogo, podrán elegir cursos para sus empleados según estos los vayan necesitando.

Hasta los defensores más entusiastas de las universidades virtuales reconocen que algunas disciplinas, como la medicina, nunca se adecuarán a este medio porque exigen una gran inversión en trabajo de laboratorio y la interacción con médicos en su práctica con pacientes. Muchos estudiantes que aspiran a títulos en historia, trabajo social o literatura pueden obtenerlos ya por medio de la educación a distancia tradicional basada en la televisión, una práctica que se ha venido aplicando desde hace más de 20 años. La Open University de Gran Bretaña y la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) de España, por ejemplo, han licenciado a cientos de miles de estudiantes por medio de una metodología de enseñanza muy estructurada y largamente comprobada. En México y Brasil, programas similares dirigidos a estudiantes de secundaria y de entrenamiento vocacional han acumulado un historial impresionante de éxito.

¿Por qué Internet vendría a cambiar las cosas? Según sus defensores, la educación basada en Internet permitirá un avance gigantesco en la calidad de la enseñanza al introducir mecanismos interactivos y de colaboración que simplemente no se pueden dar dentro del paradigma tradicional de la educación a distancia. Aseguran también que Internet llegará a un mayor número de estudiantes y ofrecerá opciones más flexibles que los sistemas basados en la televisión. En resumen, anticipan una audiencia mucho mayor para una serie de productos mucho más sofisticados y ventajosos.

Las tres entrevistas que acompañan a este artículo ofrecen algunos indicios de cómo puede evolucionar este fenómeno. Mientras tanto, el BID está explorando maneras de ayudar a las universidades de América Latina interesadas en ofrecer cursos virtuales. El año pasado el Fondo Multilateral de Inversiones del Banco aprobó un préstamo no reembolsable por un millón de dólares a Asociación Promotora de Institutos Tecnológicos Superiores (TECSUP) de Perú, entidad especializada en capacitación técnica y profesional, para profundizar un programa de educación virtual (ver nota a la derecha). Y en septiembre del 2000, el BID organizó en su sede en Washington, D.C., un seminario que reunió a representantes de instituciones de educación a distancia de varios países de la región para analizar el desafío de las nuevas tecnologías.

En sus próximas ediciones BIDAmérica ofrecerá notas sobre los avances en la educación en línea en América Latina.

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