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Regalar dinero es una buena inversión

Hay un viejo proverbio chino que dice: “Si a un hombre le das un pescado, comerá hoy. Enseña al hombre a pescar y lo alimentarás por toda una vida”. Aunque sólo parezca un consejo elegante, hacer ambas cosas a la vez (pescar y enseñar a pescar) puede resultar aún más efectivo si contribuye a reducir la pobreza.

Una evaluación independiente de un equipo de investigadores del Instituto de Investigación de Política de Alimento Internacional (IFPRI por sus siglas en inglés) sobre un proyecto financiado por el BID en Nicaragua compruebalo dicho. Durante una presentación en la sede del BID, los investigadores del IFPRI Michelle Adato y John A. Maluccio presentaron su evaluación del programa Red de Protección Social Mi Familia. Ellos indicaron que este programa social ayudó significativamente a reducir la pobreza en Nicaragua, otorgando a las familias pobres transferencias en efectivo y servicios sociales acompañados de talleres educativos para enseñarles cómo sostenerse por sus propios medios.

En otras palabras, la asistencia inmediata, dada en un corto período, combinada con servicios diseñados para educar y brindar a las familias una mayor autonomía, puede tener un impacto positivo en el alivio de la pobreza, incluso después de la finalización del programa.

Nicaragua implementó esta Red de Protección Social Mi Familia en seis municipalidades rurales pobres de la región central del país, a partir de 2000. Entre los beneficios recibidos por las familias por su participación en el programa figuraron subsidios en efectivo o transferencias que equivalían entre 13% y 21% de los gastos del hogar originales.

Las transferencias en efectivo sólo fueron ofrecidas a las familias participantes por un plazo de tres años, pero el programa también demostró tener otras ventajas: incluyó servicios de asistencia a la salud, brindados por proveedores privados, y ofreció por cinco años servicios de salud y talleres para adolescentes y mujeres en edad de maternidad.

Como la mayor parte de las cosas en la vida, las transferencias en efectivo no fueron dadas al azar: las familias que, durante un período determinado, no cumplieron con las exigencias del programa vieron sus transferencias evaporarse en el siguiente año?. Incluso, el programa fue realizado en dos fases y la segunda proporcionó 30% menos de beneficios que la primera.

Los niños fueron quizás los beneficiarios más importantes, particularmente, en las áreas de salud, alimentación y educación. Por ejemplo, los niños cuyas familias participaron en el programa fueron más proclives a acceder a los servicios de salud que aquellos cuyas familias no participaron. Entre las familias beneficiarias, en 2002, más del 93% de los niños menores de cinco años participó de la medición de su crecimiento preventivo, mientras que en 2000 sólo lo hizo el 70%.

Incluso, después de que en 2004 concluyó la subvención del programa, el efecto positivo continuó y casi el 92% de los niños recibió la medición del crecimiento preventivo. Para las familias no beneficiarias, el aumento durante esos cinco años fue mínim menor que 3%.

La educación es otra área en la que el programa demostró beneficios para los participantes. Entre las familias que recibieron subsidios, el porcentaje de niños entre 7 y 13 años registrados en la escuela saltó de más de 73%, en 2000, a 94%, en 2002.

Las evidencias indican que los efectos positivos del programa continuaron, incluso, hasta después de que las familias dejaron de recibir subsidios. En 2004, cuando se dejaron de entregar subsidios, más del 81% de los niños de familias que participaron en el programa fueron registrados en la escuela, comparado con sólo el 70% de los niños del grupo de control.

Pero los niños no fueron los únicos ganadores. Los adultos también se beneficiaron, en particular, las familias más pobres. Estas familias lograron aumentar sus gastos del hogar en hasta 40% mientras, en promedio, el resto de las familias participantes aumentaron sus gastos entre 13% y 22%. El estudio demostró que gran parte del crecimiento de los gastos del hogar de esas familias fueron para comprar alimentos, reflejando que se cumplieron los objetivos del programa.

Además, entre 2000 y 2002, el programa actuó como red de protección social para el centro económico de Nicaragua. Durante el mismo período, los gastos de alimentos promedio per capita disminuyeron más del 15% para las familias que no recibieron subsidios, mientras aumentaron 10% para las familias que sí los recibieron.

Es interesante notar que las familias que participaron en el programa ni dejaron de trabajar ni cambiaron significativamente sus hábitos. Las horas trabajadas por semana se mantuvieron y a los beneficiarios masculinos la participación en los programas les permitió trabajar más cerca del hogar y evitar viajar largas distancias en busca de trabajo.

Quizás la conclusión más relevante de la evaluación fue que ambas fases del programa fueron efectivas en las áreas de la economía del hogar, la educación, la salud y la alimentación, aunque las transferencias en efectivo se redujeran 30% en la segunda fase (aunque se aumentaron los servicios sociales y los talleres). Esto sugiere que los programas que medianamente proporcionan pequeñas transferencias pueden reducir significativamente los niveles de pobreza cuando están conectados con servicios de apoyo social.

Considerando los éxitos del programa Mi Familia, Adato y Maluccio dicen: “Las evidencias del programa sugieren que sería eficaz si fuera implementado en otras áreas rurales de Nicaragua con características similares”.