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Un Nuevo Gobierno para el Siglo XXI

En estos últimos diez años se han visto muchos cambios a nivel nacional e internacional, se ha visto una basta mejora en los campos de la salud de la mujer, su educación, desarrollo profesional, intelectual, derechos ciudadanos y hasta se han obtenido más puestos para mujeres en el gobierno, permitiendo que mujeres como Epsy Campbell pueda servir de una manera más directa y con mayor influencia a su pueblo costarricense. Sin embargo, ella misma reconoce que para ella, así como para muchas mujeres, el camino de disfrute esos derechos ganados no ha sido pleno ya que a nivel particular estos cambios no se notan.

Y es eso lo que la motiva a cuestionar el sistema, no sólo en su país, sino en Latinoamérica en general. Preguntas como “¿Hay democracia real cuando más del 50% de la población no está paritariamente representada en las estructuras que definen el presente y el futuro de nuestros países? ¿Puede un sistema de gobierno dar respuestas a las mujeres si ellas no están participando en condiciones paritarias? ¿Es imperativo para la nueva democracia y para el buen gobierno que las mujeres participen en condiciones de equidad? ¿Dada la socialización de genero, una participación paritaria de mujeres podría feminizar y humanizar las formas de hacer gobierno? ¿Cuáles son las acciones que se deben de impulsar para profundizar la democracia?” hacen que su voz sea cada vez escuchada en toda Latinoamérica y sus lucha por el cambio tome más fuerza.

La corrupción en los países latinoamericanos hace que se viva, como Campbell sugiere, “democracias a medias” donde los lideres políticos no representan a la sociedad y por este motivo, no se sienten identificados con sus necesidades y ni tienen interés en satisfacerlas. Para Campbell, cada día estamos menos representados por nuestros políticos, y ellos se han vuelto más individualistas. Se mira en casos palpables donde el salario del ciudadano promedio es cien dólares, los diputados de la Asamblea Nacional ganan cinco mil y el mismo presidente de la república gana veinte mil dólares mensuales. Son países que “en vez de ofrecer oportunidades a su gente, la expulsan como inmigrantes quienes muchas veces viven en las condiciones más miserables y difíciles en otros lugares”.

Sin lugar a dudas, en este ambiente de corrupción y desesperanza, hoy más que nunca hay lugar para el cambio. Epsy Campbell esta luchando por ello, por “una nueva política [que] empieza a generar voces de inclusión social.” Hay que luchar para transformar los estados y cumplir las metas del milenio. Hay que seguir luchando por la paridad en el estado, por leyes de cuotas que contribuyan positivamente en los nuevos gobiernos. “Un buen gobierno debería de partir de que la representación sea un verdadero reflejo de la sociedad. Y allí entonces empezamos a entender de mejor manera cuál es el sentido de los compromisos internacionales a favor de las mujeres”.

Hay lugar para la esperanza. La nueva política implica el trabajo y liderazgo colectivo en condiciones de paridad. Implica, además, respeto y solidaridad. Respeto que significa que se hablará con la verdad, sin descalificar a nadie, sin utilizar populismo, y prometiendo sólo lo que es posible utilizando la política como una herramienta de servicio al pueblo. Sin solidaridad no es posible cumplir y darle a la gente una vida digna. Los estados son por excelencia redistribuidores de la riqueza y el bienestar.

No es, ni va a ser una tarea fácil, hay que transformar los mecanismos establecidos, con los que se ha trabajado por décadas. Pero no es una meta imposible de lograr, si se piensa en un trabajo en conjunto, para un bien común. Promoviendo la democracia que aunque “es la forma de organización mas imperfecta, le permite a la gente acceso a superarse”.