dindesperdicio

¿De la basura a la mesa?

 

Los números son alarmantes. En América Latina y el Caribe, la subalimentación afecta a 42,5 millones de personas, según datos de la FAO. Esto representa un poco más que la población de Perú, o la suma de todos los habitantes de Bogotá, Caracas, Santiago de Chile y el área metropolitana de Buenos Aires.

Podríamos pensar que estos datos son una ironía, cuando casi un cuarto de toda la carne que se consume en el mundo viene de la región, o cuando consideramos que Brasil es el cuarto país que más comida produce a nivel global, después de Estados Unidos, China e India.

Pero no todas son malas noticias: entre 1990 y 2014, la región logró disminuir el porcentaje de su población en condiciones de hambruna en un 60 por ciento, meta que fue inalcanzable para el resto del mundo. Para 2015, América Latina y el Caribe fue la única región en todo el planeta que logró reducir a la mitad el porcentaje de personas que padecen hambre, uno de los Objetivos del Milenio de Naciones Unidas.  

Infografía: navega en este post para ver dónde y cuánta comida se pierde en el proceso

 

Ahora bien, si la región tiene un gran potencial para la producción de granos, ganado, recursos pesqueros y agrícolas, ¿por qué se desperdician más de 127 millones de toneladas cada año? ¿por qué se desperdicia un 34 por ciento de todo lo producido? Para poner estos datos en contexto, es como si se perdiera la mitad de todos los cereales cosechados en la región durante 2017, o como si cada latinoamericano botara 223 kilos de alimentos cada año.

Las pérdidas y desperdicios de alimentos no se dan solamente en una etapa de la cadena, sino que sucesivamente en los diferentes puntos de la misma. Este fenómeno ocurre en la producción, donde se pierde aproximadamente un 28 por ciento; en el manejo y almacenamiento un 21 por ciento, y en la distribución otro 17 por ciento. A nivel de consumo (hogares, restaurantes y hoteles), la cantidad de alimentos desperdiciados sube a un 28 por ciento. 

Las causas de este fenómeno son de todo tipo. Por ejemplo, vegetales y frutas que no cumplen con los cánones estéticos de los comerciantes; alimentos congelados que no son propiamente manejados en su cadena de frío; plagas que afectan a las cosechas, o simplemente un mal etiquetado son algunas de las razones que pueden gatillar el desperdicio innecesario de alimentos aptos para el consumo humano. Solo el desperdicio de los productos comestibles que se generan en los supermercados y restaurantes podría alimentar a casi el 85% de los latinoamericanos que, actualmente, sufren de hambre. 

 

 

¿Qué podemos hacer?

La cooperación público-privada es fundamental para poder convertir el desperdicio en comida, y de esta manera ayudar a solucionar uno de los problemas de desarrollo que más afecta a América Latina y el Caribe. Es por ello que desde el BID nos asociamos con multinacionales alimentarias, ONGs y organismos internacionales en una iniciativa pionera que llamamos #SinDesperdicio, entre las que se encuentra Nestlé, The Coca-Cola Company, Dow Chemical, Fundación FEMSA, Grupo Bimbo; como también IBM, Oxxo, la FAO, la Red Global de Bancos de Alimentos, el Consumers Good Forum y el World Resources Institute.

Esta plataforma de socios, inaugurada en octubre de 2018 durante el Día Mundial de la Alimentación, cuenta con cuatro pilares fundamentales: innovación, política públicas, conocimiento y comportamiento. Mediante los mismos se buscará promover políticas públicas que generen incentivos para reducir el desperdicio, aplicar nuevas tecnologías para disminuir la pérdida de alimentos, desarrollar estudios y análisis, e impulsar un cambio radical en el comportamiento de todos los actores en la cadena.

Actualmente se está diseñando y ejecutando las primeras actividades de la plataforma, que servirá como base para ejecutar planes y acciones piloto en México, Colombia y Argentina a partir de febrero de 2019, y que serán exportados a otros países de la región hasta 2021. Los proyectos trabajarán mano a mano junto a los bancos de alimentos y empresas, como también en coordinación con los gobiernos locales y nacionales. 

 

 

¿Reciclado y recuperación de alimentos?

Sí, se puede. Y existe. El reciclaje de alimentos desperdiciados también puede ser una alternativa eficiente para reducir la cantidad de comida que termina sin consumir. 

Iniciativas como producir cerveza a partir de pan duro o añejo, transformar restos de caña de azúcar en textiles, o comercializar jugos hechos a partir de frutas imperfectas —que usualmente terminarían en la basura— han propulsado la aparición de emprendimientos que están aportando a las economías locales en países como Estados Unidos o el Reino Unido.  

Estas industrias no solo ayudan a reducir la cantidad de comida y alimentos desperdiciados, sino que también impulsan las economías locales, generan empleos y catalizan la aparición de economías creativas.

¿Crees que podría funcionar en América Latina y el Caribe? Revisa más de #SinDesperdicio y sobre cómo podemos aportar a reducir las pérdidas de alimentos en la región aquí.