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La inversión en energía renovable como respuesta al cambio climático
Teniendo en cuenta la nueva iniciativa de energía sostenible y cambio climático aprobada el pasado miércoles por Directorio Ejecutivo del Banco Interamericano de Desarrollo y la creciente evidencia de los impactos adversos del cambio climático y sus gastos, es apropiado analizar las oportunidades para reverdecer el crecimiento económico.

Durante una presentación en la sede del BID, el Secretario Ejecutivo de la Asamblea Conceptual sobre Cambio Climático de las Naciones Unidas, Yvo de Boer, hizo un llamado a la mitigación y adaptación de cambio climático para países en vías de desarrollo.

El experto citó a la Agencia de Energía Internacional (siglas en inglés IEA) y su pronóstico para el año 2030, según el cual la demanda de energía mundial crecerá 60 por ciento y las emisiones de gases de invernadero globales se elevarán 55 por ciento. Además, dos tercios del aumento de dichas emisiones vendrán de países en vías de desarrollo, los cuales continuarán siendo grandes usuarios de combustible derivado del carbón, añadió.

Aun así más de 1.000 millones de personas en todo el mundo carecerán de acceso adecuado a la energía, según el escenario de referencia del IEA. Además, “la infraestructura de suministro de energía a nivel global requerirá una inversión total de  20 billones de dólares, con cerca de la mitad de ésta en países en vías de desarrollo”, sostuvo de Boer.

Para satisfacer esta creciente demanda de energía, el experto de la ONU indicó que la inversión anual promedio requerida en América Latina excederá 45.000 millones de dólares (en precios de 2000). “El desafío para la política de medio ambiente está ligado a cómo lograr reverdecer la inversión de energía, de modo que no permita que las economías sigan un camino insostenible durante los próximos 30-50 años”.

Pero bajo el impacto de políticas hacia energía renovable y  eficiencia energética, las cifras pronosticadas para la demanda de energía y emisiones de gases contaminantes podrían reducirse en un 10 y 16 por ciento, respectivamente. Además, la mejorada eficiencia del uso de electricidad y combustible fosilífero justificarán dos tercios de las emisiones evitadas en el 2030.

Nuevas tendencias en la inversión energética

De acuerdo con de Boer, el mercado de carbono permite reducciones en las emisiones económicamente eficientes a los países industrializados mediante la inversión ecológica y la generación de fondos para la adaptación de países en desarrollo.

Sin embargo de Boer presentó un escenario alternativo en el que el modelo de inversión es sustancialmente distinto. En lugar de dedicar los esfuerzos en ampliar la producción energética, la mayor parte de la inversión se dedicaría a un sistema más eficiente en el consumo. De Boer añade que el capital total necesario para el conjunto de la cadena energética no diferiría mucho.

Las necesidades de capitalización a mayor escala por el lado de la demanda serían compensadas por las inferiores necesidades de inversión por el lado de la oferta.

Los países en vías de desarrollo precisarán casi la mitad de la inversión mundial del sector energético, pero estos países no podrán cumplir sus requisitos de inversión tan sólo con la movilización de ahorros internos. Tal y como aconseja el experto de la ONU, para cumplir con el desafío de la inversión energética, la participación del sector privado será necesaria en muchos países, ya que en América Latina, salvo en Brasil, el ahorro doméstico es 7 puntos más bajo que la inversión nacional total. Además, será necesario un incremento de la inversión exterior y la cooperación técnica con países industrializados.

El caso de México

En México, se espera que la demanda eléctrica aumente 2,5 veces en 2025 en comparación con el 2000. Sin embargo, la capacidad productora mexicana de petróleo ya está bajo presión. Más del 60 por ciento de la producción de petróleo proviene de los campos de Cantarell, el mayor del país. Este recurso de producción está empezando a decaer, lo cual implica un inmenso desafío a fin de mantener o incluso incrementar la producción petrolífera. De Boer explica que las habilidades nacionales y los métodos utilizados deberán servir para afrontar este reto cambiando fundamentalmente el papel del petróleo en la economía mexicana.

Más aun, precios altos de la energía conducirán a nuevas tensiones. México se ha beneficiado del alza de los precios del petróleo pero ha sido perjudicado por el alza del gas natural y los productos refinados, lo cual tiene efectos sobre el coste de la electricidad, por lo que la economía se verá afectada por el balance de la red del mercado energético y por la evolución de los precios de la energía a nivel global.

Según el camino que siga el sector energético, habrá implicaciones grandes para las emisiones de gas de invernader bajo un escenario en donde predomine el combustible derivado del carbono, las emisiones de dióxido de carbono en año 2025 triplicarán la cifra de 1996, o bajo un escenario alternativo donde el porcentaje de energía renovable en el total de su capacidad en 2025 aumente 54 por ciento, las emisiones de gas de invernadero serán inferiores en 64 por ciento menos que en el primer escenario.

El desafío para este escenario alternativo implica aumentar la inversión requerida, enfatizó el experto de la ONU. “Hay una abundancia de oportunidades de energía renovable en México, pero actualmente las aplicaciones para reverdecer la generación de energía son mínimas”.

Perspectiva al futuro

En conclusión, los países industrializados sólo se comprometerán a reducir la emisión de gases contaminantes requeridos por el Protocolo de Kyoto si sus costos de implementación no obstruyen el crecimiento económico, mientras tanto los países en vías de desarrollo requieren de tecnología e inversión para tomar un camino más sostenible, en donde el crecimiento económico y la erradicación de la pobreza son las prioridades principales.

Los análisis recientes sugieren que se requieren reducciones mayores de parte de los países industrializados —algunos líderes se refieren a reducciones de la orden del 60-80 por ciento para mediados de siglo. Si la mitad de estas reducciones fuera a darse a través de inversiones en países en vías de desarrollo, “hay un potencial para generar hasta 100.000 millones de dólares al año en el flujo de inversión a países en vías de desarrollo. Esta sería una intervención hacia un clima de autofinanciación sólido, el cual es necesario para abordar el cambio climático”.