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El BID y las grandes mayorías de América Latina y el Caribe

Aunque en los últimos 50 años América Latina ha experimentado notables mejoras en indicadores sociales tales como educación y expectativa de vida, la proporción de personas que vive en la pobreza básicamente no ha cambiado. En la actualidad cerca de 360 millones de latinoamericanos y caribeños, es decir, siete de cada 10 habitantes de la región, viven con un ingreso inferior a 3.260 dólares al año.

Estas grandes mayorías han quedado excluidas de los beneficios del progreso material en gran medida porque carecen de acceso al tipo de herramientas y servicios que les permiten a las personas de mayores ingresos acumular un patrimonio que les facilita sobrevivir o sobreponerse a los reveses económicos que azotan a sus países.

Es por ello que en 2006 el BID lanzó una nueva iniciativa llamada Oportunidades para la Mayoría que apoya proyectos dirigidos específicamente a esa población, que representa un gigantesco mercado potencial de productores y de consumidores, hasta ahora marginados de la economía formal.

Para no dispersar sus esfuerzos, la iniciativa se concentrará inicialmente en sólo seis áreas donde el BID podría tener un alto impact la documentación de identidad de los excluidos; la incorporación masiva de estas personas en los sistemas financieros formales; la ampliación del acceso a la vivienda, los servicios públicos, la infraestructura básica y las tecnologías de información y comunicación; y la promoción de la micro, pequeña y mediana empresa y la capacitación laboral.

Por muchos años el BID ha estado activo en muchas de estas áreas. Bajo esta nueva iniciativa buscará forjar asociaciones con los gobiernos, el sector privado y organizaciones no gubernamentales para impulsar experiencias innovadoras y proyectos piloto capaces de ser evaluados y ampliados en caso de resultar exitosos. Además, la iniciativa se propone objetivos concretos y mensurables.

Uno de los principales objetivos que promueve la iniciativa es el acceso masivo a los servicios financieros formales como el crédito y el ahorro. En la mayoría de los países de la región el acceso a estos servicios es aún un privilegio de las minorías adineradas. El BID ha sido y continua siendo un gran promotor de las microfinanzas. Aunque en las últimas tres décadas esta actividad se ha convertido en una verdadera industria profesionalizada, aún menos de 10% de los microempresarios tiene acceso al microcrédito. Para poder aumentar el acceso al microcrédito y a otros servicios financieros clave, tales como el ahorro y los seguros, el BID alienta la participación de los bancos comerciales en el segmento de las microfinanzas, un proceso conocido en inglés como “downscaling”.

El BID también considera a las remesas como clave para permitir que millones de familias se incorporen al sistema financiero formal. El año pasado los emigrantes de América Latina y el Caribe enviaron más de 60.000 millones de dólares a sus países de origen, principalmente desde naciones industrializadas como Estados Unidos, Japón y España. Esos flujos de dinero, que sobrepasan con creces toda la ayuda externa oficial que recibe la región y han demostrado ser más constantes que la inversión extranjera directa, generalmente ni pasan ni permanecen en el sistema financiero formal, con lo cual se diluye su potencial como multiplicador de la actividad económica.

Es por eso que el BID y su Fondo Multilateral de Inversiones promueven la participación de entidades financieras formales en el negocio de las remesas, con el propósito de que éstas puedan contar entre sus clientes tanto a los emigrados que envían el dinero como a sus familiares en su país de origen. El FOMIN también financia proyectos innovadores que relacionan las remesas como el financiamiento de hipotecas “binacionales”, que permiten a los emigrados financiar la compra de bienes raíces en sus propios países mientras residen en el extranjero.

tra de las áreas en donde el BID tiene vasta experiencia es la micro, pequeña y mediana empresa. El BID lleva casi tres décadas apoyando la microempresa y fue pionero entre las instituciones multilaterales en respaldar a las entidades microfinancieras. Inicialmente mediante su Programa de Pequeños Proyectos, hoy conocido como Programa de Empresariado Social, el BID financia pequeñas operaciones que combinan objetivos de desarrollo comunitario con sólidos principios de gestión empresarial, generalmente con menos de un millón de dólares en financiamiento. Bajo la iniciativa Oportunidades para la Mayoría el BID realizará más proyectos innovadores capaces de hacerse a mayor escala para así incorporar a mayor número de personas de bajos ingresos.