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Adiós a la pobreza rural
La agricultura por sí sola no puede acabar con la pobreza rural. Esta es una de las  conclusiones de los trabajos dirigidos por Hans Cansen, investigador y coordinador para Centro América, y Shenggen Fan, director de la división de Gobierno y Estrategias de Desarrollo del Instituto Internacional de Investigación en Políticas Alimentarias (IFPRI).

Hans Cansen centró su trabajo en tres países centroamericanos: Guatemala, Honduras y Nicaragua. El objetivo era describir los activos con los que cuenta la población rural entender su impacto en el crecimiento económico y en el nivel de vida y proponer estrategias de inversión rural.

En los tres países estudiados las familias dependientes de la agricultura se encontraban en peores condiciones que la población general. La baja productividad de la tierra y de la mano de obra contribuían, según las conclusiones del investigador, a la pobreza rural. Por ello, Cansen afirmó, el sector de la agricultura debe de ser más eficiente y competitivo y se debe facilitar la salida de la población rural a otros medios de vida más diversificados, fuera de la agricultura.

La investigación mostró como distintas regiones rurales dentro de un mismo país tienen un potencial económico diferente, y cómo la inversión pública se suele concentrar en las zonas con mayor potencial, siendo ignoradas las de menor potencial, generalmente las de mayor índice de pobreza. Esto hace que las inversiones no llegan a los más pobres. Cansen abogó por prestar una especial atención a las familias indígenas, que se encuentran altamente discriminadas, y necesitan integrarse en la economía principalmente a través de un aumento de su nivel educativo. En las zonas rurales la educación y la capacitación laboral pueden ser instrumentos para la mejora del bienestar.

Shenggen Fan analizó las implicaciones de la inversión pública en la reducción de la pobreza en diversos países de Asia y África. Este investigador afirma que el gasto público debe centrarse en la educación, investigación y desarrollo agrícola y en la mejora de infraestructuras, para reducir la pobreza rural. Las zonas menos desarrolladas son las más agradecidas ante este tipo de inversiones, mostrando mejores resultados tanto en la reducción de la pobreza como en el crecimiento.

Fan advierte de las amplias diferencias políticas, económicas, sociales e incluso culturales existentes entre Asia y Latinoamérica, por ello, advierte, sus conclusiones no pueden generalizarse sin más. Por lo que aunque sí se puede proponer una serie de actuaciones generales, no se puede diseñar una estrategia común de reducción de la pobreza rural sin analizar las características específicas de cada región.