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Tras los pasos del migrante: las historias que revelan sus testimonios

Se estima que, desde 2010, 51 millones de personas han dejado su país de origen.

La migración es un fenómeno mundial que, en la región, afecta de forma desproporcionada a tres países centroamericanos – El Salvador, Honduras y Guatemala – de los cuales 9% de la población vive en Estados Unidos. Además, los 19 mil millones de dólares que estos migrantes enviaron en remesas en 2018 representan, en promedio, un 18% del PIB de sus países de origen, muy por encima del promedio del 2% a nivel regional, y de apenas el 1% a nivel global.

Para entender los motivos de su migración y las condiciones de su posible retorno, desde el BID realizamos una encuesta a 1,859 migrantes guatemaltecos, hondureños y salvadoreños en Estados Unidos, cuyos resultados se analizaron en un nuevo estudio.

 

“Empezamos a hacer las preguntas básicas: ¿quién se va, por qué y cómo? Y nos dimos cuenta de que había un vacío muy grande de información”, recuerda Emmanuel Abuelafia, economista líder del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y coautor del estudio. “Esa información era necesaria si queríamos hacer política pública basada en evidencias para revertir el fenómeno. Nos motivó esa falta de información robusta y sistémica sobre la migración”.

De este esfuerzo emerge una radiografía precisa, en la que los migrantes mismos responden a las grandes preguntas. ¿Por qué migran y cómo lo viven? En promedio, 74% dice hacerlo en búsqueda de oportunidades económicas, 43% por la reunificación familiar y 41% por la violencia – tres grandes factores que, a menudo, vienen entrelazados.

Las respuestas también cuentan la historia humana tras la decisión de partir. El 47% de los migrantes encuestados tiene hijos y, de estos, más de la mitad han quedado en la región. Desde la separación, la mitad de los migrantes dice hablar cada día con sus seres queridos, y un tercio lo hace semanalmente.

Los perfiles de los que migran

El Salvador, Guatemala y Honduras son conocidos, en conjunto, como El Triángulo del Norte, pero el estudio muestra que sus tres “esquinas” son distintas. “Los migrantes de los tres países no se comportan igual, el perfil migratorio por país varía”, explica Abuelafia.

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Los guatemaltecos son los que migran en mayor medida por motivos económicos, tienen mayor proporción de ahorro y de envío de remesas, y mayor tendencia a comprar casa en el país de origen. Para los salvadoreños, en cambio, el crimen y la violencia son un mayor factor para migrar que para sus vecinos, migran en mayor proporción por reunificación familiar, y tienden a ahorrar más en Estados Unidos. En el caso hondureño, el ahorro y la compra de un hogar se divide de forma más equilibrada entre el país de origen y el país receptor. Y aunque son los que menos emigran por reunificación familiar, son los que más anhelan traer a sus hijos.

Conocer para crear soluciones

Para los países del del estudio emergen dos desafíos principales en el ámbito de la migración: combatir los motivos por los que un migrante decide salir del país y responder a la oportunidad que representa la creciente tendencia de retorno.

“Entre los factores más importantes de la migración se encuentran razones económicas, la falta de oportunidades en el país de origen. En términos de políticas para los países de origen el reto es cómo generar esas oportunidades”, dice Ruiz-Arranz.

El BID ha producido una serie de estudios económicos que delinean los pasos esenciales a seguir para fomentar el desarrollo de cada uno de estos países: BIDeconomics Guatemala, BIDeconomics El Salvador y Honduras: Un enfoque territorial para el desarrollo. El último estudio, en particular, apuesta por el potencial de las distintas regiones del país para diversificar geográficamente la actividad económica. Gracias a los hallazgos de la encuesta, la cual identifica que el 93% migra directamente de sus localidades de nacimiento y no de las ciudades, modelos como el de Honduras podrían canalizar su impacto en las regiones con mayor incidencia de migración.

Lo mismo ocurre con el factor de expulsión que representa la violencia, en particular para El Salvador y Honduras. Para Ruiz-Arranz, El Salvador ha mostrado avances con el programa de control territorial, en el que están apostando a la reducción de crimen y violencia mediante un enfoque integral que incluye prevención, fortalecimiento institucional, reinserción e infraestructura social. En el caso de Honduras, se impulsó una reforma integral de la policía, apoyada por el BID, que mejoró la educación, el salario y el equipamiento de los agentes, e incrementó su número total y la participación femenina en un 20%. El resultado fue una reducción de la tasa de homicidios de 93,2 por cada 100.000 habitantes en 2011 a 42,8 en 2017.

“Muchos tienen la esperanza de regresar y por eso siguen enviando dinero e incluso comprando una casa e invirtiendo en su país. Siguen teniendo lazos muy grandes con su familia y, si la situación en sus países mejorara en algún momento, o si fuera más fácil una migración circular, habría mayores incentivos para regresar”, dice Marta Ruiz-Arranz, asesora económica principal en el BID y coautora del estudio.

Según los autores, combatir las causas de la migración también permitirá sentar las bases para reintegrar a los retornados. La otra faceta esencial es aprovechar los datos precisos que surgen del estudio para desarrollar políticas a la medida de este capital humano, en beneficio de sus países.

“Hay que ver a los retornados como una oportunidad para el país de origen, porque esas personas ahora poseen habilidades que son superiores en promedio a las de sus vecinos: mayor nivel educativo, conocimiento de inglés, y experiencia laboral en Estados Unidos. También tienen más educación financiera, tienen cuentas bancarias, saben manejar tarjetas de crédito; todos esos son activos”, dice Ruiz-Arranz.

Los autores del estudio consideran que una posible avenida para integrar a los migrantes retornados son nuevos sectores con potencial de crecimiento, como el turismo y la economía digital, y así abrir nuevos espacios para el emprendimiento. Soluciones para que la vuelta a casa pueda ser también un paso adelante.

“Es posible que haya un proceso de transición que puede ser un reto en el corto plazo, pero yo creo que puede ser positivo en el mediano plazo si ese capital humano vuelve y se usa productivamente para generar más crecimiento y más empleo,” dice Ruiz-Arranz.

Si quieres saber más sobre esta publicación, descárgala aquí: Tras los pasos del migrante: Perspectivas y experiencias de la migración de El Salvador, Guatemala y Honduras en Estados Unidos