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Conferencia Desarrollo y Oportunidades de Infraestructuras en Iberoamérica

Quiero agradecerles por esta invitación para hablar ante tan selecto grupo de líderes empresariales, y abrir lo que considero un debate muy interesante sobre las tendencias en América Latina y el Caribe.

Con gran aprecio saludo a don Antonio Fernández-Galiano y a don Cristóbal Montoro.  Así mismo a los ministros que hoy nos acompañan, y a todos ustedes por su presencia.

He venido a España casi todos los años, para hablar en varios foros con inversionistas privados en América Latina y el Caribe. Muchos de ustedes han participado de estas discusiones.

America Latina es uno de los polos de mayor participación en la globalización. Los beneficios de los flujos comerciales y de la inversión son evidentes. Por ejemplo, en el 2004 el 50 por ciento de la inversión extranjera directa de China vino a la región.

America Latina ha mostrado solidez financiera, manteniéndose con efectos menores ante los recientes acontecimientos financieros. Si bien el epicentro de la crisis actual ha sido la titularización hipotecaria en los Estados Unidos, los mercados de títulos en la región han salido relativamente bien librados.

Como ustedes saben, el crecimiento en Estados Unidos se ha reducido, y sus expectativas futuras también. Sin embargo, las perspectivas para América Latina continúan sólidas:

  • Se estima que las economías de la región crecerán 5.3 por ciento en 2007 –el quinto año consecutivo por encima del 4 por ciento.

  • Las exportaciones crecerán cerca del 21 por ciento, el cuarto año de crecimiento.

  • En lo que va del año, los déficits de los gobiernos centrales promedian tan solo 0.3 por ciento del PIB y sus balanzas de pagos han registrado alzas históricas.

  • La acumulación de reservas internacionales ha sido realmente masiva, más de tres veces el monto de la deuda de corto plazo, que alcanza a cubrir cerca de siete meses de importaciones.

  •  La inflación promedio de la región se estima en 5.3 por ciento y se ha mantenido así durante más de una década.

  • Las predicciones del crecimiento económico para el 2008 se sitúan alrededor del 5 por ciento, el triple de la tasa de incremento poblacional.

Uno puede conjeturar que estas proyecciones están construidas bajo la hipótesis de que el resto del mundo seguirá creciendo y de que se mantenga la demanda de materias primas por parte de los países asiáticos, algo que no es del todo seguro. En este contexto, el principal reto de la región sería el de asegurarse que este extraordinario período de crecimiento mundial, y de altos precios a las exportaciones se aproveche bien. Y ello dependerá en buena medida de las decisiones que se tomen en materia de infraestructura.

El rápido crecimiento del comercio exterior ha resaltado las serias deficiencias de infraestructura en la región. Hoy, la región invierte solo el 2 por ciento de su PIB en infraestructura, comparada con el 9 por ciento de China. Si bien ha habido un aumento en tiempos recientes –particularmente en electricidad y telecomunicaciones que se llevó un 70 por ciento de la inversión privada-, es importante incrementar sustantivamente las inversiones para aumentar la capacidad existente. El puerto de Paranagua en Brasil, por ejemplo, tiene filas de camiones para descargas de soya que a veces llegan a los 50 kilómetros de largo.  Estas deficiencias implican, a la vez, oportunidades de inversión.

Se estima que las economías de la región deberían invertir al menos el 10 por ciento de su PIB en la financiación de proyectos de infraestructura.

Es claro que América Latina, como tal, está muy por detrás de otras regiones del mundo en proveer acceso a servicios públicos. Los servicios de electricidad, telecomunicaciones y transporte están siendo reportados como obstáculos para la operación y el crecimiento de sus negocios por más del 60% de las firmas que operan en la región.

Los efectos de la infraestructura en la competitividad y el crecimiento económico están bien documentados e indudablemente América Latina y los países del Caribe necesitan aumentar sus inversiones en esta área si quieren mantener un progreso aceptable, que permita la reducción de la pobreza y capitalizar las oportunidades de un aumento en el comercio internacional.

Los gobiernos de la región están tomando registro de las lecciones aprendidas de la privatización de los noventa. Reconocen que la infraestructura es tanto una responsabilidad pública como una oportunidad privada que va a requerir significativos recursos.

En general, las encuestas recientes realizadas por Latinobarómetro indican que la satisfacción con la privatización de compañías a lo largo de América Latina es relativamente solida. 

Los gobiernos de la región se están moviendo para implementar marcos que incentiven la inversión privada y las asociaciones público-privadas.  Están abriendo sectores estratégicos clave y proyectos de inversión privada – a pesar del rechazo de varios sindicatos y de fuerzas políticas opositoras.

Con la excelente noticia del descubrimiento de petróleo que logro Petrobras en el Océano Atlántico, este tipo de esquemas recibirán todavía más atención. Hoy en día Brasil figura entre los primeros tres puestos a nivel mundial en cuanto a la disposición de atraer inversión privada en Alianzas Publico Privadas junto con China e India.

Lejos de rechazar todas las formas de participación privada e inversión extranjera en infraestructura, hay un renovado entendimiento en el sector público de que la asociación con el sector privado es, en muchos casos, la forma de tener los recursos, el know-how y la habilidad para ejecutar proyectos de infraestructura.

El BID ha apoyado el sector de infraestructura desde su fundación. En 2006, ha aprobado 21 proyectos por un valor de 1.800 millones de dólares, incluyendo 16 proyectos en el sector público por un total de 1.400 millones de dólares y 5 en el sector privado por unos 350 millones de dólares. Entre 1995 y 2006 el BID destinó 16.700 millones de dólares a la financiación de 225 proyectos de infraestructura.

Hemos venido trabajando diversas iniciativas en este sector, entre las que destacan el Plan Puebla Panamá o el IIRSA, reflejo de la implicación del Banco en sectores estratégicos para el desarrollo regional. El más reciente ha sido el InfraFund creado el año pasado, como medio para la preparación y desarrollo de proyectos sostenibles en América Latina y el Caribe. La dotación inicial de este Fondo es de 20 millones de dólares y su objetivo es la promoción de proyectos de infraestructura imprescindibles para la región.

Otras iniciativas cubren los temas del agua y de energía sostenible.

Las empresas españolas han venido tradicionalmente cooperando con nosotros y con otras instituciones de la región en el desarrollo de estos sectores. Pero creo que en América Latina, tienen un papel fundamental que jugar, aún más en estos momentos. Cuentan con una experiencia reciente que pocos países europeos pueden ofrecer; han contribuido -y siguen haciéndolo- a la construcción de un tejido de infraestructuras en España que por sus dimensiones es el más importante hasta ahora en la Unión Europea. Esto ha permitido a España situarse en mejores niveles de renta y competitividad, con valiosas experiencias para analizar y compartir.

Además, otro de los aspectos esenciales a la hora de considerar este tipo de proyectos son las diversas fórmulas para la financiación y gestión de infraestructuras, y ahí también la experiencia de las empresas españolas es primordial. Las Asociaciones Público Privadas exigen suficientes fondos públicos para que el gobierno cumpla con su programa de pagos, un marco regulador, un sistema judicial, y sistemas de resolución de controversias adecuados para poder atraer a las empresas.

Creo que, en estos momentos, esas condiciones se dan en la mayoría de las economías de la región, aunque es cierto que aún queda cierto camino por recorrer en algunos casos, y en ello está también empeñado el Banco, con su apoyo a la creación de un clima de negocios adecuado.

En el Banco hemos identificado una serie de variables que tienen un impacto significativo a la hora de plantear la viabilidad de los proyectos de infraestructura en general y de las APP en particular. Serían básicamente:

  • el marco legal

  • el ambiente de riesgo político

  • los factores macroeconómicos

  • la capacidad institucional

  • la voluntad de pago de los usuarios de los servicios (sobre todo en sectores críticos como son los de agua y saneamiento)

  • la sostenibilidad de las tarifas

  • el tamaño de los proyectos

  • y el espacio fiscal.    

Para hacer frente a estos desafíos del desarrollo, en el BID hemos realizado una realineación, que era necesaria para adaptarnos a una región que es muy distinta a la de hace 5 años. Estamos volviéndonos un Banco más grande, este año alcanzamos la cifra record de 9.000 millones de dólares en aprobaciones, porque la región está creciendo, y estamos creando nuevos productos financieros. También queremos buscar nuevos socios, tanto en el sector privado como en otras instituciones de banca multilateral, ya que el mercado es tan grande que se requiere pensar en forma novedosa para enfrentar las necesidades.

En los últimos 12 meses hemos incrementado los límites de financiación de 75 millones de dólares a 200 millones para proyectos sin garantías soberanas. Nuestra meta es financiar 15 mil millones de dólares en los próximos 5 años, tanto al sector público como al privado.

Somos un Banco que entiende la región, y las enormes diferencias que hay entre países.  Por eso estamos descentralizando personal a nuestras representaciones. Nos renovamos para responder mejor a nuestros países prestatarios.

La infraestructura no es solo obra de ingeniería, es clara manifestación de nuestras intenciones para el desarrollo.  Por suerte, a pesar de las diferencias políticas entre los países, esta es una de las pocas áreas donde hay consenso entre los gobiernos: se necesita más infraestructura, porque hay conciencia de que esa es la forma como se distribuyen mejor las oportunidades. 

El comercio exterior ya representa el  50 por ciento del PIB de América Latina. Pero el potencial de crecimiento es enorme si es que se resuelven las limitaciones en infraestructura. En este proceso, España puede jugar un papel fundamental y el BID está en capacidad de contribuir, en calidad de socio, para ayudar al empresariado español a aprovechar las enormes oportunidades que hoy caracterizan a América Latina y el Caribe.

Muchas gracias.