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América Latina debe superar legado de inequidad para prosperar, afirma presidente del BID

América Latina, la región del mundo con la mayor desigualdad entre ricos y pobres, debe atacar las raíces de la exclusión social y la discriminación para poder prosperar, aseguró el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo, Enrique V. Iglesias.

En la apertura de un seminario sobre la inclusión económica, social y política en América Latina y el Caribe celebrado el martes 4 de mayo, Iglesias afirmó que la región debe sobreponerse a un legado de inequidad que margina a segmentos enteros de su población de los beneficios del desarrollo y la participación como ciudadanos plenos en sus propios países.

“Como la región con el mayor nivel de desigualdad en el mundo, América Latina es la que más ganaría con la inclusión social”, aseveró. “No podemos dejar a nadie afuera.”

Según estudios del BID, algunos países latinoamericanos con grandes poblaciones indígenas o afro-descendientes obtendrían inmensos réditos sociales y económicos si pusiesen fin a la exclusión que prevalece en sus sistemas de educación y salud y en sus mercados laborales.

En esas naciones, las personas de color tienen, en promedio, la mitad de años de educación que sus compatriotas blancos. El racismo se refleja en salarios menores, beneficios limitados y peores empleos para los integrantes de los grupos marginados.

El seminario reunió a representantes de agencias multilaterales, instituciones académicas, el sector privado y la sociedad civil para discutir cómo el BID puede alentar la inclusión mediante sus proyectos, investigaciones y esfuerzos de difusión.

La reunión también ofreció a los participantes una oportunidad para comparar las experiencias de América Latina y los Estados Unidos en el combate contra la discriminación. El orador principal del evento, H. Patrick Swygert, rector de la Howard University de Washington, instó a los presentes a inculcar una mayor comprensión de la importancia de la diversidad y los costos de marginar a personas económica, social y políticamente.

Swygert señaló que la discriminación persiste en los Estados Unidos, aun décadas después de que el movimiento por la igualdad racial logró victorias históricas como el fallo de la Corte Suprema que determinó en 1954 que la segregación en el sistema educativo era inconstitucional.

Los dirigentes del movimiento como Rosa Parks y Martin Luther King Jr tuvieron que bregar por muchos años más para que se realizaran cambios, agregó Swygert. No obstante esos avances, en la actualidad las peores escuelas en los distritos más pobres de los Estados Unidos tienen alumnados casi enteramente negros o latinos.

La exclusión social perdura porque las minorías siguen siendo “en gran medida invisibles para un mundo que apenas si sabe que existen”, afirmó Swygert. En América Latina, hasta hace pocos años sólo un tercio de los países consideraban las razas y etnias como factores en sus censos y encuestas.

Lucha contra la discriminación

Los participantes discutieron durante el seminario qué se está haciendo y qué se debería hacer para combatir la discriminación en América Latina y los Estados Unidos, así como qué pueden contribuir los distintos actores sociales para hallar soluciones.

El panel sobre inclusión económica analizó la experiencia de dos empresas estadounidenses, la Continental Airlines y la ATS-Chester Engineering, en la promoción de la diversidad y la creación de oportunidades para miembros de minorías, tanto dentro como fuera de sus organizaciones, mediante programas como la integración de una fuerza laboral diversa o el auspicio de pequeñas empresas.

En cuanto a la exclusión social, los panelistas subrayaron la importancia de focalizar los programas sociales para asegurar que los beneficios se acumulen preferentemente en los grupos más necesitados y no en quienes tienen más ingresos o más influencias. Asimismo destacaron la necesidad de armar coaliciones como una táctica efectiva para enfrentar la discriminación enquistada.

El panel sobre inclusión política concluyó que la exclusión social y económica no terminará si no se reafirman los derechos de los marginados a participar plenamente en sus sociedades, con voz y representación política. Si bien en algunos países los grupos indígenas han cobrado mayor fuerza política en años recientes, otros grupos históricamente discriminados siguen relegados.

El BID está trabajando con países miembros para ayudarlos a superar tales barreras. Desde el 2001 ha brindado apoyo financiero y técnico a las instituciones de censos y estadísticas de Honduras, Guatemala y Nicaragua para el entrenamiento de encuestadores bilingües y campañas para alentar a miembros de minorías a participar en los censos, herramientas fundamentales para orientar recursos y servicios públicos a quienes más los necesitan.

Al mismo tiempo, el BID también apoya programas sociales que concentran el gasto eficientemente en los más pobres y vulnerables. Tal es el caso del Programa Oportunidades de México, que ofrece subsidios a las jefas de hogares indigentes a cambio de que mantengan a sus hijos en la escuela y cumplan con revisiones médicas periódicas.

Otros programas dirigidos a aumentar la inclusión social invierten en elevar la calidad de los servicios de educación y salud, mejorar la infraestructura y los servicios públicos en barrios marginales, apoyar a microempresarias y a ampliar el acceso al sistema de justicia.

El BID también colabora con países donantes como Noruega y el Reino Unido, que han creado fondos para iniciativas dedicadas a la inclusión social de personas de minorías raciales y étnicas, los pobres y personas con discapacidades o VIH/SIDA.

Al cierre del seminario, el vicepresidente ejecutivo del BID, Dennis Flannery, observó que si bien se está haciendo mucho, aún hay queda mucho por hacer para romper el círculo vicioso de la desigualdad y acabar con la discriminación.

“El gasto focalizado puede ser una vía para atacar la exclusión, pero el impulso para todo cambio proviene de la dirigencia política, que puede ser un vehículo para cambiar actitudes”, señaló Flannery. “La asociación y el liderazgo, como se destacó en esta conferencia, son claves para superar la profunda exclusión en esta región.”

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