roma movie

 

En los últimos tres años no ha habido una ceremonia de los Oscar sin nominados –y sin ganadores– de América Latina, y su edición número 91 no es la excepción. Sin embargo, el impacto de estas estatuillas va mucho más allá de la premiación, ya que la industria audiovisual es catalizadora de desarrollo en nuestra región. 

Este año ya se han roto récords con la nominación a mejor actriz de Yalitza Aparicio, la primera mujer de origen indígena que participa de esta categoría; y con la selección de Roma para competir como mejor película, siendo la primera cinta en español que compitió en esta categoría. Un reconocimiento al cine latinoamericano que se está haciendo sentir más allá de los Oscar: en Sundance, la directora uruguaya Lucia Garibaldi ganó el premio a la mejor dirección internacional y la película colombiana Monos se llevó el premio especial del jurado, uno de los más prestigiosos de toda la competencia.

Sin duda el cine de América Latina y el Caribe está pasando por un gran momento, y con él, la creatividad de la región está alcanzando un eco internacional sin precedentes. Pero la razón por la que hay que prestar atención a esta evolución va más allá de la alfombra roja. La industria audiovisual, que incluye el cine, la animación y los videojuegos y la creatividad en general, pueden convertirse en industria clave para el desarrollo de América Latina.

Juan Jose Campanella, director argentino de El Secreto de sus Ojos y ganador del Oscar en el 2010 a Mejor Película Extranjera, lo resaltó recientemente en un evento del BID en Mendoza. “El potencial de crecimiento es enorme, (…) tres chicos aquí en Godoy Cruz pueden hacer el próximo Angry Birds. Así que esto está al alcance de cualquiera, muy democratizador”, señaló.

 

Infográfico: Latinoamérica y los Oscar
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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Qué tiene que ver el cine con el desarrollo?

El cine es uno de los sectores de la economía creativa con mayores beneficios para el crecimiento de un país o región. Por ejemplo, se calcula que cerca del 38% del gasto de producción de una película genera ingresos en otros sectores, ya que implica invertir en técnicos, vestuario, música, diseño, además de hoteles y transporte, entre otros. De igual forma, la industria cinematográfica representa cerca de US$138.000 millones, contando los ingresos de taquilla, distribución, streaming y otros. No es casualidad que tres de los 20 mayores productores del mundo se encuentren en nuestra región, alojados en las tres economías más ricas de América Latina: México, Argentina y Brasil.

En otras latitudes, el cine se ha vuelto tan importante que, en países como Nigeria, ya genera ingresos por US$5.000 millones y es responsable de la creación de más de un millón de empleos. 

Si volvemos a mirar nuestra región, los números tampoco mienten: en México, por ejemplo, el producto interno bruto (PIB) de la industria cinematográfica creció un 15%, mientras que el PIB nacional solo creció un 2,2% entre 2015 y 2016; en República Dominicana, el cine aportó US$66 millones para la economía local el año pasado, mientras que en Colombia, la recaudación en taquilla de 2018  generó un récord de  US$170 millones.
 

Infográfico: los números detrás del cine latinoamericano
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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La realidad supera a la ficción

Más allá de la ficción, el cine es claro y fiel reflejo de nuestras sociedades. Las historias que vemos en la pantalla grande se basan en aquellas realidades palpables que vivimos día a día, visibilizando las problemáticas sociales y la cultura de nuestros países.

“Apoyar este tipo de industrias, no solo porque eventualmente se pueden convertir en una industria que funcione, sino que también es importante apoyarlas porque la animación, el cine, la música son expresiones de arte que representan la identidad de un país”, dijo Gabriel Osorio, director chileno ganador del Oscar por el corto animado Historia de un Oso en el 2016.

¿Qué pasa, entonces, cuando el cine puede ser un gatillo de cambio para mejorar la vida de nuestros ciudadanos?

Miremos de cerca los casos de México y Chile

A la par del estreno de la película mexicana Roma, un grupo de senadoras de varios partidos políticos presentó una iniciativa de reforma a la Ley Federal del Trabajo, que incluía protecciones a las trabajadoras domésticas, como limitar la jornada de trabajo a 8 horas e incluir las prestaciones establecidas en la ley, entre ellas el acceso a la seguridad social.

Además, la Corte Suprema mexicana resolvió un caso histórico al respecto, garantizando el acceso al sistema de seguridad social a más de 2 millones de trabajadoras domésticas. Por otro lado, el Instituto Mexicano del Seguro Social, más conocido como IMSS, se comprometió a diseñar y poner en marcha el programa de afiliación.

Roma, del mexicano Alfonso Cuarón, es la primera latinoamericana nominada como Mejor Película en los Oscar

 

“Es difícil medir el impacto concreto de una película como en el caso de Roma, pero en definitiva es un vehículo para abrir conversaciones y provocar diálogo”, dice Alexandra Haas, presidenta del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred).

Si miramos más al sur, el caso de Chile también refleja el poder del cine en nuestras sociedades.  La victoria de Una mujer fantástica como mejor película extranjera en los Oscar del año pasado abrió el debate sobre los derechos de las personas transgénero, y su cambio de identidad en los registros de identificación oficial. 

“El cine, como el arte, intenta entender mejor al ser humano. Esta película propone saber dónde están los límites de la empatía […] Hoy, en mi carnet (documento de identidad) hay un nombre que no es mi nombre. Y es porque el país donde yo nací, no me entrega esa posibilidad”, aseguró Daniela Vega, primera mujer transgénero ganadora de un Oscar, después de la ceremonia de premiación.

Una mujer fantástica de Chile, ganadora del Oscar a Mejor Película Extranjera en 2018

 

Con este discurso y el llamado del director de la película, Sebastián Lelio, se aceleró el trámite legislativo. Así, casi ocho meses después del Oscar y luego de cinco años de debate en el Congreso, Chile puso en vigencia la Ley de Identidad de Género, que permite a las personas transgénero mayores de 18 años realizar el cambio de nombre y género.

El cine, como el resto de la Economía Naranja, demuestra que puede ser un motor de desarrollo en la región. Para ello, es necesario implementar las políticas públicas adecuadas que fomenten el ecosistema creativo , como lo que describimos en esta reciente publicación: Políticas Públicas para la Creatividad y la Innovación, impulsando la Economía Naranja en América Latina y el Caribe.

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