Afrolatina Day

El reflejo de la inclusión

“La identidad es aquella en la que todos los miembros de la sociedad puedan reconocerse recíprocamente, es decir, respetarse”, Jürgen Habermas.

La colección de fotografías “Seeing Black Women in Power” (Viendo a mujeres negras en el poder), exhibida en el Museo Nacional de Historia y Cultura Afroamericana de Washington, D.C., muestra la lucha por la equidad que dieron las afrodescendientes entre 1960 y 1970 en Estados Unidos. Quien las ve por primera vez redescubre los rostros femeninos de uno de los grandes movimientos sociales del siglo pasado. Pero para adolescentes afrolatinas como Xiomara Dacondo, estas imágenes son mucho más que un pedazo de historia: son una revelación, verse reflejadas en una de las grandes narrativas colectivas que cambiaron el mundo. “Yo mucho no conocía sobre la historia y, cuando fuimos al museo de afrodescendientes, me alegró muchísimo. La lucha de las mujeres...es mucha alegría ver el talento que tienen”, comenta Xiomara entre lágrimas. 

En 2019, Xiomara viajó a Washington D.C. junto a sus compañeras de la Agrupación Xangô de Buenos Aires. Fue un viaje de 8.391 kilómetros desde la capital argentina hasta la capital de Estados Unidos para conectar con la historia afroamericana, aunque hasta hace poco ella no se sintiera parte de esa comunidad. “Mi papá es argentino blanco y mi mamá es afrouruguaya, y yo no pensaba que era una persona negra. Mi papá me decía que soy morocha o morena y yo me creía eso, que no era negra”, explica Xiomara. 

Xiomara: ser mujer afrodescendiente en América Latina es una identidad 

Como Xiomara, hay muchos casos. En Argentina, las organizaciones de afrodescendientes estiman que la población afro es cercana a los dos millones, aunque en el último censo se registraron apenas 149.493. En América Latina y el Caribe, un 30% de la población es afrodescendiente, aunque estudios del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) indican que la perspectiva afrodescendiente está bastante ausente de los sectores formales de poder. Esto supone un desafío para la identificación y visibilización de la población afro en la región.

“Para mí que soy joven, adolescente, afrodescendiente, a cualquier lugar que vaya, siempre está una constante pregunta: de dónde soy. ¿Por qué tengo que sentirme extranjera en mi país?”, comenta Florencia Mendilarzo, adolescente afroargentina quien también integra la Agrupación Xangô. 


Las barreras del color

En América Latina y el Caribe, jóvenes como Xiomara y Florencia deben enfrentar cada día los desafíos que supone ser parte de un grupo étnico minoritario: “Hay mucha discriminación, racismo e incomodidad. En mi salón de clase, la mayoría son personas blancas y a veces te sentís incómodo, por miedo al rechazo. Yo soy muy tímida, juntarme con otros me da cosa por lo que me pueden llegar a decir o preguntar”, dice Xiomara. 

Existen avances, como en Panamá, donde las mujeres afrodescendientes tienen el nivel educativo más alto de todos los grupos raciales y étnicos. Son, de momento, la excepción, y aún ahí existen todavía barreras de acceso a servicios sociales y oportunidades laborales. 

Estudios demuestran que jóvenes como Xiomara y Florencia tienen más probabilidades de convertirse en trabajadoras del sector informal que sus compañeros, tan solo por su color de piel. Según la CEPAL, entre un 65% y un 80% de las mujeres afrodescendientes de países como Brasil, Costa Rica y Ecuador desempeñan trabajos manuales, de alta informalidad y rotación. 

Florencia: ser mujer afrodescendiente una lucha por ser visibilizada 

Los obstáculos no terminan ahí: además de la desigualdad en las oportunidades laborales, los afrodescendientes tienen menores ingresos, tasas de ahorro más bajas y menores probabilidades de tener acceso a créditos bancarios, según estudios del BID.

Por eso, para estas adolescentes, descubrir modelos a seguir que las reflejen es vital para poder imaginar nuevas formas de habitar en la sociedad y revertir estas tendencias. “Entrar a Howard University (la más prestigiosa de las universidades tradicionalmente afroamericanas de EE.UU.) y ver qué tenés doctores, que tenés médicos. Yo nací para tener un título, yo nací para ser alguien. [...] Es terrible que vayas por la calle y se pregunten si vos realmente sos capaz de haber llegado a eso”, dice Marcela Lorenzo, afroargentina y presidenta de la Agrupación Xangô.


El fin de la invisibilidad

En busca de más inclusión, cada 25 de julio se celebra el Día Internacional de la Mujer Afrolatina y Afrocaribeña. Este día nació con el objetivo de reivindicar a las mujeres afro y generar un cambio significativo en ejes transversales como la discriminación racial, la violencia, el sexismo, la exclusión, la pobreza y la migración. 

Los desafíos no son pocos, y para vencerlos, la información estadística desagregada por etnicidad y raza es vital. No solo para evitar que más jóvenes como Xiomara no estén seguras de cómo identificarse, sino también para construir indicadores y medir avances y retrocesos en las condiciones de vida de la población. 

“Analizar la pobreza y las políticas públicas para la erradicación de la pobreza, desde una perspectiva multidimensional que cruce las variables de raza, etnicidad género y otras, nos permite efectivamente no sólo sacar temporalmente a la gente de la pobreza, sino sacarla permanentemente”, explicó Epsy Campbell, vicepresidenta de Costa Rica, durante el diálogo regional de política de diversidad del BID, organizado en 2019.

 

Marcela: ser mujer afrodescendiente en América Latina 

Para apoyar en esta tarea, el BID realiza cooperaciones técnicas con los gobiernos de la región. En Panamá, por ejemplo, brinda apoyo técnico y financiero para el desarrollo de la Estrategia Nacional de Políticas Públicas para la Población Afropanameña. Esto ayudó a desarrollar un diagnóstico sobre la situación de los afropanameños, enfocado en las condiciones y en los retos primordiales a nivel nacional y en las provincias con alta concentración de afropanameños. 

“En el BID sabemos que la riqueza de América Latina y el Caribe radica en su diversidad, y para aprovecharla, los datos estadísticos no solo son necesarios para el ejercicio de los derechos de la ciudadanía, sino también para diseñar y promover políticas públicas inclusivas para grupos vulnerables, como las mujeres afrodescendientes”, dice Marcelo Cabrol, gerente del Sector Social del BID. 

Además, para ayudar a construir puentes entre los gobiernos de la región y las comunidades locales, el BID apoya iniciativas como la Red Interamericana de Altas Autoridades sobre Políticas para Población Afrodescendiente, establecida con Harvard University y la Organización de los Estados Americanos; y SomosAfro.org, una plataforma interactiva virtual que ofrece un espacio para que gobiernos nacionales y locales compartan sus políticas de inclusión y profundicen el diálogo con los ciudadanos para resolver los desafíos que enfrentan los afrodescendientes de la región. La plataforma contiene información demográfica y socioeconómica de los afrodescendientes por país y municipio, con un resumen de los programas ofrecidos por el sector público. Actualmente, participan siete países y 43 municipalidades con más de 34.000 seguidores, que comparten ideas para visibilizar a su comunidad, como la inclusión de un afro-currículum educativo y un diccionario de apellidos para conocer el origen afrodescendiente e indígena, entre otros.

El objetivo de estas iniciativas es que mujeres como Marcela, Xiomara y Florencia no necesiten viajar más de 8.000 kilómetros para encontrar un reflejo de su identidad en la historia, o una inspiración para alcanzar sus aspiraciones, y que puedan tener acceso a las mismas oportunidades que el resto de América Latina y el Caribe, sin distinción de su color de piel. “He padecido violencia de género, me han humillado, me han dicho que no llegaba y estoy acá, eso es lo que vale. Yo sé hasta dónde quiero ir [...] Amo lo que hago y nada ni nadie me va a prohibir salir adelante”, dice Marcela. 


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