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Acceso a Nuevos Mercados y Mejores Servicios para la Mayoría - Discurso para ceremonia de apertura

Quiero saludar muy especialmente a nuestro anfitrión, el Presidente de la República de Ecuador, ALFREDO PALACIO, quien nos honra con su presencia. Igualmente, quiero darle las gracias al Ministro de Economía y Finanzas y Gobernador del BID, Armando Rodas Espinel y al Alcalde de Quito, Paco Moncayo

Hoy nos volvemos a reunir, convocados por el tema central de este Foro,  el acceso a nuevos mercados y mejores servicios para la mayoría de la población de nuestra región. La generación de oportunidades para que centenares de millones de latinoamericanos y caribeños puedan compartir los beneficios económicos y sociales del progreso es la principal meta que he propuesto para la acción del BID en los próximos años.

En años recientes América Latina y el Caribe ha tenido un desempeño económico notable.

  • Desde la década de los años 60 que no veíamos índices de crecimiento tan sostenidos. En los últimos tres años hemos alcanzado un crecimiento promedio de 5% anual. Este año esperamos que no bajará de 4,5%. 
  • La inflación está bajo control en casi todos los países de la región. Tuvimos un promedio de 6,3% en 2005, un verdadero logro histórico, después de tantos años de tasas de inflación de dos dígitos.
  • El déficit fiscal se ha reducido a un promedio inferior a 1,5% del producto bruto regional, por debajo del de muchos países industrializados.
  • El nivel de deuda de los países de la región se ha reducido de 72% del producto bruto en el 2002 a 53% en el 2005.
  • El desempleo ha caído a niveles no vistos en casi tres décadas y la mediana de ingresos por salarios ha crecido 13% en términos reales desde el 2002.

Podríamos agregar datos sobre el auge de las exportaciones o la creciente vitalidad de los mercados de capitales nacionales, que reflejan, en la mayoría de los casos, una gestión macroeconómica acertada y una recuperación de la confianza dentro y fuera de la región.

Sin embargo, falta mucho por hacer en el plano microeconómico, para mejorar la productividad, impulsar las economías locales y aumentar la competitividad de nuestros países. La insuficiencia de la infraestructura física, las carencias de la educación, los bajos niveles de inversión en investigación y  la debilidad de las instituciones públicas impiden que florezcan las empresas y el empleo.

En materia de desarrollo humano y social, América Latina y el Caribe ha logrado resultados dispares. Según indicadores como esperanza de vida, mortandad infantil, alfabetización y escolaridad, nuestra región ha logrado espectaculares avances en las últimas décadas. Pero en otros aspectos exhibe  marcados rezagos. Por ejemplo, el ingreso per cápita ha crecido a tasas muy inferiores a las alcanzadas por otras regiones del mundo, como Asia. En los últimos 45 años el ingreso per cápita de la  región se ha duplicado, mientras que en países como Corea del Sur se ha multiplicado por 15.

Más de 210 millones de latinoamericanos y caribeños aún son pobres. Unas 60 millones de personas en esta región padecen de hambre, a pesar de que podríamos producir alimentos para 1.800 millones de personas.

En el plano político, un nutrido calendario electoral está mostrando la vitalidad de la democracia en la región. Más allá de los comicios, el funcionamiento realmente democrático de las instituciones depende tanto de  su fortaleza como del acceso que brinden a los ciudadanos para fiscalizar las acciones de las autoridades y hacer valer sus derechos. La transparencia y la eficiencia en el sector público refuerzan la legitimidad de los gobiernos y su capacidad para garantizar el estado de derecho, resolver conflictos sociales y crear condiciones propicias para el crecimiento económico.

La razón de ser del BID es precisamente impulsar el crecimiento económico para que los pueblos de nuestra región disfruten sus beneficios. Pero si las grandes mayorías no participan en ese progreso, no habrá desarrollo a largo plazo.

Por ello lanzamos en junio una iniciativa, Oportunidades para la Mayoría, para concentrar los esfuerzos del BID en áreas clave para el bienestar material de las personas en la base de la pirámide socioeconómica de nuestra región. Quiero aprovechar este Foro para explicar en qué consiste la iniciativa, cuyo éxito dependerá en buena medida de las alianzas que podamos forjar con instituciones de los sectores público y privado y de la sociedad civil, muchas de las cuales están representadas aquí.

Oportunidades para la Mayoría tiene objetivos específicos en materia de acceso a servicios financieros y de desarrollo empresarial, capacitación laboral, tecnologías de información y comunicación, infraestructura básica y vivienda. En su población meta, naturalmente, se encuentran los microempresarios y microempresarias de nuestra región.

El BID no puede generar el cambio en forma aislada. Tampoco tenemos respuestas a todos los problemas de la región. Por ello, como parte esencial de la iniciativa, estamos creando una Red de Innovación y Oportunidades para sumar esfuerzos y apalancar recursos con otras instituciones que compartan estos objetivos.

En una primera etapa, que comprenderá los próximos cinco años, nos concentraremos en cinco áreas prioritarias.  Estas  son:

  • Identificación de la mayoría

Para muchos latinoamericanos la exclusión comienza al nacer. Los niños sin partida de nacimiento suelen tener problemas para inscribirse en la escuela. Los ciudadanos sin documentos de identidad no pueden ejercer su derecho a votar. Tampoco pueden trabajar en el sector formal o recibir pensiones. La identificación de los indocumentados es un primer paso para acabar con su invisibilidad.

  • Democracia financiera

Los hogares más humildes no suelen tener acceso a servicios financieros formales que les permitan ahorrar, tomar préstamos, multiplicar sus activos, reducir riesgos o transferir recursos a costos razonables. Las alternativas informales como la usura son muy caras. La ausencia de lo que llamamos democracia financiera implica una incalculable pérdida de oportunidades para la acumulación de activos. Paradójicamente, la banca tradicional, con sus cálculos convencionales de ganancias y riesgos, no han querido ver el mercado que tenía bajo sus narices. En América Latina y el Caribe existen unas 60 millones de microempresas que generan aproximadamente 20% del producto bruto de los países de la región y brindan trabajo a decenas de millones de personas de escasos recursos. Sin embargo, sólo 8% de microempresarios de la región recibe algún tipo de crédito de una institución financiera. El segmento de los clientes de escasos recursos representa una gran oportunidad para las instituciones financieras que sepan cómo llegar a esa mayoría.

  • Generación de empleo y empresarialidad

Quizás el mayor problema socioeconómico de la región sea la generación de buenos empleos para la mayoría. Cerca de la mitad de la población trabaja en el sector informal por salarios bajos, sin beneficios ni protección social. Para mejorar las oportunidades de empleo se requieren inversiones y nuevas asociaciones que estimulen la formación de más empresarios, desarrollen servicios de capacitación laboral y colocación de empleo y establezcan nuevas cadenas de valor con participación de pequeñas y grandes empresas.

  • Servicios de infraestructura básica

La falta de acceso a servicios públicos e infraestructura básica como agua potable, saneamiento, electricidad, transporte urbano y caminos magnifican la pobreza y la exclusión. Una inversión en caminos rurales, por ejemplo, mejora el acceso a los mercados y reduce los costos de transporte, aumentando la productividad, el empleo y los salarios en el campo. Además conducen a mejoras en materia de salud y educación porque resulta más fácil llegar a los hospitales y a las escuelas. Para superar esta brecha necesitamos soluciones flexibles, innovadoras y de bajo costo.

  • Vivienda

En los países desarrollados la vivienda suele ser el principal activo de las familias de clase media. Sus gobiernos estimulan la construcción de hogares y el crédito hipotecario tanto por su impacto económico como por sus efectos sociales. En nuestra región sólo 35% de la población usa los mercados formales para comprar, construir, vender o mejorar sus viviendas o para usarlas como garantías de crédito. La autoconstrucción, la precariedad y el hacinamiento predominan entre el resto de la población.

Cada una de estas áreas representa desafíos enormes que requieren estrategias claras, recursos y perseverancia. En la sesión plenaria detallaré las propuestas del BID para atacar estos problemas durante los próximos cinco años. El Foro, además, se concentrará en la democracia financiera y la generación de empleo y empresarialidad, dos áreas clave para la microempresa.

El Foro ha crecido a través de los años para convertirse en un evento de alcance internacional.  Este año contamos con más de 1.100 participantes.

Estas reuniones representan espacios en donde podemos aprender de distintas experiencias y conocer ideas nuevas. Los invito también a aprovechar las oportunidades para estrechar vínculos con colegas que enfrentan desafíos similares.

Gracias por acompañarnos en esta grata tarea y espero que vuelvan a sus países inspirados y llenos de proyectos para llegar con mejores servicios a más personas de nuestras grandes mayorías.