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Una odisea de biodiésel

Algunas personas viajan para encontrarse a sí mismas. Otras lo hacen para descubrir combustibles limpios y renovables.

En abril pasado, exactamente 50 años después de que Jack Kerouac publicara On the Road (En el Camino), una de las novelas emblemáticas de la Generación Beat, un grupo de jóvenes profesionales se reunieron en Washington, D.C., para emprender un viaje muy diferente.

La novela de Kerouac narra una serie de viajes espontáneos motivados por amistades obsesivas, inquietudes existenciales y alucinaciones provocadas por drogas. Por el contrario, el grupo reunido en Washington emprendía el viaje para demostrar que los combustibles derivados de fuentes de energía renovable ofrecen una solución limpia, económica y apropiada a las necesidades energéticas que encaran tanto países ricos como pobres.

Dos de los carros que participaron en el rally Grease Challenge.

A pesar de estas diferencias superficiales, se detectan ciertos paralelos entre los dos viajes. Los personajes de On the Road parten de Nueva York y llegan hasta Ciudad de México, deteniéndose en varios sórdidos hoteles a lo largo del camino. Los participantes en el rally automovilístico “Greaseball Challenge” —un total de 19 viajeros en 5 vehículos— condujeron desde Washington, D.C. hasta México, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. Y ellos también se hospedaron en hoteles baratos.

Además, en ambos viajes hubieron muchos momentos que sólo podrían describirse como “surreales” (a pesar del abuso que ha sufrido este adjetivo desde, digamos, mediados de los años sesenta).

Kerouac relata así una parada en la ruta cerca de El Paso, Texas: “Bajamos del auto para examinar unas viejas ruinas indígenas. Dean salió completamente desnudo. Marylou y yo nos pusimos los sobretodos”.

Cincuenta años después, aquí tenemos a Suzanne Hunt, copiloto de una vieja camioneta Volkswagen, poniendo al día su blog “Notas desde la ruta”. Ella escribe: “Ciudad de México me ha sorprendido gratamente con sus coloridos barrios y su gente tremendamente amigable. También hemos llenado nuestros tanques y recipientes con grasa en un local de Hard Rock Café”.

Y es cierto. Parte del combustible que impulsó los automóviles del “Greaseball Challenge” consistió en grasa para freír rescatada de las cocinas de varios Hard Rock Cafés. Antes de llegar a Ciudad de México, los autos ya habían realizado varias “grease-stops” (paradas para cargar grasa) en Hard Rock Cafés en las ciudades estadounidenses de Washington, Nashville y Memphis. (Para entender cómo se puede usar grasa para combustible, vea la entrevista con Suzanne Hunt a la derecha).

Llenando los recipientes con grasa para freir cerca de Amatitlán, Guatemala.

Según señala “Greaseball Challenge” en su sitio Web (en inglés), el viaje emprendido por Hunt y sus colegas consistió en un “rally de autos a biocombustible con fines benéficos que va desde Estados Unidos hasta América Central. Inspirado en la tradición de las clásicas carreras de autos, Greaseball es una aventura intercontinental que promueve la sostenibilidad con poco dinero utilizando combustibles renovables”.

Las reglas del rally requerían a los equipos participantes obtener un vehículo por el menor costo posible, adaptarlo para funcionar con cualquier clase de combustible renovable, conducirlo hasta Costa Rica, y finalmente donarlo a un proyecto ecológico. El patrocinio del BID y de otras empresas y organizaciones ayudó a cubrir los gastos mecánicos, de alimentación y de hospedaje de los equipos.

A medida que avanzaban, los miembros de la caravana de Greaseball se detenían con frecuencia para visitar empresas productoras de biocombustibles, conversar con los reporteros y responder a preguntas de curiosos espectadores.

Para Hunt, quien compartió la conducción del vehículo con el ciudadano belga Jean-Philippe Denruyter, director de BioEnergía en la organización World Wildlife Fund, el viaje ofreció una excelente oportunidad de realizar una investigación en el terreno. Hunt, ex directora del Programa de Bioenergía del Instituto Worldwatch, es actualmente consultora independiente especializada en combustibles renovables y otros temas medioambientales. Durante su trabajo en Worldwatch ella coordinó la publicación Biofuels for Transportation: Global Potential and Implications for Sustainable Agriculture and Energy in the 21st Century (ver enlace a la derecha).

Tal como describió en su blog “Notes from the road” (Notas desde la ruta), Hunt descubrió que la producción de biocombustibles a pequeña escala está creciendo rápidamente tanto en Estados Unidos como en México y América Central. El viaje le ofreció una mayor comprensión de las limitaciones y las oportunidades que ofrecen los combustibles renovable en los países en desarrollo, y de lo que se necesitará para propiciar la producción a gran escala en una forma sostenible (ver detalles en la entrevista a la derecha).

Los lectores interesados pueden inscribirse para participar en el Greaseball Challenge 2008 (detalles en el sitio Web).

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