Improving lives

 

Colombia, al igual que la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, enfrenta un reto enorme para su desarrollo: los ninis, nombre con el que se conoce al grupo de jóvenes que no trabaja ni estudia.
 
Se estima que la cifra de ninis de entre 15 y 24 años asciende a 582.000 en las principales ciudades del país, como Bogotá, Medellín o Cali, según datos del Departamento de Planeación Nacional de Colombia. Muchos de ellos tienen poca experiencia laboral, bajos niveles de educación y no han desarrollado habilidades importantes para integrarse al mundo laboral. A pesar de que a muchos les gustaría trabajar, los hombres de este rango de edad enfrentan una tasa de desempleo de 19,2%, más del doble que la media nacional, y las mujeres de 23,5%, según cifras oficiales de 2017.
 
El problema es que, en la mayoría de los países latinoamericanos, incluyendo Colombia, los programas de empleo se centran en pagar por actividades, como programas de formación laboral, en vez de poner énfasis en el resultado final: conseguir un trabajo. Para estos jóvenes, un primer empleo formal puede ser la puerta de entrada a un futuro donde tengan una posición estable.
 

 

Miniatura

 

Uno de los retos es que muchos de estos programas de formación no están alineados con las necesidades específicas de las empresas con vacantes. Además, las poblaciones vulnerables al desempleo como ninis, víctimas del conflicto armado y madres con hijos pequeños en situación de pobreza, tiene necesidades especiales o brechas de habilidades que requieren una mayor atención.
 
Ante este reto, BID Lab, el gobierno de Colombia, la Cooperación Suiza de SECO, las fundaciones Corona, Mario Santo Domingo y Bolívar Davivienda desarrollaron un programa pionero en América Latina y el Caribe para incrementar la participación de poblaciones vulnerables en el empleo formal. A nivel mundial, las intervenciones de empleo para poblaciones vulnerables más exitosas han logrado colocar a entre 20%-32% de ellas; sin embargo, el primer piloto de este proyecto logró colocar en un empleo formal a un 46% de esta población.

 


 

¿Cómo funciona esto?

El programa funciona a través de un Bono de Impacto Social (BIS), un innovador instrumento financiero que invita a inversionistas privados a unir esfuerzos con el gobierno para llevar a cabo proyectos sociales. Mediante este mecanismo, el gobierno y los inversionistas privados establecen las metas del impacto que quieren lograr y seleccionan a un intermediario, generalmente una ONG o empresa, para ejecutar el proyecto.
 
Una vez establecido los objetivos, los inversionistas dan un adelanto al ejecutor para llevar a cabo el proyecto. A lo largo del proceso, un organismo externo analiza los resultados y determina qué tan efectivo fue en cumplir las metas. Si el resultado es positivo, el gobierno paga a los inversionistas su inversión y un retorno adicional. De no cumplirse las metas acordadas, el gobierno no desembolsa recursos. Así, en este esquema, el gobierno transfiere el riesgo de ejecución a los inversionistas privados y solo paga por el éxito del proyecto.
 
En el caso del primer Bono de Impacto Social en Colombia, que se ejecutó de marzo de 2017 a diciembre de 2018, el objetivo fue conseguir un trabajo formal a poblaciones vulnerables al desempleo. Si los beneficiarios conseguían un empleo, el gobierno y el BID Lab (con recursos de la Cooperación Suiza) se comprometían a pagar el 50% del precio pactado. El restante 50% se pagaba si los beneficiarios retenían el trabajo por lo menos durante 3 meses. También se incluyó un premio adicional del 10% del precio total si lo retenían por lo menos por 6 meses.  
 

“Este proyecto es un game changer”, dice Christine Ternent, especialista del BID Lab que lidera este proyecto en Colombia. “Se logró, por primera vez, el pago por resultados, no por el entrenamiento laboral sino por haber conseguido un empleo para la gente que lo necesita”.


 

 

 


 

¿Quién pudo participar?

El proyecto se probó inicialmente en una escala pequeña para determinar su viabilidad. De un total de 1855 personas que recibieron la intermediación laboral, 899 (46% del total) lograron colocarse en un empleo formal. Para ser elegibles al proyecto piloto, las personas debían ser  jóvenes desempleados, vivir en situación de pobreza o ser víctimas del conflicto armado. De las personas que consiguieron un empleo, 677 lograron retener su puesto de trabajo por al menos tres meses (79% de los empleados) y 309 por 6 meses o más (34% de los empleados).

Galería de fotos: los beneficiarios y el proyecto piloto
 
 

 

Parte del éxito del programa es que cambia lo que se les exige a los operadores de los programas de empleo. Anteriormente se les pagaba por cada alumno que entrenaban; ahora, se les paga por cada uno que logra conseguir y retener un empleo. Esto ha empezado una transformación de los programas de formación laboral para que sean más innovadores, efectivos y personalizados.
 
“No es suficiente que el proyecto tenga buenos resultados; el proyecto tiene que ayudar a sacar a la gente de la pobreza”, dice Christine Ternent. “Tú no sales de la pobreza si no tienes un ingreso estable. Puedes tener mejor educación, mejor salud, mejor casa, pero no sales de la pobreza si no consigues un ingreso”, dice.
 

 

Miniatura

 


La especialista comenta que el potencial de los Bonos de Impacto Social es enorme. Se pueden utilizar para cubrir a otras poblaciones vulnerables en sectores como educación, salud, nutrición o embarazo adolescente. Aunque también señala que es importante realizar diversos pilotos en escalas pequeñas para generar aprendizajes. Además, no es una solución que se puede aplicar a todos los problemas sociales: es necesario tener o poder crear una infraestructura de datos para verificar los resultados de manera precisa.

El proyecto de empleo de Colombia recientemente inició un nuevo Bono de Impacto Social en Cali y se espera estructurar un tercer bono para 2019 dentro de un fondo de pago por resultados. Para este último, se lanzará una convocatoria pública para que los interesados presenten sus proyectos. A partir de los resultados de estos nuevos pilotos, se determinará la viabilidad de ampliar el fondo para generar una mucho mayor escala de los Bonos en Colombia.  
 
“Mi trabajo, mi pasión, es lograr que las personas tengan las herramientas para salir por si mismas de la pobreza y, ojalá, lleguen a formar parte de la clase media.” comenta Ternent. “Esa es nuestra labor, no estamos aquí para solo contribuir con mejoras marginales; nuestro trabajo es ayudar a transformar estas realidades”.
 
Puedes consultar más sobre los bonos de impacto social y otras innovaciones financieras en esta publicación.
 

 

Miniatura