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“He empezado a traer zapato de piso cuando ando en autobús, me da más seguridad porque si pasa cualquier cosa puedo correr”, dice una mujer en Jalisco, México. “Un señor me abrazó buscando mis pechos, le torcí los dedos y lo arañé. Luego me tocó el trasero, me empujó y terminé casi en el piso”, dice otra en Ciudad de Guatemala. “Desde chica me acostumbré a andar siempre con audífonos para no escuchar las cosas que me decían hombres de toda edad”, cuenta otra mujer, desde Santiago de Chile.

En el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia hacia la Mujer, estos testimonios recogidos por los Observatorios contra el Acoso Callejero reflejan las situaciones que viven a diario las mujeres a lo largo y ancho de la región.

Más del 60% de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia sexual, física o verbal, en el transporte público en Latinoamérica. Bogotá, Ciudad de México y Lima son las tres ciudades con los sistemas de transporte más peligrosos para ellas, según un estudio que incluye a 16 urbes alrededor del mundo

 

 

Esta violencia —en muchos casos verbal, en otros física— hace que la búsqueda de rutas seguras sea un factor más a la hora de viajar para las mujeres. Así es como estas estrategias de defensa les obligan a cambiar sus rutas y formas de transporte, aunque eso signifique más tiempo o un mayor costo. Es, definitivamente, una carga adicional que niega a las mujeres el derecho a no sólo moverse libremente dentro de la ciudad, sino que a disfrutar de ella sin miedo a ser violentada. 

¿Cómo solucionar este problema? Varias ciudades han creado vagones y autobuses sólo para mujeres, lanzado campañas de sensibilización o creado apps para denunciar. Las ciudades se están moviendo para ponerle freno al acoso callejero y ahora han decidido ir más allá y hacerlo de forma conjunta. Así nace Transport Gender Lab, una red de ciudades latinoamericanas concentradas en mejorar el transporte urbano mediante la incorporación de la perspectiva de género.
 
Siete han dado ya el paso. Bogotá, Buenos Aires, Ciudad de México, el Estado de Jalisco, Ciudad de Guatemala, Quito y Santiago de Chile están ya generando —con el apoyo del BID— conocimiento sobre el diseño, implementación y monitoreo de iniciativas, así como actividades y estudios en favor de la igualdad de género en el sector de transporte a través de un diálogo técnico basado en el trabajo en red y el intercambio de experiencias.

 

 

Pero además de la prevención de la violencia y el acompañamiento a las víctimas en el proceso de denuncia, el Transport Gender Lab también busca dar respuesta a otros dos grandes desafíos que afectan a los sistemas de transporte desde una perspectiva de género.

El primero, la falta de datos de movilidad desagregados por sexo que permitan entender mejor las diferentes necesidades de hombres y mujeres, así como las de otros grupos como las personas con discapacidades o los mayores. El segundo, la poca presencia de mujeres en el sector de infraestructura y transporte (15%), lo que dificulta la inclusión de sus necesidades y perspectivas en las fases de diseño, construcción y operación de los sistemas de transporte.

Este esfuerzo regional se ha inspirado en el trabajo realizado por el sistema público de transporte de Londres, en el Reino Unido. ¿Su principal lección? “Una de las cosas más importantes es que cualquier mejora que se haga para las mujeres también hará que el sistema sea mejor para todos los clientes”, dice Christina Calderato, gerente de Políticas, Estrategia y Planificación de Transport for London, la agencia gubernamental de transporte público de la capital británica, más conocida como TfL.

"Un señor me abrazó buscando mis pechos, le torcí los dedos y lo arañé. Luego me tocó el trasero, me empujó y terminé casi en el piso", dice una mujer desde Ciudad de Guatemala.

 

Género y transporte, ciudad a ciudad

Ya son más de 80 las iniciativas compartidas en la red de ciudades, en su mayor parte de sensibilización y educación (27) y de prevención de la violencia (13). Aquí te destacamos algunas:

Ciudad de México ha apostado por las nuevas tecnologías con el app Vive Segura CDMX, que permite a las viajeras reportar eventos y recibir atención en situaciones de violencia. En Bogotá otra app, Safetipin, ofrece a las usuarias información georeferenciada sobre temas de seguridad como iluminación, estado de las vías, visibilidad o presencia de agentes.

Buenos Aires ha apostado fuerte por la investigación, levantando información mediante diferentes encuestas para documentar la violencia de género dentro del sistema de transporte y la percepción de inseguridad de las usuarias. En Santiago de Chile, el Observatorio contra el Acoso Callejero, también recoge información a través de encuestas, además de organizar campañas comunicacionales y de sensibilización.

Quito trabaja por consolidarse como una ciudad segura para mujeres con iniciativas como Cuéntame, con cabinas ubicadas en cinco estaciones donde las mujeres pueden denunciar episodios de acoso sexual. En la misma línea, el Estado de Jalisco en México ha puesto en marcha los módulos itinerantes de prevención del acoso, donde abogados, sicólogos y trabajadores sociales brindan orientación sobre violencia de género en las principales estaciones durante las horas pico. 

En Ciudad de Guatemala, el sistema de transporte público Transmilenio apostó por la infraestructura y la coordinación con la policía, con un programa de paradas seguras que incluye mejor iluminación y sistema de videovigilancia en las estaciones, lo que en algunas unidades se complementa con un botón del pánico. 

Si quieres saber más sobre la iniciativa Transport Gender Lab y los productos de conocimiento para cada ciudad, echa un vistazo a las publicaciones aquí.
 

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