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Existe un rastro de resina de pino en la tinta de muchos de nuestros bolígrafos, en los colores de las paredes de casa, en muchos de nuestros perfumes, medicinas, ropas, jabones y hasta gomas de mascar. Todos estos productos la emplean en una u otra medida entre sus ingredientes, y aunque desconocidas para el gran público, las resinas pineras son un ingrediente esencial de nuestro cotidiano que por siglos ha acompañando el desarrollo de la humanidad. 
 
Entre las comunidades productoras de resinas de pino con destino industrial destaca Ejido Verde en México, una empresa formada a modo alianza productiva que ha recibido apoyo de BID Invest, el brazo del sector privado del BID, para mejorar y expandir la producción de resina a la vez que promueve la adaptación y mitigación al cambio climático. Este enfoque en la preservación le valió a Ejido Verde ser reconocido con el primer lugar en los Energy Globe Awards 2016, galardón que destaca proyectos de conservación de recursos naturales y en el que también participa Naciones Unidas.
 
El éxito de Ejido Verde se construye sobre su implementación de proyectos de reforestación para la explotación sostenible de pinos resineros destinados a la extracción de resina. Gracias al apoyo de BID Invest, la empresa cuenta con  financiamiento para la plantación y el mantenimiento de 1.250 hectáreas de pino resinero. Esta operación se enmarca en el ambicioso plan de Ejido Verde de crecer la plantación hasta 12.000 hectáreas. Todo esto ocurre en el corazón de la producción resinera de México: el estado de Michoacán, el cual representa entre 90 y 95% de la resina producida en el país, que se calcula en 24 mil toneladas anuales.
 

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La iniciativa beneficia a ejidatarios como Antonio Hernández, quien a sus 39 años no solo es un trabajador de la tierra, sino maestro de escuela y escultor, y ostenta la función de presidente del comisariado de bienes comunales de la Comunidad Indígena de Patamban, municipio de Tangancícuaro, Michoacán. Hernández pertenece a la etnia purépecha, oriunda principalmente de ese estado, quien se dedica con maestría ancestral al cuidado de la tierra. A ello debe su saber de los periodos de producción más altos de pino, entre julio y setiembre de cada año. Por ello, también, aún en los periodos de baja producción vigila la recurrencia de los incendios forestales en la zona.
 
“Nuestra labor consiste en el cajeteo ‒limpieza del arbolito creando un perímetro de 1 m de ancho alrededor de este‒, la fertilización y la remoción de hierba”, explica Hernández. Si bien el predio donde labora emplea unos 80 trabajadores divididos en cuadrillas, el total de los trabajadores de Ejido Verde alcanza a unos mil. “Nos gusta pensar que trabajamos encontrando un balance entre el beneficio de la naturaleza y el bienestar económico, que por supuesto es un factor importante”.
 
Ejido Verde promueve la adaptación y mitigación al cambio climático y espera capturar 25.375 toneladas de carbono anuales. Estos esfuerzos resultan fundamentales en un país en el cual, tan solo de 1990 a 2015, la generación de gases de efecto invernadero aumentó  un 54%, bajo una tasa de crecimiento promedio anual de 1.7%, según datos del gobierno mexicano.  Su modelo de negocio combina la reforestación a escala comercial de las tierras degradadas con la creación de una fuente recurrente de ingresos para las comunidades indígenas y ejidos que trabajan las tierras comunales. Y he aquí parte del desafío de financiar plantaciones pineras: con el tiempo que toma plantar y tener los pinos listos para ser explotados, el producto final se ve, como mínimo, después de 8 años. Es, en esencia, una empresa que exige trabajar con el futuro en mente.

 

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“El financiamiento lo hacemos a través de dos empresas de la industria resinera”, explica Pilar Carvajo, oficial de inversiones del equipo de financiamiento mixto de BID Invest. Estas dos empresas, Pinosa SRL de CV y Resinas Sintéticas SA de CV, fueron impulsoras del proyecto Ejido Verde desde sus inicios en 2009, y hoy se encargan de transformar la resina en productos derivados. Los ejidatarios venden la resina a Pinosa que es el primer escalón en la cadena de producción; Pinosa transforma esa resina en brea y aguarrás.
 
El aguarrás se vende en el mercado local, y la brea, un commodity con un mercado global de alrededor de 10 mil millones de dólares se vende en su mayor parte a Resinas Sintéticas, que la transforma a su vez en productos químicos derivados, con múltiples aplicaciones presentes en nuestro día a día.
 
La financiación, pactada para un total de 14 años, se ha estructurado como un préstamo senior a 10 años de medio millón de dólares y un préstamo subordinado a 14 años de un millón y medio de dólares. En total, la financiación alcanza los 2 millones de dólares. La transacción se cerró en 2019 y representa un modelo innovador.
 
“Esta transacción es única dentro de BID Invest”, dice Carvajo. “Financiar proyectos de reforestación con un modelo de negocio comercial, ofreciendo financiación a un actor privado que busca escalar el modelo trabajando con comunidades indígenas, no tiene precedentes. Nuestro apoyo quiere demostrar que se pueden apoyar proyectos de reforestación con estructuras innovadoras que respeten los plazos de producción de las nuevas plantaciones”.
 
Para Shaun Paul, gerente general de Ejido Verde, uno de los grandes pendientes es concientizar a la gente de la importancia de la extracción de resinas. “Además de los productos que ya se conocen se siguen desarrollando otros nuevos como botellas de plástico biodegradable, combustibles alternativos a los derivados de petróleo, reemplazos u opciones de nuevos medicamentos”. “Todos aquí en Ejido Verde se encuentran muy motivados”, dice. “Es fácil ver los beneficios que estamos generando”.
 
Paul no puede estar más orgulloso de los logros y los planes de crecimiento de Ejido Verde. Partiendo de inicios en los que Ejido Verde se financiaba con recursos propios como un piloto, la relación con el Grupo BID, que comenzó hace muchos años cuando BID Invest todavía no existía, ahora culmina en una primera fase en la evolución de Ejido Verde. Hoy en día esta empresa ha pasado de ser un proyecto de los actores de la industria a una realidad que cambia el uso de las tierras ejidales y ofrece una fuente de ingresos sostenible a largo plazo a sus trabajadores.

 

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