Oruro Carnival

Más allá de la celebración, el carnaval genera riqueza

 

¿Qué tienen en común Barranquilla, Oruro, Puerto España y Río de Janeiro? Estas ciudades organizan carnavales conocidos en todo el mundo por el espectáculo de sus bailes, el latido de su música y la belleza de sus trajes deslumbrantes. 

Pero más allá de su atractivo como demostración multisensorial de la cultura, los carnavales también son impulsores de la economía y pilares que ayudan a generar comunidad. Un valor agregado que cada día aumenta el interés de organizaciones gubernamentales y formuladores de políticas públicas. 

"Más allá de las lentejuelas, la música y la tradición invaluable, los carnavales son una expresión del enorme potencial de las industrias creativas; un ecosistema que produce ingresos de más de US$124.000 millones al año en América Latina y el Caribe", explica Helga Flores Trejo, especialista principal de innovación y creatividad del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). "Cuando los gobiernos nacionales y locales apuestan por los carnavales y los promueven, están mejorando su papel como motores de creatividad e innovación".
 

Algunas de estas celebraciones, como el Carnaval de Barranquilla, ya han sido reconocidas por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial, un reconocimiento a una historia que se remonta al siglo XIX y se erige como el segundo carnaval más grande del mundo. Para la mayoría de la gente de Barranquilla, el carnaval es parte de las tradiciones familiares y una importante fuente de ingresos. Entre ellos se encuentra Adolfo Maury, Director de Danza del Congo Grande de Barranquilla, una institución de 144 años que es Patrimonio Cultural del Carnaval de Barranquilla.

“Tengo la suerte de haber nacido en una familia llena de tradiciones de carnaval. Está en nuestra sangre”, dice Adolfo. Muchos de los hitos de su vida pasaron durante el carnaval, como el momento en que se le cayó su primer diente de leche durante La "Batalla de Flores", uno de los primeros eventos de la celebración de cuatro días.

Es este vínculo esencial con la tradición lo que ha hecho que Adolfo se dedique a mantener viva una de las tradiciones más antiguas del carnaval, y contribuir a su duradero éxito y atractivo para los visitantes locales y extranjeros.
 

Números para celebrar: la economía de los carnavales 

"Para nosotros, el carnaval no es un evento de cuatro días ni un negocio: es un estilo de vida", dice Adolfo.


Incluso antes de que arranque la celebración, el carnaval genera miles de empleos temporales y permanentes a cientos de artesanos, músicos, fabricantes de vestuario y coreógrafos locales. Solo en 2018, más de 2.400 músicos y 852 grupos de baile fueron parte de los eventos.


Por cuatro días, durante el primer trimestre del año, Barranquilla organiza grandes desfiles callejeros, festivales de música y fiestas que, solo en 2018, abarcaron un 95% de la ocupación hotelera de la ciudad. Esto generó ganancias de más de 18 millones de dolares aproximadamente, y benefició a sectores tan diversos como la alimentación, el comercio minorista y el turismo, según el profesor Rodrigo Miranda, coordinador de emprendimiento e innovación de MacondoLab, un centro para el crecimiento empresarial de la Universidad Bolívar de Colombia.


Estas cifras son parte de una tendencia más amplia del potencial del país. En Colombia, solo las exportaciones de las industrias creativas superan los 900 millones de dólares, con un amplio margen de crecimiento, según la publicación del BID “Economía creativa en América Latina y el Caribe: Mediciones y desafíos”, que recopila datos sobre las industrias creativas en la región. 
 

Industrias creativas en Colombia

 

Colombia no es el único país de la región cuyos carnavales convocan a multitudes. En 2019, el Carnaval de Río de Janeiro, a menudo llamado "el mayor espectáculo de la tierra" recibió siete millones de visitantes. Como el carnaval más grande y conocido del mundo, la ciudad de Río de Janeiro recibió 875 millones de dólares en ingresos por turismo, un aumento del 26% respecto a 2018.


En el Caribe, Trinidad y Tobago alberga el mayor carnaval, una exuberante celebración de dos días que representa la expresión cultural más grande del país. De hecho, el carnaval es un componente clave de la economía, respaldado por políticas que desde principios de la década de 1990 han desarrollado un apoyo específico de las industrias creativas y culturales. Las iniciativas clave incluyeron la creación de la Comisión Nacional de Carnaval de Trinidad y Tobago (NCC), encargada de la gestión del carnaval como una empresa económica y cultural. Es una institución destinada a preservar, recopilar y difundir información y conocimiento sobre las festividades.
 

Cómo los carnavales fortalecen comunidades 

Más allá de su importancia económica, el carnaval también tiene una repercusión en la gente. “El carnaval no es solo fiesta y música. Es una herramienta para el impacto social y la promoción cultural”, dice Adolfo. "Trabajamos con niños y jóvenes para transmitir nuestros valores y manifestaciones culturales, enseñándoles a apreciar nuestras raíces y ritmos autóctonos".


La inclusión y la diversidad están en el centro de los carnavales. Desde sus orígenes, surgieron como celebraciones para todos: los ricos y los pobres; mujeres y hombres; los religiosos y los no creyentes. Hoy, los carnavales hacen que se borren las barreras raciales, sociales y de género. Aunque representan tradiciones y patrimonio, se caracterizan por evolucionar con los tiempos, expandiéndose para abarcar grupos que históricamente fueron marginados.


En Trinidad y Tobago, el carnaval es la "expresión misma de la cultura nacional", según el Dr. Kim Johnson, director de la Comisión Nacional de Carnaval de Trinidad y Tobago. Estas festividades no solo destacan las culturas afro e indo-trinitense del país, sino que también ayudan a mejorar las habilidades de los jóvenes al promover, entre otras cosas, lecciones de música calypso, autóctona de la isla.
 

Una celebración para el desarrollo

A medida que los tiempos evolucionan, los carnavales, como cualquier otra tradición, necesitan mantener el ritmo, no solo para asegurar su existencia, sino para encontrar más formas de beneficiar a las comunidades a las que sirven e involucrar a un público mayor.


"Los carnavales del futuro deberían dejar de centrarse únicamente en la cantidad de visitantes que reciben", afirma Matteo Grazzi, especialista senior de la División de Competitividad, Tecnología e Innovación del BID. "Para convertirlos en motores de desarrollo de sus ciudades, los gobiernos locales deben fortalecer subsectores específicos del turismo".


Si bien hay muchas oportunidades para integrar los carnavales y el ecosistema de las industrias creativas, los esfuerzos para hacerlo siguen siendo incipientes. Por esa razón, en 2018, el BID organizó el evento "Convocar para innovar: co-creando el carnaval del futuro" en Barranquilla, donde representantes del gobierno nacional y local se unieron a miembros del sector privado, académicos y actores para identificar los desafíos de la celebración principal de la ciudad y explorar soluciones. Sus hallazgos pueden beneficiar a otros carnavales de la región.


La política pública tiene un papel importante que desempeñar en el aumento de las regulaciones sobre el patrimonio, la inversión en grupos folclóricos y el espíritu empresarial, así como el advenimiento de nuevos modelos económicos para salvaguardar los carnavales. Otra variable es la sostenibilidad y la necesidad de disminuir el impacto ambiental de estas celebraciones. La tecnología, por su parte, ofrece una perspectiva optimista: la incorporación de innovaciones como el reconocimiento facial, la realidad aumentada y la traducción en tiempo real pueden hacer que los carnavales sean más seguros y accesibles para las poblaciones que no los han disfrutado hasta hoy.


Si deseas aprender cómo promover las industrias creativas en América Latina, descargue nuestras publicaciones “Industrias creativas y culturales en revitalización urbana: Guía Práctica” y “Políticas públicas para la creatividad y la innovación: Impulsando la Economía Naranja en América Latina y el Caribe”. 

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