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Baches en el camino hacia la energía renovable

BIDAmérica: Hasta el momento en que la vimos partir de la Sede del BID en aquella camioneta Volkswagen de 1981, nunca pensé que un auto podía funcionar con grasa de freír. ¿Cómo es que funciona? Y ¿es cierto que el motor despide olor a papas fritas?

Hunt: Es importante aclarar que cualquier auto moderno con motor diésel puede correr con biodiésel apenas sale de la fábrica. Lo que mucha gente no sabe es que los autos diésel también pueden funcionar con una variedad de aceites de origen vegetal o animal, incluyendo la grasa de freír usada, siempre y cuando la grasa sea filtrada y se hayan hecho ciertas modificaciones al motor. El costo de estas modificaciones varía dependiendo de la antigüedad del motor; en Estados Unidos cuesta más o menos $1000 dólares aproximadamente. Y sí, es cierto que el tubo de escape puede oler a fritura si se usa grasa.

BIDAmérica: ¿Qué tipo de mensaje quería enviar con su participación en el "Greaseball Challenge"?

Hunt: El principal mensaje es que los biocombustibles no son un concepto futurístico de alta tecnología que sólo puede beneficiar a los países ricos. En realidad, los biocombustibles pueden ser una solución simple, de bajo costo, y muy apropiada para los países en desarrollo, aún en sitios rurales de pocos recursos. Nosotros utilizamos grasa de freír para enfatizar el hecho de que algunos biocombustibles ya están disponibles, sin las complicaciones ni las sustancias químicas inherentes a la producción de biocombustibles a nivel industrial.

A nivel personal, el viaje me dio la oportunidad de salir al terreno y ver como está evolucionando la industria de los biocombustibles. Me resultó muy interesante visitar a productores de biocombustibles en Amárica Central y aprender acerca de su experiencia y lo que necesitarán más adelante.

Suzanne Hunt conduce la camioneta Volkswagen de 1981 patrocinada por el BID.

BIDAmérica: Aquí en Washington la gente habla con frecuencia del "potencial" que tienen los biocombustibles en América Latina. Sin embargo, durante este viaje ustedes visitaron a varios productores de biocombustibles que ya están instalados y funcionando. ¿Cuántas de estas empresas pudieron visitar y por cuánto tiempo han estado operando?

Hunt: Antes del viaje nosotros hicimos una lista de unos 40 productores de biocombustible en Estados Unidos, México y América Central, pero al final, por restricciones de tiempo, sólo pudimos visitar unas 10 empresas. La mayoría de ellas han venido produciendo biocombustibles por dos o tres años. Me sorprendió la gran variedad de los proyectos. Visitamos a productores de aceite de palma que utilizan aceite de baja calidad para hacer biodiésel para sus camiones, una empresa acuacultora que usa los residuos de peces con el mismo propósito, y hasta una cooperativa de pequeños agricultores que opera un generador eléctrico con residuos de grasa de restaurantes.

BIDAmérica: ¿Qué motiva a estos productores a entrar al campo de los biocombustibles? ¿Buscan reducir sus propios costos de energía o tratan de abastecer el mercado comercial?

Hunt: Hasta ahora todos ellos producen para satisfacer sus propias necesidades, usualmente como parte de un proceso agrícola. Unas cuantas compañías grandes están utilizando biocombustible para impulsar sus propias flotas de vehículos. Aquafinca, el mayor criadero de tilapia en Honduras, usa residuos de peces para producir 30.000 galones de biodiésel al mes, suficiente para abastecer todos sus camiones y su maquinaria y además de vender combustible barato a sus empleados. Algunos de los agricultores con quienes conversamos dijeron que planean usar biocombustible para operar pequeños generadores que alimentarían "micro redes" de electricidad en comunidades locales. Respecto a la venta comercial, la mayoría de países que visitamos aún se encuentra en proceso de dictar políticas que regulen el sector de los biocombustibles, por lo cual no existe realmente un verdadero mercado doméstico.

BIDAmérica: ¿Cuáles son los principales obstáculos técnicos o financieros que enfrentan estos productores?

Hunt: La tecnología y el conocimiento requerido para producir biodiésel son bastante simples. La mayoría de los productores que conocimos han optado por hacerlo todo por sí mismos: arman su propio equipo y luego experimentaron hasta conseguir el mejor resultado. El financiamiento tampoco parece ser todavía un problema, porque estas operaciones se hacen en muy pequeña escala y las empresas han podido cubrir sus propios costos de arranque.

El acceso al equipo de procesamiento puede volverse en obstáculo en operaciones a gran escala, porque actualmente la mayor parte de esos equipos tiene que importarse. Pero esto también podría ser una oportunidad para los manufactureros nacionales.

Creo que la materia prima también puede convertirse en un desafío más adelante, porque casi todos los productores que visitamos están utilizando material residual como insumo para la producción de biocombustible. Hay límites sobre cuánto material residual uno puede generar, y dado que el insumo es el elemento de mayor costo en la producción de biocombustibles, las compañías que desean ampliar su producción necesitarán encontrar insumos nuevos y más económicos que sean apropiados para el suelo y a las condiciones climáticas locales. Esto requerirá de mucha investigación y desarrollo.

BIDAmérica: ¿Reciben estas compañía apoyo de sus gobiernos o dependen básicamente de sí mismas?

Hunt: No sé de ningún apoyo específico que ofrezcan los gobiernos en los países que visitamos. En casi todos, sin embargo, las gobiernos están preparando legislación sobre los biocombustibles y debatiendo temas tales como mandatos, subsidios y desarrollo del mercado. Se espera que algunas de estas leyes sean aprobadas en poco tiempo. Algunos países también están impulsando a universidades locales a realizar investigaciones aplicadas en temas tales como las variedades de insumo que sean adecuadas al cultivo local.

BIDAmérica: Además de dar leyes y promover la investigación, ¿que deberían estar haciendo los gobiernos para impulsar el crecimiento de estas empresas?

Hunt: Pienso que los gobiernos pueden ayudar a crear en corto plazo un mercado para biocombustibles al exigir que los vehículos del sector público empiecen a utilizar combustibles renovables. En algunos de estos países el gobierno posee grandes flotas de buses, camiones y otros vehículos. Hacerlos funcionar con biocombustibles, aunque sea parcialmente mesclados con gasolina o diésel, daría a los productores la confianza para ofrecer contratos de largo plazo a los agricultores que cultivarían los insumos. Este tipo de programa piloto también puede ayudar a identificar problemas potenciales y a familiarizar a los mecánicos con los biocombustibles.

Los gobiernos también pueden cumplir un papel clave al auspiciar campañas de concienciación pública, actividades para crear capacidad, tales como conferencias e intercambios entre productores de biocombustibles, y programas de transferencia de tecnología con otros países.

Sobre todo, yo creo que los gobiernos deben promover estándares sostenibles en cualquier clase de apoyo que ellos ofrezcan para biocombustibles. La meta no debería ser fomentar biocombustibles a cualquier costo, sino sólo si son apropiados y sustentables.

BIDAmérica: ¿En base a lo que usted pudo observar, cuáles son los insumos más prometedores para la producción de biocombustibles en América Central?

La antigua camioneta Volkswagen patrocinada por el BID se estaciona en frente de una valla de árboles de Jatropha curcas.

Hunt: Aunque nosotros nos enfocamos principalmente en biodiésel, la caña de azcar es evidentemente un insumo muy eficiente para producir etanol en países como Guatemala y El Salvador, ambos con una larga tradición de producción azucarera. Para el biodiésel, el aceite de palma africana es probablemente la fuente más prometedoras para una producción a gran escala, y también porque ya existen grandes plantaciones.

A pesar de que la caña de azúcar y la palma son hasta ahora los insumos más productivos por hectárea, puede que no sean los más sostenibles desde un punto de vista social y medioambiental, especialmente cuando se trata de grandes plantaciones de monocultivo. Es probable que existan insumos menos productivos que pueden cultivarse en combinación con cultivos alimentarios de una manera que es más apropiada para pequeños agricultores. Por ejemplo, existe muchó interés en desarrollar cultivos de semillas oleaginosas no comestible tales como la Jathropa curcans [la J. curcans, conocida con una variedad de nombres locales, es una nativa de América Central]. Nosotros vimos varias plantaciones de J. curcans—especialmente usada como un cerco vivo—pero por ahora no existe mucha información sobre su uso como biocombustible en la región.

BIDAmérica: En el mundo industrializado existe mucha controversia sobre el tema "alimentos vs combustibles", especialmente por el rápido aumento del precio del maíz debido a la producción de etanol basada en maíz. ¿Qué escuchó sobre este tema en México y América Central?

Hunt: Francamente, casi todas las personas con que conversé ni siquiera estaban al tanto de este debate. La producción de biocombustibles simplemente no ha alcanzado el nivel donde se esté amenazando el cultivo de algún alimento. La mayoría de los agricultores que hablaron conmigo están preocupados principalmente por ganarse el pan con sus cultivos tradicionales. Para ellos los biocombustibles son aún un concepto bastante abstracto.

BIDAmérica: ¿Cuál cree que debería ser el papel del BID en este sector?

Hunt: El Banco puede jugar un papel crucial en asegurar que los proyectos de biocombustibles sean sostenibles desde una perspectiva social, ambiental y financiera. Existe todo tipo de preguntas que deben ser resueltas antes de que los gobiernos y el sector privado asignen grandes inversiones a la producción de biocombustibles. Cada país necesita examinar cuidadosamente qué tan adecuados son determinados insumos para sus suelos y condiciones climáticas, por ejemplo. Su impacto en el empleo rural y en el uso de tierras necesita ser determinado. Se necesitan sistemas para garantizar las condiciones laborales y manejar adecuadamente las sustancias químicas utilizados en la producción de biocombustible.

El BID puede financiar estudios de factibilidad y proporcionar un análisis objetivo a gobiernos e inversionistas, además de financiar la transferencia de tecnología y la producción misma de proyectos. Yo creo que el Banco debería también ayudar a desarrollar estándares de sostenibilidad para los biocombustibles—algo que el gobierno de Brasil ya está empezando a hacer. Existen verdaderos riesgos en la producción de biocombustibles a gran escala, y a menos que nosotros empecemos a elaborar un conjunto de estándares internacionales realistas, podríamos terminar promoviendo soluciones equivocadas.

Más que nada, creo que el Banco debe trabajar para asegurar que el potencial de desarrollo social de los biocombustibles no se pierda. Actualmente, la tendencia en esta industria es consolidación, grandes inversiones y una creciente mecanización. De seguir así, el impacto de los biocombustibles en el desarrollo social podría ser modesto y hasta negativo. Es indispensable integrar el alivio de la pobreza en cualquier estrategia sobre biocombustibles, y creo que el BID puede hacerlo a través de los proyectos que financia.

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