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El reto de ser mujer y científica en Latinoamérica y en el Caribe
Sin considerar las cuestiones de género, no es fácil ser científico en Latinoamérica o en el Caribe (LAC). Al igual que en cualquier región del mundo, desde que se empieza la universidad hasta que se consigue el doctorado son necesarios unos 10 años de investigación y de trabajo duro para conseguir un doctorado, a esto hay que añadir varios años de trabajos postdoctorales en puestos de investigación para formarse como científico. Esto hace que en los centros de investigaciones superiores y universidades los científicos no suelen estar cualificados para conseguir puestos permanentes como docentes hasta que no están bien entrados en la treintena.

A esto hay que añadir que la inversión media en investigación y desarrollo (I+D) en los países latinoamericanos y caribeños es tan solo del 0,6% de su PIB, según datos del Informe Científico de 2005 de la UNESCO, mientras que en los países desarrollados esta cifra oscila entre el 2 y el 3%. El resultado es que mientras que la región representa el 8,6% de la población mundial solo el 2,5% de los científicos provienen de América Latina y el Caribe. Lo que sí es sorprendente es que, de acuerdo con las cifras del Instituto de Datos Estadísticos de la UNESCO, en 2003 el 46% de los investigadores en LAC eran mujeres, cifra que sobrepasa ampliamente el 27% del resto del mundo

Sin embargo Gloria Bonder, presidenta regional de la UNESCO para mujeres, ciencia y tecnología en Latinoamérica,  indica que fijarse únicamente en estos datos puede ser engañoso. Bonder es autora de un artículo presentado en el 9º Congreso Internacional Interdisciplinario de Mujeres en Seul, Korea, en el que recoge que la mayoría de las científicas en Latinoamérica tienden a involucrarse más en tareas de investigación y docencia en las universidades, mientras que mayores porcentajes de hombres optan por el sector privado, donde pueden conseguir salarios más elevados. El resultado final es que las mujeres ganan un 30% menos que hombres con similares cualificaciones.

Bonder también señaló que la remuneración de los científicos (de ambos sexos) que viven en Latinoamérica está significativamente devaluada en comparación con otras regiones. La conclusión de Bonder es que este fenómeno, junto con la baja inversión en I+D, podría estar relacionado directamente con la feminización de la profesión.

La físico argentina Mariana Weissmann, investigadora superior en la Comisión de Energía Atómica en Buenos Aires, la primera mujer miembro de la Academia de Ciencias Exactas de Argentina y ganadora en el 2003 del premio L’Oreal-UNESCO para mujeres científicas en América Latina - el premio más prestigioso para mujeres en las ciencias - ,  sugiere otro motivo para explicar el porcentaje relativamente alto de científicas en la región. “Los científicos varones buenos son rápidamente contratados por compañías internacionales de países desarrollados, con lo que tienden a irse, mientras que las mujeres se quedan en la región. Esa es la razón por la que existe una tasa tan alta de profesoras en la Universidad latinoamericana”, apuntilla.

Dora Altbir, directora de investigación de la Universidad de Santiago de Chile piensa que las compañías extranjeras prefieren a científicos varones ya que consideran que las mujeres son menos productivas en cuanto se casan y tienen hijos. Altbir comenta que esa razón está lejos de ser verdad. “Mucha gente piensa que cuando nacen los hijos, las mujeres dedicarán menos tiempo al trabajo, lo cual puede ser real, pero el tiempo que pasan trabajando es mucho más productivo. Puedo hablar de mi experiencia personal, el periodo más productivo de mi carrera  comenzó cuando mis hijos nacieron; momento en el que llegó mi madurez profesional. Sé de muchos casos en los que las mujeres fueron más productivas tras el nacimiento de sus hijos”.

¿Dónde están los científicos?

Weissman afirma que un elemento para mejorar el estado de la ciencia en LAC es cerrar la brecha educativa entre los ricos y los pobres en la región. “Los pobres no llegan a la universidad, una de las razones por los que la comunidad científica es tan pequeña. La inmensa desigualdad en la distribución de la riqueza hace que la dirección de los estudios científicos sea muy complicada, pues no se puede tener un grupo de investigación grande, lo que es necesario para poder realizar los estudios adecuadamente.

Altbir está de acuerdo en que la falta de científicos en la región es un freno al progreso científico. “En Chile no hay más de 150 ó 200 fisisistas en todo el país. ¿Pueden 200 personas trabajar en problemas reales mientras escriben propuestas, dan clase, hacen investigaciones y realizan doctorados? Lo primero que hay que hacer es incrementar el interés y convencer a los estudiantes de que la ciencia es importante y divertida. Ahora mismo,  el papél fundamental de la ciencia es educar a las personas.”

De acuerdo con el Informe de 2005 de la UNESCO, Chile con 16 millones de habitantes tiene tan sólo 6.105 investigadores en todos los campos de la ciencia y la tecnología, incluyendo ciencias naturales y exactas, ingenierías y tecnología, ciencias medicas y agrarias.

Aunque Brasil y Argentina están mejor que el resto de la región, con 77.822 y 35.015 investigadores respectivamente, no pueden compararse con naciones industrializadas. Alemania, EEUU y  Japón tienen respectivamente 3209, 4374 y 5085 investigadores por millón de habitantes, Brasil y Argentina tienen tan solo 315 y 715 según datos de  la UNESCO.

El BID, consciente de la necesidad de reforzar la capacidad de la región en ciencia, tiene una larga trayectoria en apoyar el desarrollo científico y la educación. Hasta noviembre del 2006, el Banco ha destinado más de $1.8 billones y $5.4 billones respectivamente para financiar proyectos de ciencia y tecnología y educativos en LAC.

La desconexión con la industria científica

Belita Koiller, profesora de física en la Universidad Federal de Río de Janeiro,  directora  de investigación superior del Consejo Nacional de Investigación Brasileño desde 1985,  primera física en ser elegida miembro de la Academia de Ciencias Brasileñas y ganadora del premio L’Oreal-UNESCO  en el 2005 para mujeres científicas está de acuerdo con Weissman y Altbir en que hay desafíos más urgentes en el campo de la ciencia que las desigualdades entre géneros. Ella apunta a la necesidad de encontrar modos de incrementar los fondos para infraestructura e investigación y conseguir que las empresas se interesen en  I+D .

Koiller señala que en Brasil la investigación es financiada fundamentalmente por el gobierno. “Hay muy pocos casos donde las empresas brasileñas tienen sus propios laboratorios. El dinero de investigación de las agencias financieras brasileñas es distribuido en base a las propuestas de los investigadores que son revisadas por otros equipos de científicos. El sistema está bien establecido y funciona bastante bien.”

Koiller nota que los recursos financieros del BID no son directamente accesible para los científicos en activo. “Probablemente alguien en la burocracia gubernamental  decide como utilizar esos fondos, el proceso tiene muchos problemas y es muy lento.”

Weissman añade que la industria no tiene una gran presencia en la investigación científica. “El gobierno es quien financia la ciencia en Argentina y no la industria”. Además apunta que las decisiones económicas están completamente separadas de la ciencia en su país. “Es un problema de avaricia, pues muchos terratenientes han decidido que pueden hacer dinero sembrando soja, con lo que la mayor parte de sus tierras está ocupada por plantaciones. No se preocupan si ello será bueno para la región dentro de 50 ó 100 años, no utilizan información científica para tomar las decisiones”.

Koiller piensa que la industria en Brasil y el resto de Latinoamérica podría quedarse retrasada con respecto al resto del mundo, a menos que asuman un papél más activo en la I+D .”La innovación es una pieza clave para cualquier producto,” afirma. “Necesitamos  estar a la cabeza, en vez de ser seguidores.”

Koiller cita la producción de etanol y petróleo, y la tecnología de perforación en aguas profundas como unos de los éxitos de la tecnología brasileña, “pero todos ellos han empezado como proyectos gubernamentales. Todos los ejemplos que escucho empezaron en las universidades gracias a la financiación pública y posteriormente se fueron incorporando compañías privadas. Tal vez esta podría ser un área donde los préstamos del BID podrían otorgarse a compañías para que financiasen sus propias instalaciones de investigación, lo cual promovería el desarrollo.”

A pesar de estar muy agradecida por la financiación del BID para la ciencia y la tecnología, Koiller insta al Banco a financiar programas tales como el Programa del Instituto del Milenio, el cual involucra competiciones nacionales evaluadas por un jurado internacional. Además anima al Banco a incrementar su apoyo a las conferencias científicas internacionales, argumentando que son pocas las celebradas actualmente en la región y aquellas que tienen lugar fuera cuentan con una reducida participación de científicos latinoamericanos debido a los altos costes para asistir.

De igual importancia, según Koiller, es la necesidad de financiación de infraestructuras en escuelas públicas, universidades, tales como edificios, laboratorios. “Estas son algunas áreas en las que el IDB puede lograr un impacto real”.