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Hacia una visión de migración y remesas como instrumentos y motores de desarrollo

Buenos días. Agradezco esta invitación a compartir con tan distinguido auditorio este momento de reflexión acerca de un tema de gran interés para la Comunidad Iberoamericana de Naciones como es el de migración y remesas.

La migración y las remesas no son fenómenos nuevos, ni exclusivos a una región particular del planeta. A lo largo de más de doscientos años, por ejemplo, millones de europeos se desplazaron a otras latitudes en busca de mejores perspectivas de vida. Se estima que entre 1800 y 1970 América Latina y el Caribe recibieron alrededor de 21 millones de inmigrantes especialmente de España, Italia y Portugal. Y solo entre 1959 y 1970, más de 1 millón de españoles emigraron a otros países de Europa. Las remesas de estas personas—pero también sus conocimientos e ideas, sus inversiones, su influencia política y su filantropía—contribuyeron de manera decisiva al despegue de las economías de sus países de origen.

Más recientemente, este flujo se ha invertido; y la diáspora latinoamericana en Norteamérica y, crecientemente, en Europa, se ha convertido en uno de los pilares claves de las relaciones entre nuestros continentes. Se estima que cerca de 25 millones de latinoamericanos y caribeños viven hoy en día en el exterior y sus remesas anuales superarán en 2005 los 50 mil millones de dólares. Esta cifra coloca a la Región en el primer puesto a escala mundial como destino de estos flujos. De hecho, la suma de más de 200 millones de pequeñas transferencias anuales por parte de emigrantes constituye la más importante fuente de financiamiento internacional de América Latina y el Caribe, superando la Ayuda Oficial al Desarrollo [aprox. US$6.000  mm en 2004] y el total de las Inversiones Extranjeras Directas [aprox. US$44.000 mm en 2005].

El desafío que se nos plantea entonces es el de movilizar a Gobiernos, sociedad civil y sector privado para replicar el éxito del modelo de Portugal y España, que prueba que los países no están condenado a una emigración estructural. Detrás de las remesas están las personas. Por eso, el camino pasa por dar mayores y mejores oportunidades al emigrante y su familia para que sean dueños de su propio destino y de esta manera actúen como agentes de desarrollo en sus comunidades de origen.

La experiencia del BID en este campo indica que uno de los  métodos más efectivo es el de vincular a la diáspora con su familia a través del sistema bancario, para potenciar el impacto de las remesas y ofrecer a la familia transnacional el tipo de productos y servicios financieros que le permitan progresar. Hoy por hoy, el problema fundamental (a parte del aún alto costo de envío) es que, a pesar de algunas iniciativas innovadoras, los flujos de remesas generalmente quedan por fuera de los sistemas financieros. A través de mejoras en los sistemas bancarios y de crédito, estos flujos se pueden apalancar para poder hacer más eficiente su uso y para que tengan un efecto multiplicador sobre el desarrollo.

Así, por ejemplo, el BID ha actuado como mediador entre instituciones bancarias andinas y españolas, con objeto de reducir o eliminar el costo de envío y desarrollar productos como hipotecas y microcréditos para las familias de los emigrantes. El caso de las relaciones entre las Cajas de Ahorro españolas y el Banco Solidario de Ecuador, o del BCP portugués que canaliza muy eficientemente remesas desde Nueva York hacia Portugal y Brasil, son ejemplos de las mejores prácticas internacionales en este campo.

El BID ha sido pionero en la identificación, cuantificación y estudio de los canales y usos de las remesas. Por la composición de nuestros países miembros—que incluyen además de los receptores a las principales fuentes de remesas—somos un interlocutor natural para promover iniciativas público-privadas y de alcance regional en torno a la canalización de las remesas hacia crédito a PYMES, financiación de vivienda, e inversión en educación, salud y seguridad social, entre otros.

Esta es una de las prioridades que hemos identificado para nuestro trabajo en la próxima década. El Banco ha invertido y seguirá invirtiendo en imaginar cómoapalancar las remesas para que generen ventajas concretas para nuestros países y sus habitantes. Estos esfuerzos buscarán brindar más y mejores posibilidades para que millones de familias receptoras de remesas en toda la región  puedan sacar mejor provecho de sus recursos; y, al mismo tiempo, ofrecer a futuras generaciones de trabajadores mejores oportunidades en sus propios países, reduciendo de esta manera su presión a migrar y permitiendo a América Latina y el Caribe emplear adecuadamente su mayor caudal de riqueza, su gente. Tengan la certeza que el BID seguirá siendo un firme aliado de ustedes para garantizar que las remesas sean, cada vez más, un instrumento de desarrollo y de promoción de un futuro mejor para nuestros pueblos.