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Trigésima novena asamblea anual de Felaban

Buenos días. Antes que nada, quiero disculparme por no poder acompañarlos personalmente esta mañana. Sin embargo, así sea por vía digital, es para mí un honor participar en la trigésima novena reunión anual de la Federación Latinoamericana de Bancos (FELABAN). Quiero agradecer a FELABAN por la invitación y a la Asociación de Banqueros Internacionales de la Florida como entidad anfitriona de este acontecimiento. Y quiero reconocer a Enrique García, un colega y amigo, cuya gestión en la CAF ha sido verdaderamente admirable.

FELABAN y el Banco Interamericano de Desarrollo han trabajado juntos a lo largo de las últimas cuatro décadas para promover el desarrollo del sistema bancario de la región y el cumplimiento de su función vital de contribuir al crecimiento económico y al bienestar de toda la población. Espero que podamos estrechar nuestros vínculos y seguir trabajando juntos por mucho años más, pues estoy convencido que la ampliación y profundización de la banca, el ahorro y el crédito son condiciones fundamental para el desarrollo sostenible y con equidad que todos anhelamos para América Latina y el Caribe.

Una de mis prioridades  principales en el BID es hacer que esta institución se convierta en un socio mucho más ágil, eficaz y relevante de los sistemas y entidades financieras de la región. Yo estoy convencido que nuestro enfoque, antes que competir como fuente de financiamiento con los bancos de la región, es asociarnos con ustedes y apoyarlos para que puedan cumplir con eficacia la importante tarea que tienen como impulsores del ahorro, la inversión, el empleo y, en definitiva, el desarrollo. Nosotros no podemos cumplir nuestra misión solos, y creo que tenemos mucho que aportar para el cumplimiento de las misiones de todos ustedes.
En aras de la brevedad, voy a hacer rápida referencia a tres prioridades estratégicas de mi gestión en el BID que son de relevancia para ustedes, y luego extenderme un poco más en una cuarta prioridad que considera especialmente trascendental y oportuna de tratar en este foro.

Infraestructura

Una prioridad importante del BID en los próximos años será ampliar la financiación de proyectos de infraestructura; en especial los que eliminan cuellos de botella al desarrollo y que por su naturaleza transnacional o por complejidades ambientales o sociales sean difíciles de financiar por la vía exclusiva del mercado. En momentos como el actual de expansión del comercio, tratados de integración y altos precios de la energía, la infraestructura resurge como prioridad clave de la agenda de competitividad regional. Las necesidades son tan grandes—se estiman entre $80.000 y $160.000 millones de dólares anuales—que solo constituyendo alianzas efectivas entre los sectores público y privado se podrán satisfacer. En este frente, el BID tiene mucho que aportar, pues tiene gran experiencia y está singularmente posicionado para servir de interfase entre gobiernos y empresas, entre países, y con grupos de la sociedad civil.

Actualmente, estamos trabajando para fortalecer nuestras capacidades analíticas y de estructuración financiera y legal de proyectos en el sector de infraestructura, así como en el desarrollo de nuevos instrumentos para impulsar el crédito e inversión en el mismo. Yo los invito a que exploremos la posibilidad de trabajar en llave en este importante sector, crucial para integrar a Latinoamérica y el Caribe con el mundo y para insertar a regiones remotas y pobres de nuestro hemisferio con la economía del siglo XXI.

Sector Privado

Otra prioridad que nos hemos establecido en el Banco es ampliar nuestra actividad con el sector privado. Ningún proceso de desarrollo es viable o sostenible sin un sector privado dinámico y en expansión, pues éste es el propulsor de la inversión, la producción y el empleo; y sin el concurso activo de sus recursos, su capacidad de gestión y su poder de innovación no avanzaremos en la lucha contra la pobreza y la inequidad, ni podremos atender desafíos puntuales como la brecha digital, el “shock” energético y la competencia asiática. Por este motivo, es imperativo que el BID pueda prestar más y mejores servicios a nuestros empresarios, en más sectores y con menores tiempos y trabas; dando énfasis, por supuesto, a proyectos privados de gran impacto en el desarrollo y que por fallas de mercado o problemas de escala son difíciles de financiar exclusivamente con recursos privados.

Al mismo tiempo, el Banco tiene un rol importante que jugar como interlocutor entre sector privado y gobiernos para mejorar los climas de negocios de la región. Como ustedes saben, los indicadores muestran a una región con graves carencias en el desarrollo, eficacia y agilidad de los marcos legales y regulatorios y en la infraestructura básica necesaria para fomentar el desarrollo empresarial. Estos obstáculos afectan a todos los empresarios, grandes y pequeños, y por ende también a millones de trabajadores. El BID va a redoblar sus esfuerzos en sus diálogos y préstamos de política a los países para impulsar la generación de mejores condiciones para la inversión y el empleo a todos los niveles de nuestras economías.

Una vez más los invito a que exploremos juntos proyectos de financiamiento en el sector privado donde consideren que el BID les pueda agregar valor. Hoy los acompaña Hans Schulz y otras personas de nuestro Departamento de Sector Privado quien les pueden dar más detalle sobre los nuevos instrumentos que estamos desarrollando y aplicando. De especial interés para ustedes es el Programa Regional de Facilitación del Comercio, el cual le permite a los bancos de América Latina y el Caribe que se afilien al mismo incrementar su acceso a una amplia gama de bancos internacionales de primer nivel para financiar riesgos relacionados con el comercio exterior, así como otros instrumentos innovadores que tenemos de financiación de exportaciones.

Innovación Financiera

Una tercera prioridad que hemos identificado para el BID y que es relevante para ustedes, es ser más creativos e innovadores en el manejo financiero tanto de nuestro activo como de nuestro pasivo. Yo considero que el BID tiene un rol importante que jugar en la profundización, diversificación e integración de los mercados de capitales de nuestra región, a la vez que ofrece mayores alternativas a sus clientes y acreedores. En los últimos dos años, el BID colocó papeles propios denominados en reales brasileños y pesos mexicanos, colombianos y chilenos en los mercados internacionales. La importancia de estas muy exitosas emisiones pioneras, es que en varios casos, fueron seguidas de emisiones similares de deuda soberana de los países. Eventualmente creo que empresas y bancos privados también se podrán aprovechar de este tipo de oportunidades.

Me parece que hay un campo grande para crecer aún más nuestras operaciones de activo y pasivo en moneda local, de ofrecer préstamos a entidades sub-nacionales, de generar instrumentos de “hedging” y gestión de riesgo que puedan ser utilizados por países, bancos y empresas de la región para hacer frente a desafíos como los desastres naturales, los altos precios de la energía o la gran concentración de activos pensionales en títulos de deuda pública. Vamos a realizar un gran esfuerzo en los próximos años para sofisticar nuestra maquinaria financiera al tiempo que velamos por mantener nuestra clasificación triple-A y contribuimos a la estabilidad financiera de la región.

Democracia financiera

Para ustedes no es un secreto lo que señalan muchos estudios, incluyendo varios del BID, en cuanto a que los sistemas financieros de América Latina y el Caribe tienden a ser pequeños e inestables, y que el crédito es más costoso que en otras regiones del mundo. Asimismo, la región ha sido propensa a sufrir crisis bancarias que afectan en forma sustancial el crecimiento, la inversión y los avances contra la pobreza. Estos ciclos pronunciados afectan la viabilidad de que nuestros bancos profundicen su accionar hacia nuevos segmentos y capas del crédito empresarial e individual y hacen mucho más difícil crear, introducir y sostener en el tiempo nuevos productos financieros para las necesidades del mercado. Es evidente que los sistemas financieros y la región como un todo deben dar prioridad a hacer frente a los obstáculos que impiden el logro de una mayor estabilidad en el largo plazo. El BID, por su parte, está comprometido a participar plenamente en ese esfuerzo común.

No obstante, por lo menos el año pasado, las noticias sobre la evolución a corto plazo del sistema financiero de la región han sido muy satisfactorias:

  • El crédito ha venido aumentando y su calidad ha mejorado
  • La liquidez se ha incrementado extraordinariamente
  • Y las ganancias han aumentado

De hecho, muchos expertos dicen que 2005 es un “año dorado para los bancos”.

En consecuencia, quiero aprovechar esta oportunidad, en un período en que los bancos no están experimentando presiones, para examinar con ustedes un tema muy importante, que no ha recibido la atención que merece: LA DEMOCRACIA FINANCIERA

La verdad pura y simple es que los sistemas financieros de los países de América Latina y el Caribe no influyen en forma significativa sobre la vida de la mayoría de los habitantes de la región. El consiguiente “vacío de la intermediación” se refleja en mercados financieros poco amplios y profundos, fenómeno que impone límites a un crecimiento económico de amplia base y contribuye a perpetuar la desigualdad en toda la región.

Para del Banco Interamericano de Desarrollo, se trata de un problema crucial de desarrollo que se ubica en los primeros lugares de nuestra agenda. Y desde la perspectiva de los bancos comerciales,  creo que representa una oportunidad singular para abrir plenamente un mercado potencialmente enorme y rentable, representado por la mayoría del Hemisferio.

Supongamos que la economía de la región es como una pirámide cuya base está compuesta por el 70% de su población adulta y el 90% de sus empresas. Históricamente, el sistema financiero de la región ha centrado su interés casi exclusivamente en el vértice de la pirámide, creyendo que atender las necesidades de quienes viven y producen por debajo de la cima implica un riesgo excesivo y utilidades exiguas. Esa creencia ha contribuido a que siete de cada diez personas y casi nueve de cada diez empresas carezcan esencialmente de acceso a instituciones financieras formales o a sus productos.

Esa realidad debe cambiar radicalmente, no sólo para el bien de la región, sino también en aras de la estabilidad y la rentabilidad a largo plazo del sistema financiero regional. Y ello puede lograrse con un trabajo concertado entre los sectores públicos y privados. Quisiera ofrecer dos ejemplos ilustrativos concretos a ese respecto: microfinanciamiento y remesas.

Microfinanciamiento

El microfinanciamiento, como propuesta sostenible y rentable de negocios, comenzó en América Latina, con apoyo del BID, hace más de 30 años; en los 10 últimos años nuestra institución ha venido proporcionando diversas formas de financiamiento, incluyendo inversiones de capital, para promover la integración del este canal en el sector financiero más amplio. Para lograrlo, el Banco ha financiado a intermediarios financieros que proveen capital inicial y ha transformado organizaciones no gubernamentales en entidades de tipo comercial reglamentadas. A lo largo de ese período, América Latina y el Caribe se convirtió en el laboratorio de un modelo mundial de microfinanciamiento en el que se hizo hincapié en técnicas crediticias disciplinadas, la orientación hacia el logro de rentabilidad, la reforma de las ONG para convertirse en intermediarias financieras formales, y la prestación de servicios financieros no limitados al otorgamiento de crédito.

Ese sector cuenta hoy con más de 80 intermediarias microfinancieras especializadas, incluidas algunas que son bancos. La cartera media ajustada en situación de riesgo de las principales empresas del mercado no llega al 1%. Las ganancias de las 20 instituciones microfinancieras de más alto nivel presentan un retorno del capital que oscila entre un 15,7% y un notable 43,9%. Un hecho aún más destacado es que la tasa anual de crecimiento de las carteras de las diez instituciones microfinancieras mejor catalogadas supera el 50%.

Se estima que el sector microfinanciero de la región está conformado actualmente por 4 millones de clientes, con una cartera que llega a alrededor de $4.000 millones de dólares. Las instituciones microfinancieras de la región no sólo crecen rápidamente, sino que son, asimismo, uno de los segmentos más estable del sistema financiero.

No obstante, las instituciones microfinancieras apenas llegan a satisfacer el 10% de la demanda. Aunque los resultados del sector son muy positivos, el incremento de la oferta de microfinanciamiento todavía va a la zaga del crecimiento del mercado potencial. Creemos que para atender plenamente la demanda es indispensable que los bancos comerciales comiencen a participar vigorosamente en esa importante labor, con su poder multiplicador y de extensión, y con la infraestructura y tecnología que pueden proporcionar.

La región cuenta con varias entidades innovadoras que ocupan posiciones de vanguardia en materia de microfinanciamiento y cuyas técnicas de gestión y mejores prácticas se han dado a conocer a través de redes mundiales como Acción International y Women’s World Banking. Estas además están realizando esfuerzos significativos para transferir esos conocimientos a los bancos de la región. El microfinanciamiento ya ha superado con creces la etapa teórica o de formación.

Permítanme exponer tan sólo unos ejemplos del enorme potencial de este sector.

  • Banco Procredit es hoy una entidad de vanguardia en materia de microcrédito a escala mundial, que opera en cuatro continentes y tiene activos por valor de $2.000 millones de dólares. Comenzó con pequeños planes de microfinanciamiento en El Salvador y Bolivia y experimentó un crecimiento tan acelerado que percibió la necesidad de convertir sus instituciones en bancos. Actualmente tiene una red regional en América Central, Bolivia, Ecuador y Haití y está considerado como el “gold standard” desde el punto de vista de sus resultados financieros. Ha sido una institución de primera línea en cuanto a integración de micropréstamos, servicios de remesas, préstamos para la vivienda y cuentas de ahorro en sus bancos y ha probado la tesis de que los pobres pueden contarse entre los clientes de mejor desempeño.
  • PRODEM FFP es un fondo financiero privado que ha logrado una clara ventaja competitiva en Bolivia creando soluciones basadas en tecnología patentada que reduce los costos, atiende mejor las necesidades de los clientes existentes y brinda acceso a sus servicios a los clientes rurales. Fue la primera institución en establecer un sistema de reconocimiento de impresiones digitales para “tarjetas inteligentes”, como adaptación a las características de algunos de sus clientes.
  • Bancos comerciales como el Banco Pichincha, en Ecuador; el Bancolombia y el Banco Caja Social, en Colombia; el Banco Santander y el Banco del Estado, en Chile; el BHD y el Banco Ademi, en la República Dominicana; el Banco de Crédito y el Banco del Trabajo, en Perú, y el Banco del Caribe, en Venezuela, entre otros, han adaptado tecnologías de microcrédito para abrir “ventanillas” y ofrecer toda una gama de servicios a este segmento del mercado, registrando a la vez cuantiosas ganancias.

En resumen, el microfinanciamiento —en tanto sea sostenible, de orientación comercial y rentable— da resultados. Pero es mucho más lo que tenemos que hacer. Hay decenas de millones de laboriosos clientes potenciales a quienes tenemos que proporcionar acceso a los productos financieros de nuestros bancos para ayudarlos a hacerse autosuficientes, y a realizar su potencial económico en beneficio de sus familias y de las comunidades en las que viven. Atender a ese mercado no sólo beneficiará a la sociedad en general, sino que además premiará a las instituciones que reconozcan el potencial de ganancias que implica llegar a la mayoría social del Hemisferio.

Remesas

Aun cuando el microfinanciamiento es un fenómeno relativamente reciente, la transferencia internacional de dinero a familiares —es decir, el envío de remesas— es una realidad de muy larga data. En el curso de muchas generaciones, millones de trabajadores migrantes han venido remitiendo miles de millones de dólares a sus países de origen para mantener a sus familias; pero esas corrientes de dinero y de personas han permanecido ocultas a plena vista durante décadas. ¿Por qué? Porque el dinero generalmente se envía en pequeñas sumas, comúnmente al margen del sistema financiero formal, y los trabajadores por lo general viven en zonas marginales de la sociedad.

Todo eso está cambiando. Hoy se admite en forma amplia que las remesas son esenciales para la supervivencia de millones de familias y para la solidez de muchas economías nacionales en toda la región de América Latina y el Caribe. Se prevé que en 2005 el monto de las remesas a la región supere los $55.000 millones de dólares, lo que haría de nuestra región el mayor mercado de remesas del mundo. De hecho, las corrientes de ese género se aproximan a las afluencias combinadas de toda la inversión extranjera directa y de la asistencia oficial para el desarrollo.

Se estima que 25 millones de adultos nacidos en la región viven fuera de sus países de origen. Aproximadamente el 65% de ellos envían dinero regularmente a sus hogares, por lo común en partidas de $100 a $300 dólares al mes, lo cual genera unas 200 millones de transacciones por año; la mayoría abrumadora de las cuales se realiza fuera del sistema financiero formal.

Se estima que actualmente menos del 10% de quienes reciben remesas tienen acceso a cuentas de ahorro, préstamos u otros servicios financieros básicos. Sin embargo, si el sistema financiero se abriera en proporción a la escala y alcance de las remesas de la región podría disponerse de un instrumento de desarrollo muy poderoso para multiplicar su impacto económico para millones de familias.

Tal como sucede con las microfinanzas, los bancos en general han dejado el mercado de remesas de muchos miles de millones de dólares a otras entidades. En este caso a Western Union y a un creciente número de compañías de transferencia de dinero que compiten unas con otras. En la actualidad, lo habitual es que las remesas de efectivo se entreguen a través de redes de bodegas, casas de cambio y otros mecanismos informales, pero un significativo porcentaje de ellas se distribuyen también a través de miles de oficinas de bancos comerciales que actúan como agentes de las compañías de giros de dinero. Literalmente, millones de potenciales clientes acuden mensualmente a sucursales bancarias para recoger remesas en efectivo, y se marchan sin que jamás se les ofrezcan otros productos, como cuentas de ahorro.

No obstante, algunos bancos están comenzando a aprovechar la oportunidad de transformar a esos “visitantes” en clientes en todo el sentido de la palabra, e incluso procuran realizar ventas cruzadas a escala internacional, poniéndose en contacto con remitentes en el extranjero por teléfono o correo electrónico para vender productos para sus familias en sus países de origen. Los siguientes son apenas unos pocos ejemplos interesantes:

  • En Ecuador, el Banco Solidario es un banco de microcrédito que ha aunado fuerzas con varios grandes bancos de ahorros españoles para que los migrantes puedan remitir fondos directamente a sus familias. Al mismo tiempo se ha asociado con una red de 20 cooperativas que operan en Ecuador, para entregar las remesas en zonas rurales. Un hecho importante es que el Banco Solidario está ofreciendo a sus clientes productos hipotecarios garantizados por el flujo constante de remesas.
  • En México, el Banco Federal de Ahorros (Bansefi) ha creado una “Red de la Gente” para ayudar a los migrantes mexicanos que viven en los Estados Unidos a remitir dinero en efectivo directamente a cuentas de ahorro en cooperativas rurales. Por su parte, Su Casita, una empresa de vanguardia en el mercado de vivienda para personas de bajos ingresos, cuya cartera asciende a $2.100 millones de dólares, puso en marcha recientemente—con asistencia del BID—un proyecto piloto para promover préstamos hipotecarios para personas que efectúan remesas desde los Estados Unidos, abriendo así un nuevo mercado.
  • En Perú, con el programa “Cuenta conmigo” del Banco del Trabajo las personas que reciben remesas desde Japón pueden obtener acceso a todos los servicios del banco, el cual está creando nuevos productos de préstamo hipotecario y para rehabilitación de viviendas.
  • En El Salvador y Guatemala se están estableciendo vínculos con cooperativas de crédito y con instituciones microfinancieras para que las remesas se depositen en forma directa en cuentas de ahorro y usar esas afluencias para poner a las familias en la “senda que conduce al crédito”.
  • En Nicaragua, el BID promovió las transferencias intra-regionales de dinero entre Costa Rica y Nicaragua enlazando a una institución financiera nicaragüense, Findsa, con una financiera que opera en Costa Rica.
  • Las adquisiciones recientes de bancos norteamericanos en Texas y California por parte del BBVA, y otras similares de Citigroup en Texas y de Scotiabank en El Salvador apuntan también a que algunos de los bancos másimportantes del mundo han entendido el enorme potencial de negocio que representan las remesas.

El proceso de envío y recepción de remesas está experimentando cambios extraordinarios. Es posible que en los próximos cinco años el sistema se transforme en todos sus aspectos, a través de un mayor uso de la tecnología y una competencia más intensa, que incluya el ingreso pleno de los bancos.

En lo que resta de la presente década, las remesas enviadas a la región de América Latina y el Caribe pueden pasar del sistema actual de “efectivo a efectivo” al sistema de transferencias electrónicas o digitales, de “cuenta a cuenta”. Con este cambio, será posible incorporar al sistema financiero a millones de nuevos clientes y apalancar las remesas enviándolas a bancos y vinculando esas corrientes con cuentas de ahorro y préstamos hipotecarios para la vivienda, e incluso la titularización de bonos para el otorgamiento de subpréstamos a pequeñas empresas.

No cabe duda de que Western Union ha comprendido el potencial que ofrece el mercado de la base de la pirámide económica. ¿Por qué no los bancos? Los estudios realizados por el BID muestran que alrededor del 20% de las remesas —es decir $11.000 millones de dólares anuales— pueden destinarse al ahorro, la vivienda y otras formas de inversión, como las pequeñas empresas de propiedad familiar. Esa suma es similar a la que habitualmente prestan el BID y el Banco Mundial juntos cada año a la región de América Latina y el Caribe.

Como suele decirse en Washington, “mil millones de dólares por aquí, mil millones de dólares por allá, y al cabo de poco estaremos hablando de dinero en serio”. Las remesas son “dinero en serio”.

Conclusión

Es hora de que las instituciones financieras desarrollen mecanismos innovadores y nuevos programas para llegar a los mercados del microfinanciamiento, las remesas y otros mercados subatendidos. De hecho, FELABAN y varios bancos de la Federación ya han comenzado a reconocer esa oportunidad. El programa de FELABAN destinado a promover el microfinanciamiento ya ha arrojado resultados tangibles en la creación de mayor conciencia, lo que llevará a la firma —el día de mañana, por parte de Women’s World Banking, FELABAN y otras entidades— de la declaración Bancarización para la mayoría: Microfinanzas rentables y responsables. Este documento refleja las más importantes lecciones aprendidas por los principales bancos de América Latina sobre lo que se requiere para crear sistemas de microfinanciamiento viables. Varias de las diecinueve asociaciones bancarias que integran FELABAN ya han dado a conocer su respaldo a ese documento. Tengo la convicción de que si los bancos latinoamericanos se comprometen sistemáticamente a aprovechar esta oportunidad, daremos un paso importante para mejorar las vidas y oportunidades de la mayoría de los habitantes de la región.

El BID, por su parte, ha asumido el firme compromiso de trabajar en conjunto con el sector privado en el marco de esos esfuerzos. Sabemos que hay impedimentos y obstáculos que se oponen a la plena participación de sus instituciones para aprovechar esta oportunidad, por lo que comprometemos nuestro apoyo para crear condiciones empresariales propicias para facilitar el ingreso y la expansión de sus instituciones en estos mercados.

Como mencioné, yo me propongo reforzar el compromiso del BID de trabajar con los gobiernos en la puesta en marcha de reformas necesarias para establecer entornos habilitadores adecuados, tales como:

  • Mejores regímenes normativos para que los bancos operen en la esfera del microfinanciamiento.
  • Directrices internacionales claras y transparentes sobre las políticas de “conocer a los clientes” para la transferencia de dinero.
  • Simplificación de las políticas tributarias y de los requisitos para la creación de empresas.
  • Reforma de los derechos de propiedad y los procedimientos que limitan la posibilidad de pignorar bienes inmuebles y muebles.

Como parte de ese proceso, me complace que el BID suscribirá hoy día, junto con FELABAN, un programa de asistencia técnica para llevar adelante los esfuerzos que realiza la Federación en nombre de los bancos de la región para aplicar sistemas de lucha contra el lavado de dinero.

A través de sus ventanas al sector privado, el BID seguirá promoviendo la innovación. Por ejemplo, la Corporación Interamericana de Inversiones y el Fondo Multilateral de Inversiones han trabajado mano a mano con FELABAN en el diseño y análisis de un programa destinado a proporcionar asistencia técnica y financiamiento a bancos seleccionados de la región interesados en “reducir la escala” de algunas de sus operaciones, para otorgar un mayor número de préstamos para pequeñas empresas. El Departamento del Sector Privado del Banco apoya activamente los programas de comercio de la región mediante su programa de facilitación del comercio para bancos, y el grupo del BID está dando un decidido respaldo a proyectos innovadores de vivienda en la región, mediante préstamos, donaciones y garantías.

Creo que es imposible exagerar la importancia de las personas, las empresas y la actividad económica que forman la base de la pirámide. Son la columna vertebral de nuestras sociedades; pero no podemos seguir ignorando el mercado que representan, una fuerza económica que necesita obtener acceso a un sistema financiero moderno y a sus productos. Si satisfacemos sus necesidades, la economía de nuestra región crecerá rápidamente y en forma más equitativa, y el sistema financiero de la región crecerá y estará en mejores condiciones para hacer frente a la inestabilidad de los ciclos económicos.

Estoy deseoso de trabajar con FELABAN y sus miembros en los próximos meses y años, en la creación de los instrumentos y mecanismos necesarios para hacer de la democracia financiera una realidad para la región.

Muchas gracias.