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Patricia, Wayne y Shelly-Ann siempre han vivido en la zona que rodea la cuenca superior del Río Minho. Su vida, al igual que la de cientos de otras personas que viven en esta zona, cambió radicalmente en 2017 tras una de las inundaciones más catastróficas en la historia de Jamaica. Durante 72 horas, la lluvia inundó a 12 de las 14 parishes (parroquias) de Jamaica con más agua de la que normalmente reciben durante todo el mes de mayo. La parroquia de Clarendon sufrió los daños más severos, entre ellos la pérdida de varios puentes, múltiples caminos dañados y el aislamiento de algunas comunidades. 

“Las inundaciones fueron más fuertes de lo que nosotros, o inclusive nuestros padres o abuelos, jamás habían experimentado”, cuentan Patricia y Shelly-Ann, quienes estaban administrando sus tiendas de alimentos en la carretera, a la orilla del Río Minho, cuando empezó la inundación. “De la noche a la mañana, nuestras tiendas fueron arrastradas por la corriente del río. Estamos luchando para encontrar los recursos para reconstruirlas. Desde ese día, ya no podemos ver al río con los mismos ojos”, dicen.

El río Minho, el más largo de Jamaica con una longitud de 92.8 km, es la principal fuente de agua para la parroquia de Clarendon. Sin embargo, también es una de las cuencas hidrográficas más degradadas de Jamaica. Los efectos combinados del cambio climático, las frecuentes sequías, los incendios forestales, la deforestación, las inundaciones, la erosión y los deslizamientos periódicos la han destruido a lo largo de los años. Esto ha tenido un impacto negativo en la seguridad alimentaria y las fuentes de ingreso de las comunidades circundantes.

Mapa: zonas en riesgo de inundación alrededor del mundo

Fuente: German Federal Institute for Geosciences and Natural Resources (BGR) en colaboración con la UNESCO, Worldwide Hydrogeological Mapping and Assessment Programme (WHYMAP), International Association of Hydrogeologists (IAH)

 

"Crecimos a las orillas del río", dice Shelly-Ann. “Siempre ha sido parte de nuestro sustento y también un lugar de recreación. Para algunos de nosotros es el lugar a donde vamos a pescar y nadar, para otros es más importante por la agricultura. El Rio Minho para nuestra comunidad significa todo".


 

 

El impacto de las inundaciones es, probablemente, el efecto más grave del cambio climático para las casas y negocios del lugar. Las consecuencias sobre el sector agrícola también tienen implicaciones adversas para la seguridad alimentaria, los ingresos y los niveles de pobreza de los hogares y comunidades afectadas.

“Sufrí daños severos. El agua inundó la tienda, dañó mi inventario, los muebles, el refrigerador, la estufa de gas y otros objetos de valor. La recuperación fue lenta y dolorosa porque no tenía fondos suficientes para comprar nuevo equipo y reaprovisionar”, dice Wayne.

Galería de fotos: las inundaciones de Jamaica en 2017

 

Ante este reto, el BID apoyó al país con el Programa Piloto de Resiliencia Climática, una ventana de financiamiento del Fondo de Inversión Climática para acciones de adaptación al cambio climático y formación de resiliencia. Con un enfoque programático de dos fases, el programa ayuda a los gobiernos nacionales a integrar la resiliencia climática en la planificación de proyectos de desarrollo. También proporciona financiamiento adicional para probar soluciones innovadoras de los sectores públicos y privados a los riesgos relacionados con el clima.

 

 

Bajo el PPCR, opera el Programa de Adaptación y Mecanismo de Financiamiento (PACF), el cual ayuda a Jamaica a adaptarse más fácilmente a las consecuencias del calentamiento global. A través de este programa, se integran elementos de cambio climático en la planificación de obras por parte de las agencias gubernamentales. También proporciona fondos para trabajos de adaptación al cambio climático en sectores prioritarios, como la agricultura y turismo, donde esta última representa la mayor fuente de ingresos para el país, junto a las remesas. 

La parte superior de la cuenca de Río Minho es una de las áreas beneficiadas por estos proyectos. Hoy, esta zona es hogar de unas 40 comunidades —con una población estimada de 69.000 personas— donde se han implementado medidas como el modelado de cultivos, el monitoreo del balance de sedimentos y medidas de adaptación.

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