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Los retos para aumentar el acceso al crédito y los servicios bancarios

Introducción

Buenos días a todos.  Lamento mucho no poder estar presente en esa encantadora Cartagena, acompañándolos en este importante evento, pero no me quería perder esta oportunidad de por lo menos estar con Uds. en forma virtual.

Me alegra ver que en esta cuadragésimo primera Convención se va a considerar un tema que es una de mis prioridades dentro del Banco Interamericano de Desarrollo, cual es la ampliación del acceso a servicios financieros para la mayoría.

Me complace también registrar, que el presidente Uribe ha establecido como prioridad de su segunda administración la expansión del acceso popular al crédito y la banca de oportunidades. 

Desarrollo para todos

El desarrollo económico, razón de ser del BID, se hace para la gente, para los ciudadanos. Si los beneficios del crecimiento económico no llegan a la mayoría de ellos, a largo plazo no hay desarrollo. En los últimos tres años, América Latina ha gozado de una situación económica que puede calificarse, serenamente, como espectacular. Pero la mayoría de latinoamericanos no ha mejorado sustancialmente su condición.

Por eso surgen, una y otra vez, demandas de cambio en América Latina. Si esto no cambia, toda la legitimidad del esfuerzo del desarrollo, se pone en cuestión.

En segundo lugar, el desarrollo es una combinación de buenas políticas, tanto macro como micro-económicas. El desarrollo de regiones como el sudeste asiático, por ejemplo, se basó en gran parte en numerosas instrumentos micro-económicos.

Pero en América Latina, a pesar de la titánica y exitosa tarea que hemos cumplido en lo macro, nos hemos olvidado a menudo de la dimensión micro del desarrollo.  Nos hemos quedado cortos en la creación y distribución de oportunidades. El ingreso per cápita de la región apenas si se ha duplicado en los últimos 45 años—el de Corea del Sur se ha multiplicado por 15! Los índices de pobreza y desigualdad se han mantenido estancados. Una gran mayoría de nuestra gente sigue esperando los frutos prometidos del progreso.

Tenemos que volver la mirada, por tanto, a la base de la pirámide, a esa inmensa mayoría de los latinoamericanos. Los esfuerzos múltiples que hemos hecho los Estados, la sociedad civil, las empresas, los municipios, los países donantes, las multilaterales, se han dispersado y hay amplia discusión sobre la efectividad de los mismos.

Democratización financiera

En este sentido, el papel de los mercados financieros es clave.  Existe amplia evidencia de la relación entre el desarrollo de los mercados financieros y el crecimiento económico y creo que nadie disputa la relación entre la profundidad y cobertura del sistema y la reducción de la pobreza.  Lograr el buen funcionamiento de los mercados financieros y de las instituciones financieras, que atraen ahorros y que los canalizan en proyectos de inversión productiva, debe ser una prioridad de política para los gobiernos y las instituciones financieras de desarrollo.

En pocas palabras, el desarrollo financiero permite que el individuo pueda expresar sus potencialidades y constituye un instrumento para realizar la “democracia financiera”. En América Latina hemos dado pasos históricos hacia la consolidación de la democracia política. Pero esta no se ha visto acompañada de la democratización de los medios y las oportunidades.

La democracia financiera es fundamental para lograr más inclusión, contribuir a la cohesión social y generar un crecimiento de amplia base. Por ende es crucial para el dinamismo económico y la estabilidad política.

En primer lugar, porque la exclusión financiera impide a las personas el acceso a recursos que le permitan potenciar su capacidad de trabajo y sus activos y los condena a un círculo de pobreza del cual será difícil salir. En el BID estimamos que en Colombia el “capital muerto”, el patrimonio de los más pobres que no se puede movilizar o apalancar, alcanza los $155 mil millones de dólares!

En segundo lugar, porque las Pymes y microempresas son vitales económicamente para la región, a pesar de su falta de un acceso adecuado a la financiación.  Estas constituyen el 98% de las empresas y, dependiendo del país, entre el 40 y el 50 por ciento del PIB y entre el 40 y el 60 por ciento del empleo.

En tercer lugar, porque más allá de su peso económico, las microempresas y Pymes son socialmente importantes. Por ejemplo, los análisis del BID muestran que el 70% de los asalariados más pobres son empleadores o empleados de las microempresas. Esto sugiere que existe una gran capacidad, no explotada, para reducir la pobreza en la región, haciendo más inclusivos los servicios financieros.

Finalmente, porque a nivel individual, la inclusión financiera genera optimismo, confianza en el futuro.  No se puede menospreciar la importancia del acceso a servicios financieros para la población ahora marginada, tanto en términos de su potencial contribución para salir de la pobreza, como para contribuir a la actividad económica, a la cohesión social y a la estabilidad política. Una población que participa de la actividad económica es mucho más propensa a identificarse con el resto de la sociedad a tener sentido de pertenencia y por ende contribuye a la estabilidad.  Al pertenecer, “tiene algo que perder”, lo cual contribuye a la cohesión social.

Falta de acceso a servicios financieros

Lamentablemente, los sistemas financieros de los países de América Latina y el Caribe no influyen en forma significativa sobre la vida de la mayoría de los habitantes de la región. El consiguiente “vacío de la intermediación” se refleja en mercados financieros poco amplios y profundos, fenómeno que impone límites a un crecimiento económico de amplia base y contribuye a perpetuar la desigualdad en toda la región.

Los servicios financieros básicos,  tales como  cuentas bancarias, créditos y seguros, paradójicamente tienen un costo superior para la gran mayoría en la base de la pirámide, desincentivando su utilización. 

En América Latina y el Caribe los bancos constituyen la fuente más importante de provisión de servicios financieros. A pesar de su importancia relativa en el financiamiento empresarial, los niveles de crédito al sector privado como porcentaje del PIB son extremadamente bajos comparados a los de los países industrializados.  Para América Latina el crédito total al sector privado alcanza el 25% del PIB, contra el 76% en países desarrollados.

En el último año el BID realizado un diagnóstico detallado de los mercados financieros de la región, llegando a la conclusión de que existen serias brechas en el acceso a los servicios financieros y que grandes números de personas en la región no tienen acceso a ellos. 

Por ejemplo, sólo un promedio del 10% de la población tiene cuentas de crédito, mientras que el acceso a otros servicios es aún menor en el caso de otros servicios tales como seguros y los mercados de capital (incluso en los Estados Unidos se estima que más de 40 millones de personas no tienen acceso a servicios financieros).

En el caso de los mercados de capital de América Latina, la capitalización y la liquidez de las bolsas es mucho menor que en otras regiones, y el número de compañías listadas ha disminuido en la última década. En nuestra región, aunque tenemos centenas de miles de empresas que son viables, sólo 1.648 están listadas en bolsas. Muchas menos aún tienen transacciones y, por supuesto, muy pocas, o casi ninguna, de las compañías listadas son pequeñas empresas. En Colombia, solo 33 empresas transan realmente en bolsa!

El papel de los bancos

En muchos de los países de la región nos encontramos en una situación caracterizada por una oferta sustancial de instrumentos de endeudamiento emitidos por los gobiernos – con montos a corto plazo todavía muy significativos.  Esta oferta suele producir una atrofia en el sistema financiero más que un desarrollo, al hacer un “crowding–out” del sector privado.  En Colombia, más de un tercio de la capacidad prestable de la banca está colocada  en el sector público.

Muchas instituciones de intermediación dejan de cumplir su papel y se dedican a invertir en papeles del estado, en detrimento de colocaciones, más difíciles, con el sector privado.  Este comportamiento sub-óptimo lo refuerza la regulación bancaria que persigue como objetivo máximo un sistema financiero estable.......... aunque no intermedie!  Las regulaciones de capital mínimo de los bancos conspiran en contra del desarrollo del sistema: “compremos bonos del estado que requiere menos capital, menos riesgoso y mas fácil…….y de paso no tengo que aumentar el capital del banco!” 

Por otra parte, los servicios financieros, impulsados por la maximización de beneficios, buscan economías de escala y de alcance, poniéndole un fuerte sesgo a la atención de grandes mercados urbanos y grandes clientes.  Ello ha hecho que se restrinja la cobertura de áreas menos pobladas, como el sector rural, y de menores ingresos. 

En el caso de Colombia, el entorno bancario es altamente regulado, llegando incluso a regulaciones innecesarias y contraproducentes Por ejemplo, la fijación de topes máximos a las tasas de interés activas, por la penalización de la usura, se convierte en un obstáculo importante al acceso al crédito de las microempresas informales, en las que por definición el riesgo de crédito es muy elevado.

El tema de la usura es tan viejo como la Biblia. Y aunque no tan viejo, es ya bastante establecido el efecto negativo que tienen los topes de tasas sobre el desarrollo del sector financiero. Ya en 1714 en Inglaterra, tras la baja en la tasa de usura, se percibía una reducción del acceso al crédito y un aumento del monto mínimo y promedio de los créditos. En Estados Unidos, el fallo de la Corte Suprema contra las tasas de usura en 1978 contribuyó al auge del mercado de tarjetas de crédito que hoy tiene activos por $452 mil millones de dólares y beneficia a 60 millones de hogares.

Pero este no es un fenómeno de países ricos. Países como Tailandia, Bangladesh, Suráfrica e Indonesia, y más cerca de casa, otros como Bolivia y Perú, han abolido las tasas de usura y son ejemplos en el desarrollo del microcrédito y la democratización financiera. Perversamente, el loable objetivo de reducir los costos de financiamiento para los pobres a través de controles de tasas solo ha contribuido a marginarlos de la posibilidad de acceder a servicios financieros. En el temas de las tasas de usura se puede afirmar, como dijo San Bernardo de Clairvaux en 1150, “de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”.

Adicionalmente, hay falta de competencia. Cuando se liberalizaron los mercados financieros en América Latina en los años noventa y se permitió la entrada de la banca extranjera, se comenzó a ver competencia y para lograr negocios se vieron estimulados a buscar clientes progresivamente menores. Esta competencia fue sumamente favorable para la profundización del acceso a los servicios financieros, no obstante, ha habido una tendencia a la concentración en unos pocos bancos.  Si bien es cierto que esa concentración permite alcanzar economías de escala y de alcance, condiciones necesarias para la eficiencia del sistema, debe buscarse un balance entre competencia y concentración. 

En Colombia, con la caída de la inflación y el aumento de la competencia, los márgenes financieros se han reducido, y el sector está viviendo un auge sin precedentes. Sin embargo, para garantizar su sostenibilidad hay que fomentar aún mayor competencia. Es notable por ejemplo que en Colombia los bancos extranjeros solo tienen entre 20 y 25% de los activos del sistema. En Chile el porcentaje es 40, en Venezuela 45, en Perú 60 y en México 80!

La alta rentabilidad no es de por sí un problema. Se convierte en problema cuando borra los incentivos para buscar otros mercados, para aumentar la cobertura. La bancarización en Colombia es muy baja. El promedio de los últimos cinco años para el crédito otorgado como porcentaje del PIB es del 19% para Colombia, 59% para Chile y 118% para España. Y las rentabilidades son buenas.  Por ejemplo, durante el año 2005, el margen financiero como porcentaje de los activos fue del 4.1% en Colombia, 3.9% en Chile, pero solo 1.6% en Canadá y 1.4% en España, aún a pesar de que el financiamiento al sector privado como porcentaje de los activos totales es de solo el 28% en Colombia, pero es 62% en Chile, 44% en Canadá y 49% en España. Ello refleja los elevados márgenes de intermediación como consecuencia de la falta de competencia, reduciendo la competitividad del país.

La liquidez del sistema bancario ha crecido significativamente en los últimos dos años, pero sólo Brasil y Chile han recuperado niveles de crédito al sector privado existente en los años .......................... sesentas!!   Por  ejemplo, Argentina y Venezuela tienen niveles de crédito al sector privado entre un cuarto y un quinto de lo que su grado de actividad económica justificaría. Sólo Chile tiene un nivel superior a lo que su actividad económica indicaría. 

En Bogotá y en Sao Paulo, menos del 40% de las familias acceden al sistema financiero y en Ciudad de México menos del 25%.  El numero de cajeros automáticos por 100,000 personas es de 127 en España, de 24 para Chile y de solo 10 para Colombia!!  Los costos administrativos en Colombia como porcentaje del total de activos son más de dos veces los de Chile y más de tres veces los de los países industrializados.

Es más fácil, más rentable y requiere menos capital, prestarle al gobierno y los grandes clientes. Y esta situación la estimula una regulación bancaria que privilegia la estabilidad sobre la intermediación.

Pero esta situación no es sostenible. Si los bancos no profundizan y amplían su accionar, surgirán medios alternativos en el mercado, que aprovechándose de los avances de la tecnología permitirían transferencias de recursos y harán la intermediación sin la infraestructura de la banca.

Ya estamos viendo como en países con baja bancarización, como Sudáfrica, han surgido sistemas basados en los smart cards y en telefonía celular prepagada que permiten transacciones entre personas y entre estas y comerciantes, sin necesidad de la infraestructura bancaria. El estado ha promovido estos canales como mecanismos de democratización, haciendo a través de ellos depósitos de transferencias públicas como pensiones, reintegros fiscales, y transferencias condicionadas a las poblaciones de menores ingreso, entre otras. Y ni que decir que los costos de transacción son mucho menores que los pagos con tarjetas de crédito o con cheques, que no llegan a las poblaciones de menores ingresos.  Es el futuro de las remesas. Me complace ver que en Colombia se está contemplando la posibilidad de utilizar los subsidios del SISBEN como un instrumento para aumentar la bancarización. No olvidemos además que ya hay más de 27 millones de usuarios celulares en el país!

Sudáfrica también ha sido pionera en la constitución de un fondo de acceso universal, similar al que se usa para promover la telefonía celular, donde los bancos hacen una contribución y, por contrapartida, reciben recursos del fondo en la medida que expandan el acceso. Porque no pensar en utilizar un mecanismo como el 4 por mil para un programa de este tipo que beneficia a la gente, pero también conlleva a la profundización del sistema.

La “tormenta perfecta”

La realidad de la baja bancarización, baja inclusión y bajo desarrollo de mercados de capitales  en América Latina y el Caribe debe cambiar radicalmente, no sólo para el bien de la región, sino también en áreas de la estabilidad y la rentabilidad a largo plazo del sistema financiero regional. Y ello puede lograrse con un trabajo concertado entre los sectores públicos y privados.

Es hora de que las instituciones financieras desarrollen mecanismos innovadores y nuevos programas para llegar a los mercados del micro financiamiento, las remesas y otros mercados sub-atendidos. Si las instituciones financieras latinoamericanas se comprometen sistemáticamente a aprovechar esta oportunidad, daremos un paso importante para mejorar las vidas y oportunidades de la mayoría de los habitantes de la región.

Y desde la perspectiva de las instituciones financieras,  creo que representa una oportunidad para abrir plenamente un mercado potencialmente enorme y rentable.

En mi opinión, vivimos lo que en navegación se denominaría una “tormenta perfecta” en lo que atañe a la democratización financiera. Las tasas de inflación están en niveles internacionales, las economías crecen, los bancos son rentables y están bien capitalizados, y la tecnología nos permite reducir costos y aumentar cubrimientos. Todo esto significa que quizás por primera vez en la historia de la región y el país, la bancarización es buen negocio.

Hay que aprovechar esta oportunidad, en este período en que el sistema financiero no esta experimentando presiones, para dedicarle a la democracia financiera la atención que hasta ahora no ha tenido.

Oportunidades para la mayoría

En el BID sabemos que hay impedimentos y obstáculos que se oponen a la plena participación de sus instituciones para aprovechar esta oportunidad, por lo que comprometemos nuestro apoyo para crear condiciones propicias para facilitar el ingreso y la expansión de sus instituciones en estos mercados.

¿Cómo hacemos para que esta mayoría pueda sacar provecho de sus energías y capacidades?

Precisamente, la mas alta de mis prioridades en el BID es asegurar el progreso económico y social de las poblaciones menos atendidas, lo que se conoce popularmente como la “base de la pirámide”.  Por ello hemos lanzado recientemente la iniciativa de “Creando Oportunidades para la Mayoría”, con la cual iniciamos un programa de acciones destinado a mejorar la calidad de vida de las poblaciones menos atendidas

Estas personas además pagan una multa, un impuesto, por su condición de pobres, una multa que se mide en mayores gastos para conseguir agua potable, horas derrochadas por falta de transporte adecuado, días laborales perdidos a causa de enfermedades fácilmente prevenibles.

Pero estas personas conforman la columna vertebral de nuestras sociedades y deben ser el foco de nuestros esfuerzos.  Uno de los pilares de la iniciativa es precisamente la Democracia Financiera.  Además de apoyar al desarrollo de los mercados financieros, pretendemos:

  • Triplicar el volumen de microcrédito en la región, con el objetivo de llegar a 15.000 millones de dólares en 5 años. También vamos a trabajar para reducir el costo promedio de las remesas de 5,6% en la actualidad a 3%.
  • Para la pequeña y mediana empresa, vamos a crear un nuevo programa de préstamos de 1.000 millones de dólares. Además, vamos a aumentar en 50% el financiamiento para capacitación laboral para llegar a 2.000 millones de dólares en los próximos 5 años.

Oportunidades 

Si miramos la pirámide poblacional, tenemos que concientizarnos que en su base existe un enorme mercado potencial, que aun no esta siendo atendido y que ofrece rendimientos. Hay que buscar desarrollar productos y servicios adaptados a las necesidades de esta mayoría poblacional a precios accesibles, que contribuirían a crear oportunidades de empleo lo que es fundamental para reducir la desigualdad y la pobreza.  Creo firmemente que además de obtener rendimientos sociales, se pueden lograr también rendimientos comerciales atractivos.  Pero para ello,  hay que dar un paso adelante en las estrategias tradicionales. Bajo el nuevo paradigma es fundamental desarrollar políticas, con incentivos bien estructurados.

Con una mayor competencia y una reducción de los márgenes, algunas instituciones financieras ya han comenzado a adentrarse en la provisión de financiación y servicios bancarios a las PyMEs, a las microempresas y a los hogares de bajos ingresos, acompañado por una expansión en la frontera de los productos micro financieros: tarjetas de crédito y debito; micro hipotecas; prestamos agrarios, cuentas de ahorro, micro seguros y remesas, así como algunos mecanismos informales de asistencia a los grupos de bajos ingresos.

Se trata de un nuevo sector de mercado con gran potencial, poco atendido por la banca hasta la fecha y que permite la diversificación del riesgo de la cartera y supone una base de clientes masiva y estable. Varias experiencias nos dicen que la existencia de metodologías de crédito especializadas en micro finanzas reduce el riesgo de este segmento a niveles iguales o inferiores a otros segmentos tradicionales.

La creciente cantidad de remesas, generalmente dirigidas a grupos de bajos ingresos, son ahora utilizadas mayormente para consumo.  Son pocos los que abren o tienen una cuenta bancaria, con la cual hacer una utilización productiva de esos recursos.  Las oportunidades de ofrecer productos tanto pasivos como activos  a este segmento son muy elevadas.

Además de superar una cultura organizacional que no considera atractivo este segmento de mercado, hay que obtener el compromiso de la alta gerencia para esta línea de negocio, conocer profundamente al cliente y el sector del mercado para desarrollar productos especializados, desarrollar personal, procesos y una tecnología crediticia y de servicios adecuada y flexible; desarrollar canales de distribución y modalidad corporativa para atender este mercado.

Conclusión

Como mencioné antes, yo me propongo reforzar el compromiso del BID de trabajar con los gobiernos en la puesta en marcha de reformas necesarias para establecer entornos habilitadores adecuados.

Creo que es imposible exagerar la importancia de las personas, las empresas y la actividad económica que forman la base de la pirámide. Son la columna vertebral de nuestras sociedades; pero no podemos seguir ignorando el mercado que representan, una fuerza económica que necesita obtener acceso a un sistema financiero moderno y a sus productos.

Si satisfacemos sus necesidades, la economía de nuestra región crecerá rápidamente y en forma más equitativa, y el sistema financiero de la región crecerá y estará en mejores condiciones para hacer frente a la inestabilidad de los ciclos económicos y, no está demás decir que es un buen negocio, como han descubierto muchos bancos comerciales que hacen el “downscaling” para atender esos mercados.

El crecimiento futuro y desarrollo de América Latina y el Caribe dependerá, en una buena parte,  de su propia habilidad para hacer más inclusivos una serie de servicios clave.  Especialmente cierto, en el caso del acceso a los servicios financieros porque, esa gran mayoría, pendiente de ser incluida, representa una enorme oportunidad en términos de crecimiento del PIB y del empleo.

Muchas gracias por la invitación y muchos éxitos.