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La educación no puede esperar

Aún en tiempos de guerra y contienda civil, los gobiernos, las organizaciones de la sociedad civil, las comunidades y los países donantes deben continuar dándole alta prioridad a la educación.

La inversión se recuperará cuando finalmente llegue el proceso de paz y cuando la sociedad y el país estén en una mejor posición para curar las heridas del conflicto y se recobre el ímpetu para el desarrollo social y económico.

Estas fueron algunas de las conclusiones del foro realizado en la sede del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en Washington D.C. durante el cual se compararon experiencias de reconstrucción social mediante la educación, en países que han pasado o que actualmente sufren el conflicto armado, tales com Camboya, Colombia, El Salvador, Guatemala, Indonesia, Lao PDR (Laos), Perú, Filipinas y Vietnam.

El simposio, llamado “El futuro de los niños y jóvenes en países en conflict educación y reconstrucción social en América Latina y Asia” fue organizado por el Programa Japón del BID y el Instituto RISE de los Estados Unidos y Colombia.

Los especialistas hallaron que en la mayoría de países, las inversiones en educación durante e inmediatamente después del conflicto producen grandes resultados en la reconstrucción nacional. Estas inversiones comprenden centros de aprendizaje virtual para niños aislados en sus comunidades a causa de la contienda, capacitación laboral para ex combatientes de ambos lados del conflicto, recuperación de traumas, educación bilingüe para minorías étnicas, capacitación de profesores y asesoría comunitaria en democracia y derechos humanos.

“En una situación de conflicto y posconflicto, la inversión en la educación y en los niños es una inversión para la paz” dijo José Luis Guzmán, miembro de la junta directiva del Centro ALFA de El Salvador, una organización privada dedicada a investigar, capacitar, y dar asesoría técnica para mejorar la calidad de la educación.

“No se puede esperar hasta que un conflicto haya terminado para invertir en educación y en los niños”, planteó Emily Vargas-Barón, directora del Instituto RISE. “Luego será muy tarde y se habrá perdido una oportunidad. Se debe tener un plan de reconstrucción y comenzar tan pronto lo permitan las condiciones. Si no hay un plan a tiempo, se perderá una generación de niños o más.”

La experiencia ha demostrado que una “educación de alta calidad es posible aún en los conflictos más intensos”, añadió.

Según Feny de los Angeles-Bautista, de Filipinas, los beneficios de invertir en educación en sociedades en conflicto o en reconstrucción después de un conflicto “no es solo para la instrucción sino para fortalecer los procesos relacionados con la educación, la interacción entre socios, y las oportunidades espontáneas que surgen”.

Los delegados a la conferencia adoptaron un plan de acción futura y varias recomendaciones que incluyen: instauración de una red para compartir experiencias entre los países afligidos por los conflictos; establecimiento de fondos para la educación; documentación y diseminación de la importancia de invertir en educación; y la conducción de nuevos estudios y evaluaciones de los proyectos más efectivos.

“Tenemos que coordinar para estar seguros de que las experiencias de Asia y América Latina presentadas aquí, sean articuladas y transferidas a un grupo más grande de países y canalizadas en acciones concretas” concluyó Juan Carlos Navarro, jefe de la Unidad de Educación del BID.