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Un techo para Haití

GRAND GOAVE, Haití – Maryse Auguste dice que está contenta con su nueva casa, un prolijo albergue de un ambiente construido luego del terremoto del 12 de enero por jóvenes voluntarios de Un Techo Para Mi País, una organización no gubernamental especializada en proveer vivienda temporaria a personas pobres en América Latina.

 

Auguste, una mujer menuda con tres niños de 12, 8 y 3 años, perdió su casa y su marido en el sismo, que mató a más de 200.000 personas y dejó a casi un millón en la calle, principalmente en Puerto Príncipe, la capital haitiana.

Por su apremiante situación personal Auguste era una clara candidata para recibir ayuda de Un Techo, una ONG fundada en 1997 por jóvenes chilenos y un jesuita para mejorar las condiciones de vida de familias en campamentos marginales de su país. En el 2001, luego de terremotos en El Salvador y Perú, la ONG comenzó expandirse a otros países de la región, en varios casos con apoyo del FOMIN (Fondo Multilateral de Inversiones del Banco Interamericano de Desarrollo).

Aunque la provisión de albergue es parte central de su misión, no es la única meta de Un Techo. Esta organización liderada por jóvenes recluta a estudiantes secundarios y universitarios para trabajar con las familias que recibirán un albergue.

Además de construir casas, los voluntarios visitan a las familias una vez por semana hasta que completan el programa, que también busca ayudar a las personas a mejorar sus ingresos. Muchas de ellas obtienen capacitación laboral o acceso al microcrédito.

Un Techo ha construido más de 60.000 viviendas temporarias en 16 países latinoamericanos, utilizando un modelo básico que puede adaptarse a las condiciones locales. Las unidades de 18 m² que están construyendo en Haití pueden ser armadas por un equipo de cuatro voluntarios en un par de días y cuestan unos 2.500 dólares, incluido el costo de flete desde República Dominicana. Los albergues, con sus paredes y piso de pino y sus techos de chapa, pueden durar hasta 10 años.

“Lo primero que pregunta la gente es si aguantan sismos”, dice Alexander Kliwadenko (26), quien maneja Un Techo en Haití con otro abogado chileno, Sebastián Smart (25). Ambos comenzaron a trabajar en la ONG como voluntarios hace siete años.

 

Smart agrega que en otros países, alguna gente que recibe albergues de Un Techo los va mejorando gradualmente, ampliando sus estructuras hasta convertirlas en una vivienda permanente. Es probable que suceda lo mismo en Haití, donde planean construir 10.000 casas en cuatro años.

Un Techo aún no había iniciado sus operaciones en Haití cuando ocurrió el terremoto en enero. Se pusieron en marcha inmediatamente, reuniendo recursos de empresas y fundaciones chilenas y de donantes internacionales como el BID, que aportó 280.000 dólares del Fondo Coreano de Reducción de la Pobreza. En mayo el FOMIN aprobó una donación de 2,6 millones de dólares a Un Techo para apoyar una campaña para construir unas 2.000 unidades en Haití.

En lugar de enfocarse en Puerto Príncipe, Un Techo optó por trabajar en Grand Goave y Leogane, dos ciudades que también fueron golpeadas por el sismo. “La mayoría de las ONG y los organismos gubernamentales comenzaron a trabajar en Puerto Príncipe, pero vinimos a esta región porque estaba cerca del epicentro y porque la ayuda no llegaba tan rápido como a la capital”, comenta Smart.

Para determinar cuáles familias necesitaban albergue con mayor urgencia, Un Techo consultó con autoridades locales y dirigentes comunitarios, inspeccionaron los sitios donde se podría construir y entrevistaron a los potenciales beneficiarios. En todos los países donde operan se guían por criterios como la cantidad de niños por hogar, si hay mujeres embarazadas, personas de edad avanzada o con discapacidades, o si se trata de una familia donde falta uno de los padres. “Aquí resulta muy difícil porque casi todos los casos parecen ser prioritarios”, señala Kliwadenko.

Voluntarios de Un Techo han llegado desde distintos puntos de la región para trabajar en Haití – argentinos, costarricenses, ecuatorianos, guatemaltecos, mexicanos, peruanos y salvadoreños. La voz también se corrió rápidamente entre los jóvenes haitianos que estudian en universidades en la vecina República Dominicana.

Desde que inició sus operaciones en Haití, Un Techo Para Mi País ha construido más de 830 refugios. En el proceso iniciaron la construcción en una zona conocida como Canaán, en las afueras del norte de Puerto Príncipe, donde han sido ubicadas decenas de miles de personas desplazadas. La ONG se propuso iniciar una campaña masiva para construir 1.000 refugios alrededor del aniversario del terremoto, pero se vio obligada a posponer sus esfuerzos hasta después de las elecciones del 28 de noviembre.

Representantes de varias instituciones internacionales han viajado hasta Grand Goave para ver lo que están haciendo los jóvenes de Un Techo, llevándose una favorable impresión. Los albergues, provisorios pero duraderos, se han convertido en un punto de referencia para otras organizaciones que intentan mudar a cientos de miles de personas de los hacinados campamentos en Puerto Príncipe.

Smart y Kliwadenko están comprometidos a quedarse en Haití por un año. Cumplido ese plazo esperan pasarles las riendas a jóvenes haitianos. Ya han identificado a un candidato con buen potencial, Berkins Regis, un estudiante de medicina de 24 años.

Ante una pregunta sobre qué pasaría con su carrera médica, Regis responde: “Muchos de nosotros tenemos claro que es momento de tomar decisiones fundamentales sobre el futuro de nuestro país.”

Paradójicamente, justo cuando Un Techo estaba comenzando a trabajar en Haití, Chile sufrió un gran terremoto que provocó una marejada que arrasó con comunidades pesqueras en la costa del Pacífico. La ONG rápidamente mobilizó a decenas de miles de voluntarios en su país de origen, construyendo más de 23.000 refugios.