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¿Cuánto caminarías para lavarte las manos? En Apurímac, la respuesta es horas. Y es que en este departamento de Perú, ubicado a más de 1.200 kilómetros al este de Lima, sus habitantes deben recorrer largas distancias de terreno montañoso para acceder a fuentes de agua potable.. 

La falta de agua clorada es un problema en todo el país y es la principal causa de desnutrición infantil. Las consecuencias de esta escasez son aún peores en departamentos remotos con alta población indígena, como Apurímac, Ayacucho, Huancavelica, Cusco y Puno, donde la falta de agua limpia es la causante de anemia crónica en cerca de un 43% de los menores de tres años. Sin embargo, implementar la infraestructura de agua y saneamiento necesaria no es una tarea simple en estas zonas. 

¿Cómo solucionar esto, entonces? Hace un par de años, el gobierno peruano lanzó concursos para que distintas agencias ejecutoras desarrollaran proyectos de agua y saneamiento. No obstante, la recepción no fue la mejor. “De los 341 proyectos que focalizamos en estas regiones, 183 no se podían ejecutar”, cuenta Jorge Chigne, del Ministerio de Vivienda. Muchos de los proyectos estaban ubicados en áreas geográficamente complejas, por lo que el interés de las empresas para ejecutarlos era bajo o resultaba difícil llevarlos a cabo.

 

 

¿La solución? Empoderar a las comunidades

En busca de soluciones innovadoras, el equipo del Ministerio de Vivienda decidió utilizar un mecanismo para intervenir en los proyectos de forma directa. Gracias a una donación, financiada por el Fondo Español de Cooperación para Agua y Saneamiento en América Latina y el Caribe (FECASALC), nacieron los núcleos ejecutores: conformados por miembros de la comunidad a cargo de administrar el proyecto y su financiamiento. Es decir, el manejo del proyecto pasó a manos de la comunidad en sí misma.

El sector público entregó fondos de US$150.000 en promedio a cada núcleo ejecutor, y les otorgó conocimientos básicos para comenzar a hacer realidad el sueño de tener agua potable en sus casas. Cada núcleo eligió a miembros de la comunidad para que actuaran como fiscales, tesoreros y vocales, a fin de administrar el proyecto, pagar a los trabajadores y comprar los materiales, entre otras tareas. 

La iniciativa transformó radicalmente las comunidades, ya que abrió nuevas oportunidades laborales para las mujeres, que hasta entonces habían sido relegadas del mundo laboral y que, en muchos casos, se transformaron en jefas de núcleo. “Nosotros, como núcleo ejecutor, estamos trabajando en el pueblo con equidad de género, varones y mujeres”, cuenta orgulloso Pedro Mallqui Salazar, presidente del Núcleo Ejecutor de Huasnupata. 

Video: estos fueron los resultados del proyecto, en la voz de sus beneficiarios

 

La iniciativa, además, permitió mejorar dinámicas de colaboración en la comunidad. “Yo soy fiscal, la comunidad me eligió. Cuento la cantidad de materiales que llega y sus marcas. Así trabajamos juntos los cuatro miembros del núcleo”, enfatiza Andrea Quispe Vargas, que trabaja como fiscal del Núcleo Ejecutor Huasnupata, junto a Pedro. 

Los núcleos también se han hecho cargo de asegurar la sostenibilidad del proyecto en el tiempo. María Huamaní, del centro poblado de Pichaca, explica cómo mantendrán el servicio de agua y saneamiento en su comunidad: “El agua no la vamos a tomar gratis. Pagamos una cuota familiar de 8 soles (equivalente a US$2,40) para el mantenimiento, la compra de cloro, accesorios y llaves. Con esa cuota ya no vamos a depender de los municipios. Entre nosotros vamos a pagar a los operadores”, dice.

 

“Yo soy fiscal, la comunidad me eligió. Cuento la cantidad de materiales que llega y sus marcas. Así trabajamos juntos los cuatro miembros del núcleo”, enfatiza Andrea Quispe Vargas, fiscal del Núcleo Ejecutor Huasnupata

 

La llave a una vida mejor

Gracias a esta innovadora solución, las comunidades indígenas de Apurímac, Ayacucho, Huancavelica, Cusco y Puno descubrieron una nueva forma para mejorar su calidad de vida, generando más oportunidades de trabajo y colaboración en la comunidad.

El impacto de estos proyectos no solo ha mejorado la calidad de vida y los índices sanitarios de las comunidades, sino que incluso ha aumentado la asistencia a colegios. El acceso a agua limpia ha ayudado a disminuir el porcentaje de niños enfermos en las comunidades, y los tiempos de viaje para recolectarla. “Ahora nuestros niños van a poder lavarse las manos después de trabajar y antes de ir a comer. Ya no van a estar correteando de allá para acá, porque ya tenemos nuestros baños”, cuenta orgullosa Nélida Charapaqui Soto, profesora de Totorapamba.

Video: entrevista con el líder del proyecto, Jorge Chigne

 

El 100% de los 183 proyectos ejecutados por estos núcleos ya han concluido mientras que, de los 158 proyectos ejecutados por empresas, todavía hay 32 en ejecución. “El programa logró hacer que la población, una vez que se empodera de su proyecto y lo trabaja en conjunto, obtenga grandes desarrollos en su localidad y alcance sus metas”, dice Jorge Chigne, desde el Ministerio de Vivienda.. 

Este proyecto de agua y saneamiento fue seleccionado como ganador de Superhéroes del Desarrollo, una iniciativa del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) para premiar formas innovadoras de abordar desafíos en los proyectos que apoya. El proyecto resultó ganador entre 86 otras propuestas presentadas por agencias ejecutoras del Banco y provenientes de los 26 países miembros del Banco.

¿Quieres conocer más sobre el proyecto de Jorge y los otros que concursaron? Encuéntralos en nuestra página web y descubre las ideas detrás de las propuestas seleccionadas.

 

 

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