Mejor gasto, mejor salud

La región está envejeciendo. América Latina y el Caribe está experimentando una transición demográfica donde las mujeres tienen menos hijos y una población más veterana que necesita de una mayor (y mejor) cobertura médica. Esto, hace el diagnóstico evidente: los países deben invertir en salud y distribuir recursos de manera más inteligente.

Muchos creen que una mejor atención en salud tiene que ver con cuánto dinero invierte el país. Siempre se ha pensado que más hospitales, más personal médico y más dinero significarían mejor salud. Y si bien ese es un factor importante, no todo tiene que ver con la cantidad. La eficiencia del gasto en salud juega un rol fundamental en el desempeño de la región en materia de salud: si América Latina fuera una región más eficiente en cuanto a su gasto sanitario, los latinoamericanos podrían vivir casi cuatro años más. Y en países como Bolivia, Guyana, Trinidad y Tobago, y Surinam, ese número podría subir hasta siete y alcanzar casi los 80 años.

 

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Según nuestra publicación insignia, los países latinoamericanos y caribeños son generalmente ineficientes en cuanto a cómo gastan su dinero en salud. Hoy, la región no sólo está por detrás de la las economías desarrolladas (agrupadas en la OCDE) en gasto en salud per cápita 1.109 dólares versus 4.701, sino que 22 de 27 países de América Latina y el Caribe están por debajo de la media en cuanto a su eficacia en gasto de salud. Y 12 de ellos, casi la mitad del total, en el 25% inferior de todo el estudio.

 

¿Dónde están las ineficiencias?

Pues, en muchas partes. Según la publicación, las ineficiencias están en el desperdicio de insumos, en la duplicación de exámenes, en estadías hospitalarias innecesarias, por nombrar solo algunos. También, la regulación de los precios de los medicamentos vital para hacer más eficiente el gasto sanitario está presente en solo algunos países de la región como Ecuador, El Salvador y Colombia, donde los medicamentos llegan a ser hasta un 40% más baratos.

De igual forma, la ineficiencia del gasto sanitario se refleja en cómo los países subutilizan los medicamentos genéricos y terminan gastando más en comprar fármacos de marca, que pueden llegar a ser más de un 40% más caros. Los autores del estudio destacan los casos positivos de México donde el Estado entrega exenciones fiscales o el de El Salvador, donde el gobierno apoya económicamente a pequeños empresarios farmacéuticos que fabrican medicamentos genéricos.

 

 

Asimismo, la región hace escaso uso de incentivos para que los médicos prefieran el uso de genéricos, mientras que, como destaca la publicación, en Hungría se otorgan recompensaciones financieras a los doctores o farmacias que receten y dispensen la versión más barata de medicamentos equivalentes.

La hospitalización innecesaria de pacientes también quita recursos que son vitales para otras patologías o necesidades del sistema. De tener un mejor y más eficiente gasto público en salud, especialmente con un énfasis en mejorar la atención primaria, América Latina podría haber evitado 9,6 millones de hospitalizaciones innecesarias en 2009.

 

 

¿Qué hacer para tener un sistema más eficiente?

Chile, Costa Rica y Uruguay son los tres países con el gasto más eficiente de salud en toda la región. ¿Por qué? Según el estudio, la efectividad del gobierno, la transparencia, la participación ciudadana en la formulación de políticas y la calidad regulatoria del Estado son primordiales para poder mejorar cómo gastar el dinero. 

Por ejemplo, estos países han desarrollado mecanismos de compra electrónica de sus insumos, lo que transparenta hacia dónde van (y en qué se gastan) los recursos públicos. De igual forma, Brasil ha podido ahorrar casi 2 mil millones de dólares tras la implementación de las conocidas ETS (Evaluaciones de Tecnologías Sanitarias), las que permitieron cambiar un medicamento de alto costo por uno más económico, pero igualmente efectivo. Otra estrategia sugerida es la compra regional de medicamentos por parte de bloques de países, la que incluya compartir información entre todos los países. 

El mensaje central es que la región tiene que producir mejores métricas en salud en todos los planos, desde el financiamiento de la atención de salud hasta la prestación de cuidados de salud, la gestión y la asignación de recursos con el fin de emplearlos para desarrollar políticas eficientes y efectivas. En tiempos de un menor crecimiento y de presiones fiscales, no hay mejor momento que este para repensar cómo se gasta el dinero en salud, y comenzar a realizar las reformas que se necesitan para mejorar las vidas de los latinoamericanos y caribeños a lo largo y ancho de la región.

 

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