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De visitantes a turistas

Con la pujante Cali como centro de negocios, prodigiosas bellezas naturales a cortas distancias, un rico legado histórico y múltiples atractivos culturales, el Valle del Cauca atrae a millones de colombianos de otras regiones al año. El problema es que casi todos son visitantes, no turistas.

Problema porque los visitantes llegan y parten el mismo día, casi sin dejar huella en la economía local. María Elena Muñoz Valencia, de la Fundación Carvajal, pone como ejemplo a los miles de peregrinos que llegan de toda Colombia al municipio vallecaucano de Buga los 14 de cada mes para rezar en la basílica del Señor de los Milagros. “Viajan de noche en buses y traen hasta la comida. Sólo queda la basura”, comenta.

Con el objetivo de convertir a más visitantes en turistas propiamente dichos, en 2006 un grupo de entidades públicas y privadas del Valle de Cauca lanzaron el proyecto de desarrollo turístico rural Destino Paraíso, con apoyo del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN) del Banco Interamericano de Desarrollo y la Fundación Carvajal.

Como muchas de las iniciativasde turismo sostenible impulsadas por el FOMIN, el proyecto promovió los productos y servicios turísticos ofrecidos en cinco municipios cercanos a la ciudad de Cali como una sola marca, Destino Paraíso. Asimismo se diseñaron diversas rutas y paquetes para ofrecerlos a grandes operadores turísticos.

También se puso gran énfasis en fomentar alianzas entre gobiernos y organizaciones del sector privado, en la mejora de la calidad de los productos y servicios turísticos y en la capacitación de centenares de micro y pequeños empresarios participantes, desde dueños de restoranes a operadores de hosterías. “Había una serie de iniciativas aisladas y empíricas, pero había que transformarlas en verdaderas empresas turísticas”, señala Muñoz Valencia, quien coordinó la ejecución del proyecto.

Tras casi cuatro años, el proyecto ha conseguido implantar la marca de Destino Paraíso tanto al nivel local como al nivel nacional. Los municipios han registrado un aumento en los flujos de turistas, mientras que los comerciantes han visto un crecimiento en las ventas. Adicionalmente, el proyecto alentó a una mayoría de los empresarios participantes a formalizar sus emprendimientos.

Una experiencia emblemática es el caso de Margarita Arango, propietaria del restaurante El Rancho de Margoth, en el municipio de Guacarí. Aunque su negocio llevaba casi una década abierto, Arango reconoce que antes de que la invitaran a sumarse al proyecto pensó en cerrar su pequeño comedor porque las cuentas no daban.

Pero en los últimos tres años el local se ha ampliado de 25 a 60 sillas. Su creciente fama le ha permitido organizar comidas para 300 personas, para lo cual deben poner carpas, alquilar mesas y sillas y contratar más personal, generando más actividad para la economía local. Antes, en un domingo de temporada alta podía facturar unos 250.000 pesos. Ahora llega fácilmente al millón de pesos. En el Día de la Madre alcanzó un récord de 4 millones de pesos.

“Esta experiencia ha sido grandiosa para nosotros”, comenta Arango, quien trabaja con su esposo, sus cinco hijos y dos empleados. “A mí me volvió a dar vida”.

Con otros empresarios participó en numerosas actividades organizadas por Destino Paraíso, como clubes de compras, cursos de manejo de comidas y atención al cliente y capacitación en la gestión de costos. Por ejemplo, antes del proyecto, Arango apenas si llevaba cuenta de lo gastado en el mercado. Ahora sabe exactamente cuánto le cuesta cada plato que sirve.

Asimismo sacaron provecho de una excursión a Cali, donde pudieron conocer a famosos chefs colombianos y a exitosos dueños de restaurantes. Arango quedó particularmente impresionada por el caso de un hombre que comenzó vendiendo comida de puerta en puerta y ahora tiene siete locales. Su principal lección: no obstante los traspiés, siempre hay que perseverar. “No hay que espantarse a la primera escaramuza”, asegura.

Además de aumentar sus ventas, el esmero que ha puesto Arango en mejorar la calidad de los productos y el servicio de su restaurante cosechó un reconocimiento en el ámbito regional. En 2009 una emisora de televisión de Cali organizó un concurso de gastronomía vallecaucana. El Rancho de Margoth ganó un premio por su “fiambre de Guacarí”, un plato tradicional de masa de choclo, plátano maduro y pescado.

Y no se duerme en sus laureles. Con un préstamo Arango está comprando más terreno para ampliar la playa de estacionamiento del local. Aún se levanta a las 4 de la mañana para cocinar. “Yo no le quito la mano a la sazón”, afirma. “La calidad no debe bajar”.